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Muchas veces tratamos de buscar explicaciones del por qué tanta falta de liderazgo político, se tratan de aducir un sinnúmero de excusas para justificar porque siempre son los mismos quienes dan la cara y aprovechándose de esa escasez o bien tratan de reelegirse en sus cargos a punta de sangre y fuego o bien al no tener oportunidades en sus estructuras originales fundan una organización nueva o se trasladan a una ya constituida y llegan anunciándose como los salvadores divinos. Existen líderes de todo tipo, y los llamo líderes sin entrar a fondo a la discusión conceptual de la palabra liderazgo, porque para muchos no importa que la persona que los representa sea un violador, un ladrón, un sinvergüenza, un drogadicto, un servil, no importa, para quienes lo siguen simplemente son sus “líderes”, más bien me voy a referir a los otros que no tienen cola que le pisen.

Entonces, dentro de los llamados o mal llamados líderes se encuentran personas de todo tipo, aquellos que tras convencerlos, por no decir rogarles y besarles los pies; aceptan una candidatura, se dan a la tarea de meterse con todas las de ley en una campaña electoral sea cual sea su tipo, elecciones nacionales, municipales, partidarias, universitarias, etc., etc., etc., en el momento de la campaña son excelentes oradores, elevan la voz y denuncian todas las anomalías que ocurren en su entorno y con el objetivo de causar una buena impresión y además captar el mayor número de votos posibles, pero de repente la cosa puede dar un giro dependiendo de los resultados de la votaciones, el primer escenario es que ganen las elecciones, en este caso es evidente que lo primero que hacen es tratar de cumplir sus planes de lucha, hacer las alianzas estratégicas necesarias para gobernar o desgobernar, otros simplemente toman el poder como un botín personal que no hay que compartirlo con nadie y le pegan cuatro patadas a la oposición que no son más que aquellos que estaban en la acera de enfrente en la campaña electoral, esos son los líderes cavernícolas que piensan que los demás solo entienden a punta de garrotazos.

Es importante destacar que no siempre el que gana es el mejor candidato, eso también depende de varios factores, entre ellos pudieron haber ganado por ser más hábiles, manejaron de mejor manera el discurso y lograron convencer de manera contundente al votante, al final ganó las elecciones limpiamente, otros por su parte, a pesar de no tener las más mínimas cualidades ni la gracia que la naturaleza les dio a los seres humanos en el lenguaje hablado, ésos a los que solo les falta rebuznar cuando hacen uso de la palabra y que son tapadas sus barrabasadas a punto de gritos y aplausos por toda la masa borrega que se congracia sin importar el adefesio de ser humano que se para frente a la tarima, con tal que lo haya puesto el “hombre” del partido, pues parece mentira pero al menos en este país pueden “ganar” esos, y de la forma más antigua de los cuales nos pueden dar varios doctorados un partido mexicano, ganan a punta de elecciones fraudulentas, de las más vulgares y con la complicidad institucional más descarada.

Pero bien, no nos olvidemos de los que nos estábamos refiriendo, aquellos “líderes” que no ganaron las elecciones y que de manera evidente eran mejores candidatos para ocupar esos puesto para los que se habían postulado. De lo que sigue al mal gobierno de los electos, de los desastres de esos actos irracionales de los “ganadores”, en gran parte ellos son los principales responsables.

Un verdadero líder no es aquel que deja abandonados a su suerte a los propios electores que le respondieron las consignas y aplaudieron sus discursos, lo más fácil para aquellos que no ganaron es volver la espalda y echarle la culpa a otros y no asumir sus propias responsabilidades. El liderazgo no es una cualidad temporal que sólo se demuestra en épocas de campaña, es tan cruel el candidato que abandona a sus votantes tras no haber ganado las elecciones e inmediatamente que acabado todo no le interesan absolutamente los problemas de los demás, como el candidato ganador que con una brutal represión se ensaña con los más débiles impulsado por el más vulgar revanchismo. ¿Entonces, cómo es que había prometido representarlos y luchar por su causa? Los supuestos líderes abandonan a sus seguidores, parece ser que en su mundo de fantasía creyeron que los buscaron como candidatos por considerarlos “seres superiores” con cualidades casi divinas y que eso les daba el derecho de desechar los sueños y las esperanzas de los demás que confiaron en sus figuras, prefirieron las comodidades personales y después de volar alto gracias al apoyo de los hombros y manos de sus seguidores de repente solo caminan casi con la cabeza agachada, manteniendo el perfil más bajo posible, como afrentándose del proyecto que supuestamente abanderaban, a estos falsos líderes en realidad jamás les interesó las necesidades de los demás, simplemente fueron oportunistas de las circunstancias, probaron y como no ganaron entonces se retiraron, ¿Y a los demás que los siguieron y se quemaron por ellos? ¡Que se los coman los perros!
El liderazgo tampoco se vende al poder, lucha contra los desmanes del poder y contra las inmunidades del poder a como lo profesa el profesor García de Enterría, lo ideal es que tras la campaña ese líder se mantenga a la par de los que no votaron por quienes ganaron de una u otra forma, debe convertirse en el escudo y el defensor de la opción a veces de la mayoría de los electores, algunos tras el abandono y por circunstancias de la vida se les da una nueva oportunidad y siguen cometiendo los mismos errores, en su mente torcida y engreída sigue flotando la absurda idea de que se les llama porque son los ungidos celestiales, en vez de reivindicarse con sus otroras admiradores, en vez de ganarse de nuevo su confianza y reconocer sus debilidades, siguen una y otra vez cometiendo la misma falla y chocando contra la misma piedra.

Quieren seguir manteniendo un perfil bajo, no protestan públicamente por nada aunque el mundo se derrumbe bajo sus pies y se sigan hundiendo sus posibles electores, no asisten a las actividades de protestas o foros que aborden la principal problemática de su futuro gobierno, huyen al debate y prefieren no mezclarse en actividades donde se ven expuestos sus lindos rostros, argumentan su ausencia por motivos de “conveniencia política”. ¡Qué descaro! Parece que olvidan que ésos son precisamente los momentos que deben demostrarle a los demás sus cualidades de dirección y que son capaces de transformar las cosas hasta a veces con el don de sus palabras, parece que olvidan que el que quiere celeste que le cueste, parece que olvidan que nadie tiene el privilegio de ser electo si no se gana el respeto de los electores a través del ejemplo personal y de asumir su papel metiéndose al agua por muy lodosa que ésta se encuentre. Nadie, absolutamente nadie, puede ser propuesto a un cargo de elección por su linda cara o por prestigios de otras épocas y de otras circunstancias, cada circunstancia y problemas tienen sus propias características, por ello debe asumirse el papel de líder en el ahora, no en el ayer, nadie tiene la casta ni la herencia monárquica para ser proclamado el candidato, eso debe ganarse con acciones antes y durante la campaña y mayor aún tras la campaña si no gana la contienda, ninguna candidatura está escrita en hierro, los líderes deben ganarse ese lugar, una cosa es proponerle la candidatura y otra es que nos convenzan de que la camisa está hecha a su medida, deben borrase el grave error de que no tienen la necesidad de mover un dedo porque ya tienen el derecho de ser los candidatos. ¡Grave equivocación! Deben ganarse su lugar o lo mejor es que ellos mismos renuncien a tiempo, ninguno ha bajado en una nube dorada para que todos sus seguidores se arrodillen ante ellos y les rueguen ser su representante. ¡Gánense el puesto y demuestren que tienen el valor para luchar sin afrentarse de sus propios electores!