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El canciller iraní Javad Zarif declaró a CNN que si Irán fuere atacado, habría una guerra total.

Estas declaraciones van tras los ataques con drones a algunas refinerías en Arabia Saudí. Washington y Riad han afirmado (mediante sospechas y argumentos lógicos, pero sin comprobación alguna) que Irán está detrás de todo esto. Y aunque los guerrilleros yemenitas huthis han confesado autoría de los hechos, no se les cree. ¿Por qué? Estos últimos responden a los intereses de Teherán.

Entonces, ¿quién fue? ¿Se hizo para escalar la zozobra, o con qué propósito?

Mi punto. Hay varios sospechosos en esta trama guerrerista. Es cierto que los iraníes están presionados por occidente y que además están en pugna contra Arabia Saudí, en la vecina Yemen. Pero, los sospechosos pueden ser otros: vendedores de armas, por ejemplo. Vladímir Putin recién se reunió, en Teherán, con los líderes de Irán y Turquía, para tratar el asunto sirio. Ahora: Arabia Saudí se armará hasta las muelas; hay más probabilidades de ataques militares descontrolados; la ONU está por llegar para investigar hechos y autorías. El desierto arábigo será menos caliente que los acontecimientos por venir. Todos estamos en vilo.

La guerra en Yemen ha sido otro capítulo triste para la región medio-oriental y su vecindario. Y no parece terminar. Es más, creo que para no lucir humillado, el régimen real saudí lanzará una gigantesca ofensiva contra los guerrilleros huthis.

Aunque Irán sea el mayor sospechoso, no creo que el plan de incendiar los pozos de reservas petroleras de los saudís haya sido únicamente idea persa. ¿Quién quiere incendiar aún más la región para vender más armas? ¿Quién busca que haya mayores enfrentamientos para posicionarse mejor? Es muy cierto, iraníes y árabes comparten un mismo credo religioso.

Pero ahora que Estados Unidos ha estado ligeramente menos involucrado en la región, Turquía, Irán y Arabia Saudí han surgido como potencias de tamaño mediano para asegurarse liderazgo y sobrevivencia en esa convulsionada región asiática.

¿Importa afectar los precios del petróleo?

Sí y no.

Bueno, y ¿qué tal si fue Israel el que planeó poner a pelear a todos contra Irán?

Es una probabilidad. En este juego de la política-diplomacia-guerra, nada es absurdo.

El punto es que ahora todo el mundo estará pendiente de lo que arroje el informe in situ de la comisión de la ONU. Esta deberá visitar varios países. Y si los iraníes se muestran reacios a que los diplomáticos entren en Irán, las cosas caerán por su propio peso.

Pero si así fuere ―que no lo creo, porque Irán quiere quedar bien con occidente, y cualquier sospecha desanimaría a los europeos para alentar una diplomacia de nuevos acuerdos entre los ayatolas y Estados Unidos―, Moscú estaría muy interesado en promover otro incendio prolongado en la región.

El Kremlin actúa intempestivamente cuando la Casa Blanca se contiene o recurre a la diplomacia. Además que Estados Unidos ha estado demostrando ser más retórico que cumplidor. Y las recientes declaraciones de Trump, admitiendo que sus generales de dijeron que estaban cortos de armas ―estoy segurísimo― han espoleado a Moscú a propiciar desestabilización, sabiendo que Washington ha confesado que no está en disposición de involucrarse en conflictos de largos días, conocida su precariedad. Para resolver el avituallamiento militar de los norteamericanos, no se hace yendo a la esquina a comprar rifles y tiros. Es algo más complejo.

El señor Putin no es diplomático, tampoco pacifista. Él actúa muy natural, respondiendo a su carácter eslavo cuando se presenta en los escenarios internacionales. Él es un militar en retiro que encontró en la política otro medio para engrandecerse. Putin solo conoce el único oficio para el cual se entrenó con vocación: el de militar de inteligencia.

Cada quien, con poder (¡Y cuánto poder!) carga consigo las herramientas, saberes y destrezas aprendidas como oficio. Ninguno de ellos se volverá, de repente, practicante asceta religioso o meditador budista. Nunca.

Hay cosas buenas en esto. Acá se abre una oportunidad para el Gobierno saudí de demostrar que sí podría contenerse y depositar toda su confianza en los recursos diplomáticos.

El régimen saudí ―viendo que muchos vendrán a su puerta a ofrecerle servicios y herramientas malignas― encontrará una oportunidad para lavarse la cara después de la muerte del periodista Kashoggi. Y aprovechará para armarse mucho más. Pero, depende de la gran diplomacia occidental evitar que el conflicto escale y árabes e iraníes se agarren a los puños.

Alguien vertió vinagre en las heridas de los musulmanes en el incendiado Oriente Medio.