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Señor presidente: Con su cívico traspaso de la Presidencia en 1990, como correspondía, y la transición democrática a partir de doña Violeta, Nicaragua inició nuevamente un período de paz y reducción de la pobreza y los nicaragüenses poco a poco comenzamos a reconstruir un país para todos, olvidarnos de nuestras rencillas y resolver nuestras diferencias pacíficamente.

Desafortunadamente, estos avances se comenzaron a desmoronar desde abril del año pasado cuando la Policía que usted preside y un grupo minoritario de sus seguidores, con o sin su consentimiento, comenzaron a causar muertes y daños a las familias nicaragüenses.

Señor presidente: Enfatizo en un grupo minoritario de sus seguidores, porque estoy seguro de que la inmensa mayoría de ellos, como el resto de los nicaragüenses, solo quiere vivir en paz y armonía y ganarse honestamente el diario para su familia.

Desafortunadamente, la semana pasada tuvimos tres ejemplos adicionales de las calumnias, intranquilidad, inseguridad y retroceso económico y social, con que el grupo minoritario de sus seguidores y la Policía está llevando al país.

Primero, la difusión de noticias falsas y dañinas contra el grupo Promerica y El Nuevo Diario. Segundo, el asedio y ataque en León de vándalos contra el presidente del Cosep y sus acompañantes. Tercero, el asedio contra el director ejecutivo de la Alianza Cívica y sus acompañantes en Villa Libertad, Managua.

El primer daño lo encabezaron medios oficialistas, supuestamente bajo su control. En el segundo participó activa o pasivamente la Policía que está bajo su control y en el tercero, el asedio fue de la Policía también bajo su control.

Los actos de la semana pasada son una mera continuación de la tragedia que hemos vivido los nicaragüenses desde abril del año pasado. Su propósito es, obviamente, intimidarnos a todos, y en particular a quienes están activamente involucrados en la lucha por una Nicaragua mejor.

Pero hay que tener cuidado. Siempre hay una gota que derrama el vaso. En vez de intimidar, lo que están causando estos actos represivos es un mayor compromiso en la lucha cívica y pacífica por la nación.

Señor presidente: A usted le corresponde velar por la justicia, la paz, el bienestar y la armonía de los nicaragüenses.

Solo usted puede parar esta barbarie de la Policía y de algunos de sus seguidores. Si es con su consentimiento, reflexione y desista por el bien del país, por el que supuestamente luchó en su juventud. Si es sin su consentimiento, no permita que le quiten autoridad como presidente, lleven al país al caos y manchen su nombre.

Señor presidente: En 1990 dejó un país empobrecido, dividido y muy lejano de los ideales que usted proclamó en su juventud.

Respetuosamente, no deje que le pase de nuevo. Todavía está a tiempo.

El autor es nicaragüense.