Jorge Eduardo Arellano
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Esta mañana, con la ya prolongada e inexplicable ausencia de Lagartoparado, el de Managua les recordó a los caminantes que el 13 de diciembre les había ofrecido para hoy la “Fábula de las víctimas irredentas”. Resulta que en aquella ocasión Caresol había dicho que somos un pueblo de irredentos, masoquistas y que nos gusta el papel de víctimas, y que de los discípulos de Goebbels acabamos por aceptar como verdad cualquier mentira dicha varias veces. De manera que, vivamente interesados por aquel apasionante tema, en el primer parque que encontraron, los intrigados caminantes se sentaron urgiendo al de Managua para que comenzara de una vez por todas.

“Existe un reino no muy lejano –comenzó el de Managua– donde las víctimas viven a la espera de sus victimarios. Esto lo saben muy bien los soberanos de este reino y la corte que los circunda, ya sea como fieles vasallos disfrazados de ciudadanos; aliados estratégicos que convergen con el proyecto de perpetuidad del rey y la reina; u oposición. El orden de los factores no altera el producto: la Corte de ese reino socialista, que a la saga de sus monarcas día a día complace al pueblo con robos, latrocinios, mentiras y toda clase de atrocidades. Se ha institucionalizado a tal grado esta forma de convivir, que hasta la policía y el ejército están en su lista de futuras víctimas. El pueblo es como un conjunto de zombis con predisposición a la esclavitud, y los jóvenes no parecen alcanzar nunca el uso de razón. Hay quienes dicen que los jóvenes están drogados por el hastío que les producen sus políticos, y otros que se hacen los dormidos pero que ya están tramando un brutal relevo generacional. Sea como sea, el pueblo se despierta ansioso de recibir latigazos, y como los monarcas son muy católicos, si el castigo deja al pueblo en carne viva, recibe en compensación generosas indulgencias plenarias. Los pobres y verdaderos ciudadanos han pasado tantas guerras, penurias, saqueos y catástrofes naturales, que una desgracia más, como el advenimiento de una nueva dictadura, pareciera fortalecer su desidia, inercia, ingenuidad o mansedumbre.”

“Son tan víctimas aquellas víctimas –continuó ante el estupor de sus oyentes– que parecieran no tener redención alguna, máxime cuando los prelados les dicen a las violadas que carguen con su cruz, y la reverendísima figura del cardenal monárquico le apacienta las ovejas a los soberanos. ¿Qué podría venir a hacer Cristo en esta monarquía? Pues si se manifestara como un libertador inmediatamente el Rey lo tildaría de imperialista, la reina de traidor y los Consejos del Poder Ciudadano y los Camisas Azules lo prenderían, lo enchacharían y lo crucificarían. Porque en este reino un Jesús verdadero, corre peligro, pues ya, como el de Sandino, las esferas oficiales diariamente pronuncian su nombre en vano. En fin, son tan víctimas aquellas víctimas que cuando las llaman se van como rebaños tras sus victimarios y si estos fueran de bandos distintos, hasta darían la vida por quienes las acaudillan. Así han sido las guerras en este reino, pues de estas lides sanguinarias y amorales, como de costumbre los victimarios quedan incólumes en busca de nuevas víctimas que reclutar para sus causas, perdidas de antemano en el protagonismo, el nepotismo o el caudillismo, enfermedades que como bien sabemos tienen su origen en el somocismo, esa lepra que contagia hasta el alma de sus portadores, por muy reyes o reinas que sean.”

“Como lo fue la peste negra en épocas remotas, pero peor, ya que el somocismo que se pensó derrotado en 1979, en realidad se inoculó en algunos de sus supuestos exterminadores y hoy portadores. Los supuestos vencedores del somocismo acabaron por ser vencidos por aquella enfermedad de la estirpe sangrienta, y hoy forman otra estirpe engañando al pueblo. Una metamorfosis horrenda y apocalíptica llena de consignas que van desde ¡Patria Libre o Morir!, ¡Dirección Nacional Ordene!, hasta ¡Unidad y Reconciliación!, ¡El pueblo presidente! Un pueblo engañado por un triunfo que se robaron los hoy monarcas y que los transforma en un rebaño dócil rumbo al matadero. Un triunfo desnaturalizado y pintarrajeado grotescamente con colores sicodélicos, emblemas de los monarcas que con ellos han caricaturizado y ensuciado el escudo nacional. Esta es la historia de este reino donde vivimos las víctimas irredentas. Siempre a la espera de un Jesús o un Sandino o de un Pedro Joaquín Chamorro verdaderos. ¿Moraleja? Este año nuevo proponernos incendiar el papel de víctimas que se nos ha impuesto y demostrar, unidos que otra redención es posible.”

luisrochaurtecho@yahoo.com