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No hay duda que la especie humana es la única capaz de tropezar dos y más veces con la misma piedra. La especie viviente que puede pensar, sentir y hablar, volviéndola superior al resto de especies existentes en el mundo. La ciencia no ha podido demostrar con evidencia qué otras especies también poseen esas cualidades. El razonamiento empírico, sin embargo, demuestra que esa posibilidad existe. Los animales viven mejor organizados que los humanos. La selección natural de las especies es el mejor modelo del fenómeno de apoptosis: Que mueran quienes cumplieron su vida útil o ciclo vital, y que sigan viviendo y naciendo los que deben reemplazarlos. ¿Entre ellos, quiénes son los verdaderos responsables del cambio climático? ¿Quiénes destruyen las cimientes de los continentes para extraer petróleo (fracking) y los dejan flotando para que los arrasen los huracanes y terremotos? ¿Quiénes son los responsables que el 20% de la humanidad padezca hambre y muera por ello? ¿Quiénes fomentan acciones que producen enfermedades, muertes y discapacidades? ¿Quiénes permiten que sigan en la oscuridad del saber muchos millones para seguirlos usando de esclavos? La misma especie humana. No toda. Los pequeños grupos élites y privilegiados que disfrutan la vida a costa del sufrimiento de otros. Los mismos que reciben pergaminos y reconocimientos a cada momento por saber cómo alcanzar éxitos no importando la estela de daño que dejan a su paso. Sus generosas ofrendas sirven de bulas para limpiar toda mancha. RSE le llaman.

En materia de salud, los sistemas mundiales y nacionales están hechos a la medida de quienes dirigen este campo de los derechos humanos. Sistemas sanitarios para enfermar más que para curar o prevenir. Hacer crónicos los procesos es más rentable y genera más utilidades que educar, sensibilizar, prevenir y fomentar conductas sanitarias. Sin embargo, es más tedioso. Comparación oportuna es la de las cesáreas versus los partos naturales, mencionado hace poco en este mismo medio de comunicación. Es más fácil, menos agotador y más lucrativo decidir por una cesárea que por un trabajo de parto (una hora versus 4-6- 8 horas de trabajo) (3-6-8 veces más ingresos con la primera que con la segunda).

En el campo de la salud mental o neurológica, cuánta responsabilidad existe de parte de la sociedad (los que fomentan estas aberraciones y de los que la consumimos) para la aparición de procesos neurodegenerativos mortales o incapacitantes. Síndromes orgánico-cerebrales, párkinson, demencias, discapacidades diversas, etc., que son provocados por traumas agudos y crónicos evitables.

Boxeo, artes marciales mixtas, futbol americano, lucha libre, entre otros seudodeportes que son capaces de provocar lesiones de manera crónica y gradual a quienes las practican, culminando en enfermedades terminales e incurables. Los costos al presupuesto social merecen análisis por separado, de parte de otras personas conocedoras de este campo. ¿Cuánto cuesta atender a un paciente en sala general, intensiva y de rehabilitación? ¿Quién asume esos gastos? Casi siempre, el presupuesto público. Fondos que serían más justos su uso en educación, salud pública y hasta ocio del sano para la niñez y adolescencia.

Para justificar estas preocupaciones sería oportuno que los estudiosos de las enfermedades generadas por estas prácticas insanas (biólogos moleculares, internistas, neurólogos, sicólogos, siquiatras, etc.) empiecen a hacer estudios en las personas involucradas (victimas) para tener evidencia científica de lo aquí planteado y lo aporten a los tomadores de decisión para generar leyes que fomenten vida y eviten muertes y discapacidades, independientemente a quienes no les convengan. Al mercado cruel y quienes viven de él y sus socios, indudablemente.

La ciencia ha avanzado de tal manera que basta una gota de sangre, una imagen radiológica o un test neurosicológico hecho en 15-20 minutos para identificar a las personas en riesgo y a las ya afectadas.

Prevenir antes que curar.

Salud para todos.

*Médico.