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Venezuela tiene reservas petroleras de unos 300,000 millones de barriles que valdrían actualmente alrededor de 20 trillones de dólares, al que, mientras Nicolás Maduro esté en el poder, tienen acceso Rusia y China con excelentes condiciones. A Vladimir Putin y Xi Jinping no les importa que Maduro sea comunista, capitalista o mafioso, ni les interesa si el dictador comete crímenes contra la humanidad y mata de hambre a los venezolanos. Les preocupa que deje el poder, quién lo reemplazaría y cómo sería su relación petrolera con quien lo sustituya. Mientras tanto, Maduro sigue aferrado como tirano, respaldado por las fuerzas armadas venezolanas, vergonzosamente vigiladas y controladas por militares cubanos.

Diario navegan buques tanqueros de Venezuela a Rusia y China con miles de barriles de petróleo a un precio preferencial. A cambio, los favores rusos y chinos a Maduro son muchos. Rosneft —una gigantesca empresa rusa— acude en ayuda de Maduro para intentar rescatarlo de las sanciones y el embargo impuesto por los Estados Unidos, actuando como su principal comercializadora, considerándose inmune a las amenazas de Washington, operando mediante empresas filiales. A cambio, Pdvsa, con embarques de petróleo redujo su deuda de 1,800 millones a 1,100 millones de dólares. Rosneft se aseguraría el saldo completo al final del año.

Aunque China pospuso hasta octubre la partida de siete buques petroleros, no cancelaron sus negocios. Firmaron un convenio para el suministro de 120,000 barriles diarios, con una inversión de 3,000 millones de dólares. Además, Maduro promueve una nueva empresa china-venezolana que comercializaría 65,000 barriles diarios. Tanto Rusia como China cierran tratos para ingresar con su tecnología y su propio personal en las arruinadas refinerías de Pdvsa para recuperarlas. Aunque nada sería gratis.

De las zonas de extracción ya tienen asignadas grandes extensiones: Rusia mantiene bajo su poder unas 4 millones de hectáreas con 6 billones de barriles de reserva; China, 1.8 millones con 11 billones de barriles; Cuba, 1.3 millones con 3 billones de barriles; e Irán, 1.2 millones de hectáreas con 2 billones de barriles de reserva. Las sanciones impuestas por Donald Trump no afectan a todas las empresas, cualquiera que sea su bandera. Hasta hoy Rusia, China y otros siguen beneficiándose del petróleo venezolano. El 25 de octubre vence la exención de las sanciones que les permite a empresas estadounidenses continuar operando en Venezuela. Si no se renuevan esas exenciones es probable que Rusia y China llenen ese vacío. Rosneft pretende hacerse con el 30% de Chevron en la empresa mixta Pretopiar.

“Los Estados Unidos están cerca de ser exportadores netos de petróleo, por lo que ya no tienen tanto interés estratégico en acceder a reservas petroleras como antes o como China”, asegura Francisco Monaldi, del Baker Institute (Huston), uno de los centros de estudios petrolíferos más importantes del mundo. ¿Disminuirá en Washington el interés político por recuperar la democracia en Venezuela en la medida que disminuye el interés económico?

Pdvsa se desplomó. Sus plantas están inservibles. Apagones de electricidad, corrupción estructural y falta de insumos han provocado una debacle en su productividad. Para recuperar niveles de producción de 3 millones de barriles diarios se requeriría casi una década y una inversión de unos 150,000 millones de dólares, pero Rusia y China ya salieron al rescate y hacen planes para el futuro.

La pregunta es, ¿hasta dónde llegará la “mano dura” de la administración Trump para sacar a Maduro, estando de por medio potencias como Rusia y China? Si “todas las opciones están sobre la mesa”, el flujo de petróleo para Rusia y China ¿será afectado por alguna de esas opciones? ¡Hasta ahora no parece! Aunque cabe pensar que existiendo una exención temporal para compañías estadounidenses, quizás Washington podría estar esperando el 25 de octubre para hacer cumplir las sanciones a todos los países, incluyendo Rusia y China.

Si el gobierno legítimo de Guaidó, el Gobierno de Estados Unidos y los gobiernos de otros países democráticos quieren la salida pacífica de Maduro, con el menor costo en vidas deben negociar, no solo con la mafia que usurpa el poder en Venezuela, sino con los gobiernos de Rusia y China, garantizándoles que sus intereses económicos no serán afectados por el cambio, que es lo que al final les importa a Vladimir Putin y Xi Jinping. Algo que ya empezaron a conversar Trump y Putin. ¿Y con Cuba? Bueno, la ministra de Asuntos Exteriores de Canadá, Chrystia Freeland, lo conversa con la dictadura cubana.

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