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Hasta ahora solo se ha escogido al español Josep Borrell para que lidere la nueva diplomacia europea, pero falta que el Parlamento de la UE lo ratifique. Ello comporta dos aspectos importantes: los retos de la agenda pendiente y la firme disposición del nuevo titular de la diplomacia europea.

Mi punto. Josep Borrell, al asumir la agenda de la diplomacia continental, sin dudas, dejará su fuerte impronta. Y aunque ya  se sabe cuál será su ruta en algunos temas, el ingeniero-economista y hoy eurodiplomático, será más duro y contundente con las dictaduras paleo-izquierdistas de América Latina. ¿Qué es previsible? Washington encontrará ―en estos asuntos oeste-hemisféricos― mucho apoyo y amplias coincidencias para impulsar y aplicar una diplomacia multilateral de sanciones in crescendo y golpes enfocados. Los regímenes de La Habana, Caracas y Managua deberían preocuparse

Parece mentira, pero la diplomacia europea en manos de los socialistas (Borrell es un miembro activo de PSOE), es más contundente contra las dictaduras. Paralelo a ello, siempre es  compasiva con los asuntos humanitarios, que cuando está en manos de diplomáticos más conservadores.

Paréntesis. [(1) Por otro lado, si el señor Borrell es confirmado va a representar una gran victoria internacional para la diplomacia de un gobierno que no está consolidado. La política española está pasando por un período de incertidumbres. Ya que, a pesar de haber ganado Pedro Sánchez (del PSOE) las recientes elecciones españolas, él aún no ha podido armar un gobierno con mayoría avasalladora. Aunque el PSOE la tenga simple, no las tiene todas cuando se trata de consolidarse dentro del Parlamento. Se sentiría mucho mejor si pudiere hacer un gobierno de alianzas o coalición.    

(2) Pero además, representa un éxito internacional para la imagen de Pedro Sánchez. Él ha demostrado ser más asertivo y negociador que sus pares antecesores: Rodríguez Zapatero (otro socialista) y Mariano Rajoy (conservador del Partido Popular). ¿Qué hizo la diferencia en este logro? Las habilidades lingüísticas de Sánchez, que sí se desenvuelve muy bien en inglés, francés e italiano. Ello le permite negociar directamente con sus interlocutores. Así, España ahora tiene voz en el ruedo de la UE].

Retomando la agenda de la UE, esta no está exenta de innumerables crisis, problemas crecientes o conflictos en todos los continentes.

Y cuando Josep Borrell trate de manejarse con la jefa del Ejecutivo de la Unión, deberá hilar fino. La señora Úrsula Von der Leyen es una alemana tradicional. Ahí podría haber algunas fricciones, sin dudas.

Pero el asunto acá es que cuando los dos miren hacia América Latina ―una conservadora y una socialdemócrata― tendrán una coincidencia plena. El respeto a los derechos humanos y la observancia de la democracia occidental son condiciones insoslayables para la Unión Europea.

En particular, la situación de Venezuela ―donde ya nos acostumbramos a dos gobiernos― es, sin dudas, punto en común para Washington y Bruselas. Ahí podrán impulsar políticas de presión y acciones bien enfocadas. Ese patrón se podría repetir, como ya había ocurrido en el siglo pasado en varios países de Latinoamérica.  

En ese asunto no es solo ver lo que ambas potencias occidentales podrían hacer juntas, muy a pesar de que Rusia y China estén involucradas. Más bien, prever qué podrían hacer los gobiernos dictatoriales que ―aunque tengan una coincidencia ideológica y planes de aferramiento parecidos. Estos reaccionan de manera distinta ante los golpes de la presión internacional. Indudablemente, estos les aturden al enfocarse en el liderazgo de los que sustentan a esos regímenes.

Por otro lado, en unos meses, para bien o mal, Gran Bretaña habrá salido de la Unión Europea. Ello dejará a Londres con las manos más libres y una mejor disposición para que los conservadores de Downing 10 street asuman posturas más coincidentes con Washington. Así, los Estados Unidos tendrá dos aliados contundentes para impulsar todas sus políticas en esta región: la UE y Gran Bretaña.

No olvidemos algo, el ir y venir y largas negociaciones del brexit no permitieron que Londres se centrara en una gran variedad de asuntos globales. En unos meses sí habrá más disposición para enfocarse en temas como el de Venezuela, con el que Gran Bretaña tendría más interés.

En Venezuela, en particular, sí hay dos gobiernos en función, ¿será este escenario de larga permanencia?

No lo creo.

Uno de ellos caerá. Y será por la presión conjunta de Bruselas y Washington.

Tal vez el diálogo con Europa será más claro y directo. Pero el tono del lenguaje y las acciones irán en detrimento de estos regímenes opresivos.