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La crisis política, social y económica de Nicaragua solo puede solucionarse con un cambio de gobierno que podría ser posible solo de forma pacífica y constitucional, mediante elecciones libres con observación internacional, ya sea en el 2021 o adelantadas mediante una reforma parcial a la Constitución. No existe otra manera.

Acciones militares de Estados Unidos están descartadas. El presidente y el Congreso estadounidenses no las aprobarían, simplemente porque no las aprobarían la mayoría de sus electores; intervenciones militares se dan solo cuando los votantes lo ven imprescindible para su seguridad nacional. No es el caso de Nicaragua.

Una rebelión armada tampoco es posible porque ningún país suministraría armas. Si el gobierno de Estados Unidos lo intentara el presidente podría ser objeto de un juicio por el Congreso. Pero, además, necesitarían una base para entrenamiento en otro país, lo cual prohíbe el Derecho Internacional, la Carta de la OEA y las leyes internas de cada país mientras no haya una guerra declarada. Eso está descartado.

El caso del FSLN contra Somoza fue diferente pues los sandinistas tenían entrenamiento y respaldo del comunismo internacional; y por la ingenuidad de Jimmy Carter y de varios gobiernos latinoamericanos que apoyaron al FSLN como si estos fueran socialdemócratas y no comunistas. El caso de los “contras” también fue diferente porque contaron con ex Guardias Nacionales que tenían entrenamiento, y existía la “guerra fría” entre Estados Unidos y la Unión Soviética disputándose también Centro América. HoyRusia no es la URSS. El mundo ha cambiado.

Los tranques, protestas y paros no son efectivos ni se pueden hacer más contra un Gobierno que muestra voluntad y capacidad para reprimirlos. Algunos hablan de la Carta Democrática o de un posible caos que provoque la renuncia de Daniel Ortega y establecer un Gobierno Provisional. Pero, en la década de los 80 el país vivió un caos, la catástrofe económica más grande de nuestra historia. La producción, las exportaciones y las importaciones estaban casi en cero; todo estaba racionado, la inflación galopante, el córdoba no valía casi nada. Todo paralizado, trancado y en paro durante diez años, y además con una feroz guerra civil. Y Daniel Ortega no renunció. ¿Por qué renunciaría ahora?

Sin embargo, las sanciones económicas dirigidas individualmente contra su familia y principales colaboradores, las amenazas de más sanciones, razones de edad y salud (cumplirá 74 años de una vida dura), tener “al mundo encima”, el futuro de su familia, el legado histórico que —supongo— quisiera dejar en Nicaragua (no como quien gobernaba mientras se arruinaba el país, sino como quien prefirió entregar el gobierno democráticamente), la sobrevivencia del FSLN como fuerza política (aunque sea en la oposición) y un ejército que quisiera mantenerse sin recibir sanciones, son factores que se suman para que Daniel Ortega acepte las reformas electorales que proponga la OEA y tengamos elecciones libres, que de perderlas se iría en paz y tranquilidad, con su familia, a su casa del Carmen (condición no negociable que ha expresado a algunos emisarios estadounidenses para que se den estas elecciones).

Pero, ¿es seguro que las perdería? Hay una estrategia electoral que Daniel Ortega viene trabajando. La ley del perdón, las comisiones de reconciliación, la asistencia a las víctimas, las disertaciones de Rosario Murillo sobre estos temas, etc., no son para reconciliarse con toda la oposición, sino para recuperar a los militantes y simpatizantes del FSLN que se le fueron. ¿No estuvieron Nicho Marenco y Aminta Granera en el Repliegue? Incluso, si tuvieran certeza de que él y Rosario Murillo perderían, ¿acaso no podrían poner a otros candidatos —como los citados Marenco y Granera— en una fórmula por la cual votaría todo el sandinismo, incluso muchos del MRS?

Mientras tanto la oposición está dormida, perdiendo el tiempo, dividida y destrozándose entre los diferentes sectores. ¡Cuidado! El MRS apuesta por la “Unidad Azul y Blanco” (UNAB) que ellos dominan. Pero los empresarios, los partidos y la mayoría del pueblo (que no tiene partido) le temen al MRS. ¿Quién quiere repetir aquello de que “después de Somoza, cualquier cosa” o “caer de guate-mala a guate-peor”? Por eso, urge que los opositores demócratas y la empresa privada empiecen a trabajar en una verdadera unidad nacional opositora para las elecciones, sin exclusiones, y que la Alianza Cívica regrese al diálogo cuanto antes, a negociar con la OEA el tema electoral.

Objetivamente, esta es la realidad. Pensemos con la razón y no con las emociones. El que quiera ver otra cosa se engaña porque quiere.