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Según una encuesta de la ONG española Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) el 67.1% de los españoles ven mal la situación política de su país. Si esta semana no hay acuerdo político entre PSOE y Unidas Podemos, habrá otra elección parlamentaria.

Y me ha sorprendido recién la postura desesperada del candidato de Unidas Podemos, Pablo Iglesias. Él le pediría a su majestad Felipe VI, que interceda ante Pedro Sánchez para que forme ya un gobierno en España.

Mi punto: la movida de Iglesias para que Felipe VI destrabe el impase parlamentario actual es un acto de fariseísmo político. ¡Está desesperadísimo! Ahora recurre a la institución que más detesta para que le ayude a ser incluido en un gobierno de coalición (¿o cooperación?). Y así, evitar que Iglesias y su partido naufraguen. Iglesias quiere ser vicepresidente a cualquier costo. Esa postura es muy propia de su estirpe ideológica: recurrir a todo para llegar al poder.

El PSOE tiene ventajas sobre los demás partidos. Descuella en las encuestas y Sánchez ha sido presidente en funciones por dos cortos períodos. Eso cuenta. Y le ha valido para foguearse nacional e internacionalmente.

Sánchez quisiera que los líderes del Partido Popular, Pablo Casado y Albert Rivera, de Ciudadanos, le dijeran: “Te haremos el favor. Vamos a darle apoyo a tu gobierno y, aunque no tengas mayoría parlamentaria, no te vamos a obstaculizar”. Pero es mentira. Ambos candidatos de estos partidos ―el primero, conservador; y el segundo centrista-liberal― no están dispuestos a jugarse el pellejo con un gobierno PSOE que los etiquetaría de aliados, por la extrema izquierda y aliados incógnitos del separatismo catalán, que es la mayor amenaza a la unidad y viabilidad del Reino de España.

Cierto, por el lado de las debilidades humanas, tanto Casado como Rivera saben que si se alían, pierden la oportunidad de aspirar a dirigir, eventualmente, un gobierno propio. Sería como repetir el error del joven líder liberal británico Nick Clegg, que hizo alianzas ―como vice-primer ministro― con David Cameron. Así truncó su carrera. ¡Pifia juvenil!

Hay algo más. Sánchez sabe que si pacta con Iglesias, dándole cualquier pedazo pequeño o simbólico del pastel, el líder de Unidas Podemos, podría hacerle varias malas jugadas. Veamos: 1) serrucharle el piso, poniendo en entredicho todas sus propuestas políticas; 2) saliéndose de la alianza en cualquier momento para debilitar al PSOE y llamar a un voto de confianza; 3) prometerles, subrepticiamente, a los separatistas catalanes (¿y vascos también?) que apoyaría un referendo para que, eventualmente, Cataluña se separe. Por eso, ¡cuidado! Habría que ver el baúl de herramientas que carga Iglesias…

Si esto último se diere, no dudo que Iglesias lograría dos objetivos malignos que tiene en su mente: desmembrar al Estado español actual y destruir la monarquía. Porque para Iglesias, las opciones de los partidos de izquierda radical son mayores y amplias en un estado republicano. Con la monarquía actual, sus posibilidades de éxito son menores.

En todo caso, Sánchez sabe bien lo que hace. Si se convoca a nuevas elecciones para noviembre próximo, PSOE ganaría más diputados. Las encuestas le dan un 29.7% de intenciones de votos del electorado; después PP tendría 11.6% de los sufragios.

Además, Sánchez sabe bien que los radicales catalanes se juegan el todo por separarse. Han visto que Sánchez es flojo; no usaría toda la autoridad constitucional a su disposición para frustrar un intento de escisión de los Torra, Junqueras, Puigdemont, etc.

PSOE está en una encrucijada. Si gobierna con PP o Ciudadanos, se vería mal ante su electorado radical. Por otro lado, fortalecería el status de Iglesias como “alternativa mejor de la izquierda”, ante los ojos de los votantes socialistas. Y si gobierna con Juntas Podemos, se metería en camisas de 11 varas, pues sabe bien que las mejores habilidades de Iglesias son ―ser populista antes los electores; y fino técnico reparador que dispone de buenas herramientas en su bagaje― para serruchar, desquiciar o dinamitar el sendero por donde PSOE esté y Sánchez llegue.

Sigo sosteniendo que será difícil encontrar consenso para formar gobierno estable, en las circunstancias actuales para España. (Y lo dijimos el 11 de marzo pasado: “…veo un escenario donde la democracia española caiga en un impase”).

Pero, si sucede lo contrario, la política confirmaría su naturaleza: cualquier cosa puede salir del sombrero del mago.

Ya Sánchez, al ver lo arrastrado y servil que Iglesias está siendo con quien no soporta, se da cuenta que no puede confiarse en tener alacranes en su camisa.