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Toda iniciativa encaminada a mejorar el uso correcto del idioma debe ser bienvenida. En su afán por contribuir a que el español sea utilizado en forma decorosa, Inés Izquierdo Miller, una cubana que desembarcó en Nicaragua en 1993, decidió juntar en un libro necesario, buena parte de las columnas que los martes publica en La Prensa. Con una vocación pedagógica incubada en las aulas de clases, Inés devela a los conjurados. Defensora oficiosa contra la marejada de las malas traducciones del inglés, deja claro que no se dice aperturar, mucho menos accesar, como repiten fascinados hasta el embeleso, los contaminadores del idioma.

Sus anatemas desprenden caretas y rebasan fronteras. Para Izquierdo Miller la televisión en vez de inculcar el uso correcto de la lengua materna, sacrifica muchas veces la inteligencia, optando por caras bonitas y cabezas huecas. Los latigazos van dirigidos de manera indiscriminada. No alude únicamente a las mujeres que constituyen mayoría. Se refiere a los presentadores en general, que “más bien dan lástima porque no solo profanan el idioma español, sino la cordura e inteligencia de los espectadores, ya que improvisan las ideas más descabelladas para rellenar espacios muertos en los noticieros”. Les llama asesinos. ¿Su defensa del idioma encontrará acogida? ¿Atenderán su llamado los periodistas y comunicadores? ¿Quiénes están al frente de los medios de comunicación se mostrarán sensibles a su reclamo angustioso?
Pone en vergüenza a los revendedores de primicias y exclusivas. Televidente atenta, capta la docena de micrófonos apuntado las caras de los entrevistados. Contra los jactanciosos que pregonan mañana, tarde y noche, ser dueños absolutos de primicias y exclusivas, baraja todas las definiciones posibles. Primicia: Fruto primero de cualquier cosa; Noticia, hecho que se da a conocer por primera vez. Con lógica concluye que una información que es dada a conocer por diferentes canales no constituye primicia alguna. Exclusivo: Único, sólo, excluyendo a cualquier otro; noticia conseguida y publicada por un solo medio informativo, que se reserva los derechos de su difusión. ¿Se les enrojecerá la cara al poner en evidencia sus vanidades y veleidades? ¿Quiénes apuestan por la verdad pueden ser tan díscolos? Las primicias y las exclusivas son logros pocas veces alcanzados por los mejores practicantes del oficio.

La lectura de Hablemos del Idioma (abril 2008) se convierte en un imperativo para los jóvenes que empiezan a navegar en las aguas encrepadas de un idioma asediado por las tergiversaciones obscenas contenidas en los subtítulos de series y películas. En esta avalancha también participan periodistas nacionales, sobre todo quienes conducen algunos programas radiales y televisivos, igual que muchos cronistas deportivos, según constata Inés en su libro. Con su ojo de lince caza al vuelo las arremetidas propinadas al idioma por los inescrupulosos de toda una vida. Su aplomo me recuerda unos versos que aparecen en Cita con un árbol, el libro de poemas donde mi padre rinde homenaje al peruano César Vallejo: Los que escriben amor con ache en las paredes, esos César no se salvan, se van al infierno.

Divido en cuatro acápites, Inés constata que para conocer el verdadero alcance de las palabras, uno no debe contentarse únicamente con su significado gramatical. Las palabras mudan de piel, evolucionan, viajan y cambian de significado a través del tiempo. Uno de los apartados más fascinantes, el capítulo primero, la “Historia de las palabras”. Inés cuenta los orígenes de las palabras calzones y calzoncillos, de la camisa y el pantalón, del año bisiesto, del bluyín, del bacanal, la guerra y la paz. Expone que de la palabra guerra se deriva guerrilla y de esta guerrillero. Es una lástima que haya preferido ilustrarla con la resistencia antinazi en los Balcanes, y la posguerra civil española. Debió mostrarse fiel a la historia de su país de origen o la de su país adoptivo.

La guerrilla como forma de confrontación bélica contra ejércitos de un enorme poderío militar, no sólo mostró su eficacia en Vietnam, también fue desarrollada exitosamente en Cuba, su patria, por los barbudos encabezados por Fidel Castro. El Che Guevara en “Pasajes de la guerra revolucionaria” se ocupa del tema de la guerrilla, detalla su génesis y refiere entusiasmado a su metamorfosis a través de la historia. El Che demuestra que la palabra guerrillero, con un significado inicial despectivo, había mudado sus atributos después del triunfo de la revolución cubana. Al guerrillero Sandino le llamaron bandolero. Su gesta y conducta sirvió para evidenciar a los nicaragüenses que la palabra guerrillero estaba cargada de otros contenidos a los atribuidos por los cipayos y la marinería norteamericana.

La aclaración pertinente que formula sobre la expresión “La espada de Damocles”, ancla en la historia. Damocles, un cortesano envidioso de la suerte de Dionisio I (Siglo IV aC), para mostrarle la otra cara del poder, le solicitó a que lo sustituyese durante un festín al que había sido invitado. Conocedor de las críticas adversas, el tirano de Siracusa pendió una espada sobre la cabeza de Damocles, sostenida de una crin de caballo. La situación vivida por Damocles significa desde entonces peligro, inminencia de muerte.

Como Inés gusta recurrir a la historia, el ejemplo más adecuado para conocer los alcances de lo que significa la espada de Damocles en la Nicaragua de finales de la década del Siglo XXI, lo constituye el machete que decapitó al Movimiento de Renovación Sandinista y al Partido Conservador, excluyéndoles de las elecciones municipales de noviembre de 2008. Una acción está encaminada a borrarles del mapa político nacional. El Consejo Supremo Electoral, erigido en sumo pontífice del pacto, decide quiénes si y quiénes no deben participar en política. La huelga de hambre de Dora María Téllez no evitó que la espada de Damocles cortara la yugular de su partido, lo que no pudieron mutilar los magistrados electorales fueron las esperanzas que Dora María hizo renacer con su decisión, devolviendo la confianza a la mayoría de nicaragüenses desencantados.

Con su actitud Dora María desafió a los poderes emanados de las componendas políticas, encaminadas a asfixiar toda tentativa de independencia. La justeza de su acción se refleja en que la tramoya montada para realizar el fraude quedó al descubierto. Los ejecutores del libreto se excedieron y nadie hasta ahora da crédito a los resultados. A mediados del siglo pasado ocurrió un hecho similar. Anastasio Somoza García mandó a cambiar los resultados de las elecciones. El candidato Enoc Aguado perdió frente a Leonardo Arguello por designios del fundador de la dinastía gracias a los actos de prestidigitación del Dr. Modesto Salmerón. Una triste manera de pasar a la historia. El nuevo siglo se inaugura bajo idénticos signos. La vida política de Nicaragua pareciera viajar hacia atrás, nunca hacia delante.

Como toda buena maestra, Inés Izquierdo revela las múltiples fuentes en las que abreva para escribir su columna y ofrecer una respuesta acertada a sus miles de lectores. Su libro de cabecera, el Diccionario de la Real Academia Española, también consulta el Diccionario de Dudas y Afinidades de la Lengua Española. El Vademécum de la Fundación del Español Urgente es otro de sus predilectos. Con el propósito de satisfacer la sana curiosidad de sus lectores, se ha convertido en una asidua visitante de Wikipedia, la primera enciclopedia electrónica que consultaron mis hijos. Navega como una condenada noche y día en internet, con el ánimo de satisfacer las curiosidades planteadas por sus lectores, acerca del uso del idioma español.

La seriedad con que la profesora Izquierdo asume su función y la diligencia con que responde las consultas formuladas dan vida a su columna todos los martes en La Prensa. A todo investigador deleita bucear en las profundidades del idioma. Sus rastreos históricos son un ejercicio de arqueología. Sirven para ratificar los giros que los pueblos imprimen al uso de las palabras. Nada más dinámico que el idioma. Los académicos de la lengua española han cambiado muchísimo. Ya no ofrecen resistencia para admitir en el diccionario bajo su confección, la chorrera de palabras que los pueblos inventan y utilizan en su discurrir cotidiano. Dejan que las palabras caminen por derecho propio. Se convencieron que no pueden continuar embalsamando el idioma. Los usos se imponen aunque no siempre perduran. Esa es ley del lenguaje.

Pese a su meticulosidad y su manifiesto apetito por atrapar a los perturbadores del idioma, Inés, quien tuvo bajo su cuidado la edición de su libro, dejó escapar múltiples errores de levantado de texto, no pudo cazar a las viudas y más grave aún, una mujer que se divierte agarrando al vuelo a quienes cometen errores ortográficos, no se percató que en la página 177 ofrezco aparece escrito como “ofresco”. Un error que no debe desalentarla. Si así fuera desde hace tiempo yo hubiese dejado de escribir. Son contadas las excepciones en que mis libros no cargan con el pecado original: contienen errores que empequeñecen mi espíritu. Pero no me arredro, continúo escribiendo. Temprano me di cuenta que ¡son gajes del oficio! ¡Por eso rehúso tener bajo mi responsabilidad la edición de mis libros! ¡Que paguen el pecado quienes lo cometen!