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El diputado Wálmaro Gutiérrez declaró a periodistas que podrían revisarse las exoneraciones a la diversidad de empresas privadas beneficiadas, medios de comunicación social incluidos, para saber si por esta vía se puede aliviar el brutal déficit presupuestario.

El legislador, citado por EL NUEVO DIARIO (3 de junio de 2009), dijo: “Es lamentable que las exoneraciones se miren como un mecanismo para garantizar un negocio, cosa que no debería ser. Las exoneraciones lo que permiten es reducir los costos para hacer que el periódico le llegue a un precio accesible al pueblo de Nicaragua, sin embargo, lo que vimos esta semana es que los periódicos ya no cuestan cinco córdobas, sino siete córdobas”.

Lo dicho por el Presidente de la Comisión Económica de la Asamblea Nacional pareciera justo. Las exoneraciones no deberían ser eternas y quien más ingresa, más debería tributar. O si nos atenemos al pensamiento de un izquierdista ortodoxo, “de cada cual según su capacidad” para luego atender aquello de “a cada cual según sus necesidades”.

En la práctica está ocurriendo lo contrario. Nicaragua cuenta con un régimen tributario que castiga a la clase trabajadora y premia al 5 % de la población más pudiente. Castiga, entre otras, la necesidad de informarse, y parece que este asunto no sufrirá modificaciones hasta el final del actual gobierno.

El presidente Ortega dijo que continuará el actual régimen fiscal regresivo, al menos dos años más, para “hacer una buena discusión y buscar un consenso y una concertación tributaria (…) Con esto se están creando las condiciones para continuar estimulando a los productores nicaragüenses, ya que ellos tienen que estar seguro de que no hay riesgo ni amenaza de ninguna carga tributaria”.

Robin Hood patas arriba

Veamos, el Gobierno necesita dinero desesperadamente para cerrar el enorme bache presupuestario. El Ministro de Hacienda Alberto Guevara acaba de anunciar que la Asamblea Nacional tendrá que reformar el prepuesto 2009, puesto que el déficit será todavía más grande de lo pensado y la economía sólo crecería 0.5 %. Adicionalmente, una parte de la cooperación internacional sigue en veremos.

¿Dónde una persona con sentido común y sentido de justicia buscaría dinero en Nicaragua? ¡Pues entre quienes lo tienen! Pero no, acá el dinero se lo sacarán de la boca a una población que apenas tiene dos dólares o menos para el día de hoy, a quienes tienen una pulpería, un tramo en el mercado, una parcela de granos básicos, una tiendita, a las amas de casa, a quienes no tienen empleo, a los empleados del Estado.

¿Por qué un gobierno que se califica de Izquierda (es decir, con sentido de justicia) haría todo lo contrario del mítico Robin Hood? ¿Por qué no cobra el Impuesto sobre la Renta que nuestros banqueros privados no han pagado por años y años? ¿Por qué no manda al Procurador de Justicia, el honorable doctor Hernán Estrada, a que haga efectivas las multimillonarias glosas que todavía no pagan todas aquellas personalidades que han afectado el erario en administraciones anteriores? ¿Por qué no recupera los cientos de millones robados por ex funcionarios?
El blanco parecen ser las exoneraciones, donde también hay mucho dinero que podría ingresar a las arcas. Pero luego de las alianzas que el Poder Ejecutivo ha realizado con el Cosep (al que hasta ha denominado el mejor CPC del Gobierno (¡que no del FSLN!), el Grupo Pellas (ver el insólito comportamiento, cual hijos de casa, de tres uniones sindicales a favor del patrón), Unión Fenosa (CPC del FSLN cobrando facturas entre clientes con mora) y otros más; al diputado Gutiérrez le resulta más fácil indicar que los medios de comunicación no debieran gozar la exoneración que la Constitución Política indica en su artículo 68.

Los medios de comunicación social, entre otras razones, existen para contribuir al acervo cultural, social y político de una nación. Por eso en países civilizados los gobiernos desarrollan políticas para que la mayor cantidad de gente posible, sobre todo la más joven, consuma medios de comunicación. Más si son impresos. Es decir, hacen cosas parecidas a las que hacen nuestros gobiernos para que el costo de la tarifa de buses no continúe aumentando.

A contrapelo de Lenin

Los medios de comunicación, sean afines o no al gobierno de turno, forman parte de la identidad de la nación. Son la historia diaria del país. Hacen, para bien o para mal, la crónica cotidiana de nuestra sociedad. Los medios son, además, la tribuna por excelencia donde ahora se discuten los temas públicos. En nuestro caso son, también, uno de los pocos espacios para el esparcimiento sin riesgo de ser víctimas de la creciente delincuencia. Lo menos que debería de hacer un gobierno, sobre todo si es de Izquierda, es dejar de pensar los medios como empresas dedicadas exclusivamente al lucro y pensarlas como entidades intrínsecamente culturales; es decir, pedagógicas.

Hace tres décadas Hans Magnus Enzensberger criticaba a la Izquierda por no haber desarrollado pensamiento teórico sobre los medios de comunicación social y las comunicaciones, a pesar de haber sido Lenin quien postulara la pregunta básica para ello en su ensayo ¿Qué hacer?, en el que el líder revolucionario postulaba la necesidad de aprovechar la prensa (Pravda) para legitimar el discurso bolchevique.

En Nicaragua, plantean distintos voceros del partido del gobierno, el mundo de los medios se divide en dos (pensamiento maniqueo): los nuestros (comunicación incontaminada de la evolución de la revolución) y los otros (los voceros de la Derecha o de la Oligarquía). Siendo así, estos otros medios no son los medios. Estos medios serían el instrumento contrario a la evolución de la revolución. La contrarrevolución.

Eso explicaría el discurso fiscal de semanas recientes y de tiempos anteriores (Ley Arce). También, la posición que ha mantenido el Presidente desde que definió a los otros medios como “Hijos de Goebbels” (manipuladores sistemáticos de la realidad). Y, por supuesto, la férrea centralización del presupuesto del Estado en el Consejo de Comunicación y Ciudadanía, que lo administra bajo la lógica “premio y castigo”. A la contrarrevolución hay que cercarla.

De tal manera que el problema de fondo no es que los diarios cuesten ahora dos córdobas más, sino entender por qué el ilustrado diputado Gutiérrez metió en el mismo saco a los medios con todas las otras empresas privadas – a sabiendas de las enormes diferencias que existen --, y por qué los gobernantes castigan con su discurso y decisiones financieras a los otros medios, lo que equivale a castigar la necesidad de información (aunque sea contaminada) de millares de nicaragüenses.