• Managua, Nicaragua |
  • |
  • |
  • Edición Web

El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) acaba de estar en Santiago, Chile. Ahí pronunció un discurso ante la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA). Y dijo que en Latinoamérica hay solo dos dictaduras: la de Cuba y la de Venezuela.

¿Olvidó incluir, el señor Almagro, a Nicaragua y Bolivia? ¿Su speechwriter cometió un error? ¿Con quién quiere quedar bien el diplomático uruguayo?

Mi punto. El señor Luis Almagro es un diplomático que sabe bien lo que dice y lo que hace. Me ha asombrado su emotividad cuando habla; sus discursos son encendidos, duros, apasionados. Es un estilo atípico. No obstante, ha tenido posturas inconstantes frente a Nicaragua y Bolivia. No creo que lo sobornen. Pero sí estoy seguro que hay quienes le aconsejan que deba moverse menos hacia los extremos. Aun así, no debería olvidar informes, estadísticas, y relatos de muchísimas víctimas de las dictaduras.

En el mundo diplomático no siempre lo que se ve o se oye es lo que realmente es. Siempre hay cosas en medio y de fondo. Lo de encima muchas veces se plantea para generar reacciones o intentando plantar una estratagema.

He creído que cuando un diplomático habla, no solo hay que oírlo y verlo. Hay que seguirlo. ¿Dónde va y qué lugares frecuenta? ¿Con quiénes se reúne? ¿De qué conversa? ¿Hacia dónde quiere ir después que se cumpla su término? ¿Quiénes le llaman? ¿De quiénes se rodea?

El diplomático vive en un mundo donde, muchas veces, lo que se ve es algo construido fantasiosamente. Y lo que no se dice es, realmente, lo más cierto. Es un mundo de lucubraciones, favores, cobros, intrigas, chismes, mentiras, cuentos, desinformaciones, manipulaciones. Esto suena inmoral, sucio, perverso. Pero no. Eso es parte de la naturaleza de la lucha por el poder global.

No vivimos en un paraíso terrenal. Tampoco vivimos en el infierno. Pero hay algo o mucho de lo que ambos campos del bien y del mal impulsan para sus propios intereses.

A pesar de ello, un diplomático nunca es calificado como malo. Es hábil o poco diestro.

En una misión diplomática muchos asesoran al embajador. Y estos preguntan, oyen e informan a su cancillería.

Almagro ha sido embajador y canciller de su país. Sabe con quién va a hablar y qué temas le tocarán, mucho antes que sus interlocutores lo sospechen o lo agenden.

Nadie, a su edad y experiencia, luce o aparenta ingenuidad o inocencia. Esas virtudes son dadas para otros oficios que no son materias obligatorias de este negocio de cuestiones amorales. No inmorales.

El diplomático uruguayo conoce bien a cada quien. La diplomacia nunca improvisa. Todo se consulta. Todo se planea, discute y hace con antelación y sumo cuidado.

Sus asesores le informan de los asuntos más críticos, enfocándose en todos los pormenores. Nada queda suelto. Todo detalle es significativo, es importante, es útil hoy, mañana o mucho tiempo después.

Luis Almagro lee bien los informes; hace preguntas; llama a quienes los redactan y firman. Y a partir de lo que se le dice, además, indaga con otras fuentes sobre las consecuencias que ―todo lo escrito, dicho o hecho― tendrían.

En el mundo en el que él vive se contemplan escenarios en los que ―como en un magistral juego de ajedrez― se puedan prever las movidas y reacciones posteriores y últimas del adversario. O, simplemente, de interlocutores o generosos aliados.

Con todo esto quiero decir: Almagro nunca está desinformado. Sabe de todo. Se reúne con todo el espectro político, diplomático, económico, empresarial o social del país que deba visitar. Sabe porque oye y le cuentan.

La diplomacia es una guerra por los medios menos conflictivos, sangrientos y destructivos; pero, paradójicamente, no descarta, el uso de los recursos anteriormente mencionados. Nada se desestima. En la planeación y el cálculo político internacional ―y su medio, la diplomacia― todo cuenta, vale. Todo es posible.

La OEA quedó muy mal cuando se fue el secretario anterior, José Miguel Insulza. No tenía perspectivas. El Castro-chavismo la tenía acosada y arponeada. Era un órgano inoperante, débil, que vivía en una especie de burbuja, mientras veía que todo a su alrededor se hundía.

Llegó Luis Almagro y salió a flote. ¿Por el resquebrajamiento de los países del ALBA?

Hay varios factores. Él tiene mucho mérito.

Almagro no tiene amnesia ni le redactaron mal su discurso. Él sabe dónde está parado y dónde quiere ir. Y viendo que unos y otros están en vilo, le emociona. Él está en control