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El presidente turco Recep Tayyip Erdogan ya recibió el primer envío que Rusia le hiciera de los cohetes S-400. Esa compra (o más bien una desafiante movida político-estratégica del Gobierno turco) generará muchas reverberaciones en todas partes; pero, principalmente, en la OTAN.

¿Qué implica que un miembro de la OTAN le compre armas al adversario ruso?

Mi punto. Esta fue una movida política-militar de inspiración moscovita. Le está vendiendo armas a un aliado de su adversario. La OTAN reaccionará airada, porque Turquía está jugando con fuego. En Ankara se argumenta, entre otras cosas, que si Grecia tiene los S-300, ¿por qué ellos no deberían tener los S-400? Pero hay algo más, Erdogan ―un dictadorzuelo con el que Rusia quisiera amistarse― le está dando una puñalada lumbar a Washington. Ello deja un mal precedente. Y Putin se está aprovechando de los descontentos entre los socios de Occidente para meter cuñas.

Ciertamente, las relaciones internacionales siguen atravesando por períodos de desajustes y rupturas. Esto es más visible en Asia, donde las nuevas potencias de la configuración global están moviéndose con prisa, aprovechando tantas crisis que desconciertan a todos.

Lo habíamos dicho en un escrito anterior. Si Washington le dio cabida a Erdogan ―sabiéndose bien que era un dictador que encarcelaba periodistas y reprimía a disidentes― no se podía esperar mucho de él. Mala elección.

Y todo ello fue más evidente cuando le quisieron dar un golpe de Estado al propio Erdogan. El supuesto jefe intelectual del complot residía en Estados Unidos. Y a la petición de Erdogan para extraditarlo, la Casa Blanca se negó a hacerlo.

Por otro lado, con el conflicto en Siria, los kurdos que ahí pelean, con el interés no oculto de ―eventualmente, construir un Estado Kurdo― reciben manifiesto apoyo de Washington. Esa es otra espina dolorosa que Erdogan siente hasta en sus huesos.

Hay más cosas interesantes en todo esto. La democracia no es un aperitivo que degusten como práctica los mandamases del Oriente. Eso se ve bien en el menú. Y, al igual, que ya lo hacen abiertamente en Rusia y China, Erdogan ha tramado y dirigido todo para que el aparatado gubernamental que supervisa las elecciones, le permita a él seguir en el cargo, a pesar de los principios de pluralismo o alternancia en el poder.

Turquía es una potencia mediana. La economía numero 21; y el ejército número 15, en cuanto al poder global ―por encima del de India y está ubicado estratégicamente entre Europa y Asia, y cerquísima del África.

Tanto como eso o más, es un país puerta-de-entrada o paso obligatorio, no solo geográfico, sino cultural. Además, que los ciudadanos turcos ya han ido aumentando como población minoritaria en países líderes europeos: Alemania, Francia, Holanda.

Desde cualquier perspectiva, Turquía es una nación importante, una potencia regional creciente. Tiene un pasado imperial, que todos los historiadores evocan para que los generales arenguen.

En otras palabras, Turquía no puede ser desdeñada ni descartada. Y Rusia ―sabiendo que Ankara se columpia entre el este y el oeste― se acerca a su balcón para cortejarle. En el Kremlin, los cortejos no son coqueteos melosos entre pretendientes enamorados. No. Son ofrecimientos de armamentos. Y después de estos, vienen mayores compras, luego las asesorías militares. Y la narrativa del transfuguismo concluye con una alianza militar. Todo precedente crea desencadenamientos. ¿Habrá otras crisis al seno de la OTAN? Es probable.

Dicho con otras palabras: lo que Erdogan acaba de hacer no es una movida turca. Es una movida kremliniana. Quien ahora maneja los hilos es un nuevo zar.

Eso ya no gusta en Washington, Bruselas, Atenas. Mucho menos en Jerusalén.

¿Erdogan busca que le sancionen para así encontrar una justificación y acercarse más a los adversarios de Occidente?

La venta de armamentos de Rusia a Turquía no comienza ni termina ahí. Ya se han hecho entregas a China, Siria, India. Y tengo entendido que hay otros países de mediano poderío, mirando los lustrosos catálogos de armas.

Si Turquía sigue armándose con municiones fuera de la OTAN podrían acontecer peores eventos.

El liderazgo de la Otan se ha debilitado porque, en parte, se ha faltado al respeto a los socios. Además, Turquía ve que el gato está imbuido en sus trapos sucios; aprovecha para rebelarse y arguye: no le han respaldado como debería ser, con un socio de su valía.

Algo más. El vendedor de cerbatanas y pócimas siempre merodea, viendo quién está mal, cuando se pueda urdir una felonía o cismas mayores se vislumbren.