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Nicolás Maquiavelo escribió “El Príncipe” (1513), aconsejando a Lorenzo de Medici cómo gobernar con éxito y ganarse el favor del pueblo. El adjetivo “maquiavélico” es sinónimo de inescrupuloso, porque Maquiavelo revela la realidad de la naturaleza humana inclinada a buscar ante todo el bienestar económico, por sobre cualquier ideal noble o buenos principios.

Maquiavelo describió la verdadera conducta política del pueblo, de las mayorías, no destacando los ideales, sino la cruda realidad. Francis Bacon escribió en 1623: "Le estamos muy agradecidos a Maquiavelo y a otros escritores (…) que franca y sinceramente declaran o describen lo que los hombres hacen y no lo que deberían hacer".

Los políticos exitosos en el mundo han tenido presente las realidades descritas por Maquiavelo, simplemente porque son eso: realidades. No se pueden ignorar. Esto no significa que los políticos deban ser personas sin ideales ni honestidad para tener éxito. Pero deben actuar con astucia, según la realidad; cualidad que puede usarse para el bien.

En síntesis, Maquiavelo dice que a las personas les importa en primer lugar su situación, estabilidad y seguridad económica, más que cualquier otra cosa, incluyendo los principios; y si perciben que su situación económica está (o estará) bien, lo demás pasa a segundo plano. O sea, que la política se mueve según el interés económico de las personas.

Asimismo lo planteó Adam Smith, el padre de la economía política capitalista basada en el liberalismo económico. En “La riqueza de las naciones” (1776) plantea que el interés económico propio de cada individuo es lo que produce el bienestar general. Dice que: “El hombre necesita casi constantemente la ayuda de sus semejantes y es inútil pensar que lo atenderían solamente por benevolencia (...) No es la benevolencia del carnicero o del panadero la que los lleva a procurarnos nuestra comida, sino el cuidado que prestan a sus intereses”.

A Maquiavelo, Adam Smith y otros que basan sus teorías políticas y económicas en esa realidad, se les puede criticar y corregir en varios aspectos. Pero esa realidad no dejará de ser real.

La situación de Nicaragua se va a resolver en unas elecciones libres observadas por todo el mundo, sea en el 2021 o antes, y el voto va a estar, sobre todo, determinado por el interés del pueblo en su futura situación económica. Como opositor, liberal y demócrata, quiero que gane la oposición democrática, pero me preocupa que el Frente Sandinista parece actuar según esa realidad, mientras la oposición no.

Antes de las protestas y represión de abril de 2018 tres encuestadoras (Borge, M&R y Gallup) mostraban que alrededor de un 70% estaban contentos con la economía y su buena perspectiva. Un porcentaje similar aprobaba al gobierno y Daniel Ortega tenía una opinión favorable mayor al 65%. En cambio, la oposición mostraba una popularidad muy baja. La oposición reaccionaba considerando falsas las encuestas. Pero, cuando coinciden tres diferentes encuestadoras les da bastante credibilidad.

Aunque el progreso económico era mérito de la empresa privada, el Gobierno lo usufructuaba con la estrategia astuta de expresar interés por los problemas económicos del pueblo y preocupación ante las necesidades de salud, educación, etc. Mientras la oposición se desgastaba atacándose entre sí, aunque también condenaba las acciones antidemocráticas del Gobierno, pero sin presentar ninguna alternativa económica que entusiasmara al pueblo para apoyar un cambio donde la economía sería mejor… ¡lo cual era posible! Además, negar el progreso, siendo tan evidente, le restaba credibilidad.

El Gobierno perdió muchísimo por la represión atroz contra los sucesos iniciados en abril de 2018. Pero, ahora hace una gran campaña diciéndole al pueblo que antes estaba bien económicamente, y que ellos quieren restablecer aquella situación y mejorarla con programas y acciones que traigan bienestar económico. Mientras la oposición comete el mismo error, olvidándose de presentar una alternativa económica clara que entusiasme al pueblo, centrándose solo en temas y acciones políticas, lo cual tuvo su momento; pero, ¡los momentos políticos pasan, cambian!

Como resultado, las encuestas muestran que el Gobierno está recuperando terreno, buscando obtener buenos resultados electorales. Es verdad que ahora las encuestas pueden ser cuestionadas por el temor al dar las respuestas; aunque, el que teme, generalmente rechaza ser encuestado. No deben ser totalmente descartadas y considerar —al menos— que hay una tendencia. ¡Esto debería hacer cambiar la estrategia de la oposición!

Finalizo recordando la moraleja del rey que se enfureció porque un mensajero le llevó una mala noticia y reaccionó… matándolo. ¡Yo solo comparto, a tiempo, una razonable preocupación!

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