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Hace años ya que vivimos de emergencia en emergencia en nuestro país. Pasan y luego volvemos como al principio, cual si nada hubiese sucedido. De momento se nos olvidan las miles de dificultades que ellas generan y cada vez empezamos de cero cuando nos enfrentamos de nuevo a una situación extraordinaria. Cuando lo endémico (normal o natural) sale de control y se vuelve epidémico o pandémico (fuera de lo normal nacional o internacional).

¿A quién o quiénes conviene tal desajuste? ¿A quién o a quiénes afecta? La respuesta siempre es la misma. El comercio siempre sale ganando ante cualquier fenómeno, desde el rumor propiamente dicho hasta la situación de desgracia real. Sucedió con el Cólera, con el ántrax con el SARs, y ahora con el Virus puerco, mutante humano. Millones en ganancias de parte de transnacionales, dueñas de patentes de fármacos e insumos necesarios para enfrentarlas. Siguiendo la cadena de producción/ganancias: ganancias excesivas e inescrupulosas de parte de quienes poseen la información y medios para enfrentarlas comerciantes de la salud). Y siempre el afectado es el mismo: el ciudadano, elevado a nación entera cuando los casos son muchos, o cuando las circunstancias del momento son propicias para despejar alguna coyuntura o salir de una situación incómoda, es decir, para provocar distracción.

¿Paranoico?, ¿maquiavélico? Hace tiempo ya que el sabio colombiano, doctor Patarroyo, conoce de la vacuna para controlar la malaria, enfermedad que mata a millones cada año, sobre todo, en los países más pobres, en el continente negro. ¿Por qué no se ha insistido en su producción masiva para utilizarla en esos sitios? ¿Será que no produciría las ganancias del tamiflud, de moda en estos días, o de la ciproxina en tiempos del ántrax? ¿O es que a quienes afecta es a poblaciones socialmente sin derechos, que deben cumplir la premisa darwiniana de selección natural de las especies, sobreviviendo siempre los más fuertes?.

Tantas interrogantes que quedan al vacío; sin respuestas hasta que aparezca alguna conveniencia para alguien, política o económica. O ambas. Cuántas epidemias latentes podemos predecir y prevenir sin ser pitonisos, solamente basados en las evidencias, que es el razonamiento medico lógico y actual. Cegueras y amputaciones, entre otras, por diabetes. Cardiopatías por hipertensión mal controlada. Demencias por mal control de ambas mencionadas anteriormente. Malformaciones congénitas por falta de consejería genética. No es justo que nazca un ser con una enfermedad incompatible con la vida en sociedad (con libertad de movimiento, acción, desarrollo personal, etcétera) cuando se puede evitar con solo una orientación de parte de quien conozca de tales probabilidades.

¿Cuánto cuesta corregir una deformación craneal o de otra parte del cuerpo? ¿Y el daño en calidad de vida de quien lo padece y de sus seres queridos? Lo último no tiene precio. Salvar a un futuro huérfano de padres con SIDA es loable, ¿pero no será más humano evitar la probabilidad de dicha posibilidad?. Debemos insistir en prevenir lo que sea posible prevenir y evitar curar aquello que no tiene que suceder. La sabiduría milenaria china menciona que tiene más mérito el médico que previene que el que cura. ¿Por qué no lo intentamos?