• Managua, Nicaragua |
  • |
  • |
  • Edición Impresa

En las últimas semanas he estado reuniéndome con un cliente frecuentemente para ayudarle a vender su casa. Nuestras reuniones han sido bastante fuera de lo común, porque han sido reuniones sociales y de formación de una amistad, en vez que una reunión de negocios.

En estas reuniones me ha hablado mucho del tema de dar al prójimo. De dar con abundancia y sin apego, y como este dar se convierte en una remuneración divina, universal, casi imposible de explicar según él.

Cuando me invita a mí y a mi familia a su casa puedo ver este dar de parte de mi nuevo amigo. A toda persona que conoce, le invita a su casa a unos banquetes deliciosos, adonde él cocina y adonde él trata a sus invitados como las personas más importantes del mundo. Es de verdad inspirador ver su trato a la gente y con la abundancia que comparte las cosas.

Al inicio de mi carrera en bienes raíces hice una promesa a Dios de dar el 10% de mis ingresos como agradecimiento por su ayuda en mi nueva carrera. Lo he cumplido, pero este año decidí invertir y al final de año cumplir mi promesa y donar.

Por alguna razón hice mal mis cálculos e invertí de más y quedé corto para mis gastos normales del día a día. Al mismo tiempo, un trabajador a quien tenemos mucho cariño me pidió ayuda para poder terminar su casa. Mi primer instinto fue decirle que era un mal momento y que no le podría ayudar tan rápido, pero después recapacité y decidí regalarle el dinero mismo así que se complicara más mis finanzas personales.

Horas después recibí una comisión inesperadamente de un cliente que no me había podido cancelar, y un par de días después recibí cuatro ofertas de mis clientes para compras de bienes raíces.

Comparto esta historia porque talvez como sociedad, no solo nicaragüense, pero en general como seres humanos en todo el mundo, necesitamos dar un poco más. Y no me refiero a dinero, pero dar… Y no por el recibir, porque creo que la bendición vendrá por sí sola, pero porque si todos damos mejoraremos nuestros entornos, nuestras comunidades, nuestras sociedades… y estos problemas como los que vive hoy Nicaragua, talvez no existirían.

joao.mucciolo@kwnicaragua.com

www.kwnicaragua.com/joao