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Sufrimos también otra dictadura. ¡Sí, señor! Un movimiento político que para conseguir imponer sus ideas, sus directrices de conducta y obligar a la oposición a seguir sus dictados, utiliza una dictadura mediática en algunos medios de comunicación, aunque se ejerce principalmente desde las redes sociales, descalificando, difamando y poniendo en entredicho cualquier buen nombre y reputación. Utilizan lo que debería ser un foro abierto de comunicación, un espacio libre y democrático, convirtiéndolo en un ámbito hostil, de precensura y poscensura, dejándonos con poco espacio para debates de altura, constructivos, con argumentación lógica.

A las redes sociales accede cualquiera, con mucha, mediana o poca cultura, y son invadidas por personas a veces con muy pobre e inapropiado lenguaje, muchos usando identidades falsas. La dictadura mediática tiene gente encargada de publicar en las redes sus orientaciones y neutralizar lo que se les oponga. Quienes desean divulgar sus ideas al público o hacer propuestas para un debate serio, se exponen a todo tipo de descalificaciones e insultos del ejército de fanatizados de poca educación al servicio de la dictadura mediática, que se aprovecha de aquellas personas que de buena fe siguen sus dictados, sin razonar debidamente. Muchos están siendo víctimas de la dictadura mediática y actúan bajo su influencia. Algunos creen todo lo que les dice y otros le temen, actuando o dejando de actuar por temor a los ataques de esta dictadura. Quienes ejercen la dictadura mediática crean “dogmas” usando eslóganes que sus activistas mediáticos hacen proliferar en las redes. Así lo vienen haciendo desde la crisis iniciada en abril de 2018, usando sus eslóganes como principios dogmáticos para manipular a la oposición y apoderarse de la dirección de la lucha popular.

Han lanzado eslóganes “dogmáticos” que muchos de buena fe han seguido, como: “¡Nada de partidos políticos!” Pero ellos tienen partido y lo disfrazan presentándose como representantes de la sociedad civil, como ONG o como otras diversas organizaciones. Dijeron: “¡Solo autoconvocados!” Pero ellos son los que realmente convocan. “¡Ninguna bandera más que la azul y blanco!” Pero ellos tienen su bandera escondida tras la azul y blanco. Esos eslóganes suenan bien y lo que dicen no es malo, al contrario, sería excelente si de verdad se aplicaran. Pero no los crearon con buenas intenciones, sino para excluir a otros en beneficio de ellos. Es una manipulación impuesta mediante la dictadura mediática que ha estado dirigiendo la lucha popular contra el gobierno imponiendo sus métodos. El resultado ha sido fracaso tras fracaso. Llenaron de ilusiones y expectativas falsas al pueblo, sabiendo que el resultado sería sangre, cárcel, exilio, dolor y lágrimas.

Cuando los empresarios promovieron el segundo diálogo nacional y hubo pláticas preliminares con el cardenal, el nuncio y el Gobierno para destrabar las cosas que entre ellos y el Gobierno trabaron, inundaron las redes con este eslogan: “No nos representan los curas ni los empresarios”. ¡Claro! Porque ellos no estaban… hasta que usando su dictadura mediática obligaron a incluirlos. Pero, a ellos, ¡nadie los eligió! Por consiguiente, ¡a nadie representan! Pero, las buenas intenciones de los empresarios y opositores de otros signos se frustraron de nuevo, porque la dictadura mediática impuso estrategias que condujeron a otro fracaso.

La única solución para Nicaragua son unas elecciones verdaderamente libres. Cuando se mencionan personas presidenciables prestigiosas, tratan de que “nadie saque la cabeza” (porque no encuentran quién de ellos pueda competirles). Por eso, la dictadura mediática ha decretado que aspirar a ser candidato es ser aprovechado y estar contra los intereses del pueblo. ¡Qué antidemocrática imposición! Cuando se habla de unidad, la dictadura mediática impone quién debe y quién no debe estar en la unidad opositora, como si no hubiese necesidad urgente de la unidad total, y como si ellos estuvieran libres de culpa. Como si ellos fueran opositores “puros” que no fueron antes dirigentes del partido del actual gobierno, ni nunca —después de separados— se hubieran aliado de nuevo entre ellos. ¡Sí lo hicieron!

¡Todos sabemos de quiénes hablamos! ¡Cuidado! Se les ha permitido —por temor a su dictadura mediática— controlar la lucha opositora. Estemos claros que aunque hagan más bulla no son la mayoría; existe “la mayoría silenciosa” que piensa diferente. No permitamos que impidan, arruinen o controlen la total unidad opositora (sin excluirlos a ellos pero tampoco a otros). No permitamos que arruinen la solución electoral con divisionismo; además, mejor hay que negociar unidos las condiciones con la OEA y con el Gobierno para resolver esta situación pacíficamente con elecciones libres.

www.adolfomirandasaenz.blogspot.com