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Según la legendaria periodista norteamericana Helen Thomas, los periodistas están llamados a ser los perros guardianes de la democracia, pero a veces actúan como los perros falderos del poder. Cualquiera tiene derecho a ganarse la vida, pero cuando su manera de vivir atenta contra nuestra propia libertad, entonces es un imperativo moral denunciarlo. Hablo de un periodismo que no respeta la verdad y se afilia con la mentira. Hablo de defender la democracia, no una ideología en particular. Las ideologías al fin y al cabo sólo catástrofes, matanzas y atraso le han traído al pueblo nicaragüense.

Hay un reportero que con frecuencia se ufana de ser “el número uno” de la televisión y califica de ofensivas las declaraciones de sus entrevistados cuando éstos critican la incompetencia o la corrupción de reconocidas figuras del pacto. En su aburrido programa de entrevistas, el reportero cuyo nombre pareciera un abuso de comunismo, calificaba de irrespetuosa la protesta juvenil que sugestivamente depositó cabezas porcinas en el Consejo Supremo Electoral. Su hosca actitud frente a uno de los jóvenes contrasta con su meliflua actuación frente a los corruptos y poderosos.

Un periodismo flácido y adulón suele empañar la verdad y casi siempre tiene el corazón de hielo frente a los reclamos del pueblo. Es una vitamina para la impunidad y un inhibidor de la justicia. Un periodista que celebra onomásticos, bautizos, nacimientos, cumpleaños, mascotas y cualquier otra vanalidad relacionada con Arnoldo Alemán, está autoinhibido de preguntarle sobre su mal habida fortuna. Lo mismo a otros embaucadores políticos que gustan de las lisonjas televisivas. Tampoco encuentra ofensa en las inexplicables fortunas de estos personajes que contrastan odiosamente con la miseria del pueblo.

Recuerdo que el reportero antes mencionado preguntó a Carlos Mejía porqué permitía que el FSLN usara su canción: El pueblo unido jamás será vencido. En aquella ocasión Mejía Godoy le explicó con cortesía, que el tema no era de él, sino de un grupo chileno llamado Quilapayún. La anécdota que reflejó la competencia intelectual del “número uno”, me recordó la de una adolescente norteamericana que portaba en su camiseta la imagen del Che, y que creía que el personaje de la boina era una famosa estrella del rock en español.

Para la señora Thomas, el mismo periodismo que descubrió el Watergate de Nixon o el Irán-contras de Reagan, le falló al pueblo norteamericano con la guerra de Irak. En 2006 la octogenaria periodista disparó una de sus célebres preguntas que hasta hoy sigue sin respuesta, ella le preguntó a Bush: Su decisión de invadir Irak ha causado la muerte de miles de norteamericanos e iraquíes. Se ha comprobado que sus razones fueron falsas. Entonces, ¿por qué realmente usted inició esta guerra? Como única respuesta el cowboy de Texas la envió a la última fila de las conferencias de prensa en la Casa Blanca.

¿Existe ese periodismo duro, escéptico e irreverente en Nicaragua? Desgraciadamente no abunda pero el poco que tenemos es una esperanza para intentar preservar la democracia, la libertad y la justicia. “Sin un pueblo informado es imposible vivir en democracia”. Claro, doña Helen y sus colegas corren menos riesgo de que un mal día, un asesino los acribille a tiros frente al país entero y además luego sea puesto en libertad. Allá la disuasión del poder y la corrupción ahora suelen ser más sutiles, como ella misma dice, la verdad se tomó unas vacaciones por el miedo a perder el empleo o para evitar parecer antipatriótico después del 9/11.

De ahí que en Nicaragua cada quien sepa a qué atenerse a la hora de levantar su voz contra la corrupción y el autoritarismo. La libertad del asesino del periodista Carlos Guadamuz continúa abofeteando diariamente la hipocresía oficial. “Cada quien es dueño de su propio miedo”, dijo Pedro Joaquín Chamorro, a sabiendas que la dictadura somocista lo podía asesinar. Cada vez que pienso en su ejemplo se multiplica mi admiración por su heroísmo. Él pudo haber disfrutado junto a su familia de una vida plena, llena de comodidades, porque era un hombre rico y talentoso, pero escogió arriesgarse a luchar por la justicia, igual que Sandino, Allende o cualquier otro héroe universal.

Recientemente, Carlos Fernando Chamorro, su hijo, recibió un premio en España por su labor periodística y su resistencia a la feroz y siniestra represión orteguista, Carlos Fernando nunca se vanagloria de ser el número uno y ha tenido también el valor de reconocer su autocensura cuando dirigió la sumisa Barricada durante la época revolucionaria. Su buen ejemplo puede animarnos a luchar unidos por la democracia del país, se lo debemos a su padre que murió por ella y además nos dijo que mientras haya un espacio hay que denunciar “a los inmorales, especialmente cuando trafican con la necesidad social de los más pobres. Esa es la razón principal de nuestra existencia, como hombres, como periodistas y como ciudadanos”.