• Managua, Nicaragua |
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Los países europeos que transitaron de la economía planificada a la de mercado hicieron bien sus deberes y ahora sus resultados son la estabilidad macro, el crecimiento económico sostenido y su inclusión en las economías emergentes. En el caso de Nicaragua, los resultados sobre reforma estructural son tarea pendiente y se reflejan en el magro crecimiento del ingreso per cápita y la necesidad de profundizar en la reforma estructural.

De los elementos que componen esta reforma, la empresarial es la más relevante, ya que el soporte institucional sin eficiencia empresarial es un esfuerzo vacío. En la reforma empresarial hay que aceptar y comprender los costos y beneficios del “aggiornamento” de las empresas, es decir, el proceso de renovación y modernización; este proceso consta de dos partes, uno de eliminación de lo que no funciona y otro de creación de valores agregados, de nuevos mercados, de nuevas tecnologías. La eliminación de la ineficiencia es la parte “destructiva” del ajuste y la emergencia de nuevas empresas competitivas es la parte “creativa”. De ahí que el proceso total se le conoce como de “creación destructiva”, tal como lo concibió Schumpeter.

El escaso crecimiento del ingreso per cápita del país no se debe a la falta de inversión, sino a la baja productividad en el uso del capital y el trabajo. Hay que aclarar que aunque la inversión es elevada como porcentaje del PIB, no más de un 25% es en equipamiento industrial y en instalaciones, insumos que son los que sostienen la continuidad de la producción y la creación de empleo. En otras palabras, hay un exceso de inversión que no es productiva y se traduce en baja productividad económica y desgaste de recursos. Si se levantara el porcentaje de inversión en instalaciones industriales habría un mejor uso del factor trabajo y una mejor productividad de ambos factores, trabajo y capital.

Así como se requieren acciones de política a nivel macroeconómico también se requieren de políticas a nivel microeconómico. Específicamente, se podrían mencionar cinco líneas de acción en la reforma micro: 1) Recuperar la capacidad subutilizada; identificar dentro de la empresa el mal uso del trabajo y del capital; aquí ayudarían los incentivos positivos y negativos. 2) Aumentar la eficiencia mejorando la forma que se combinan el trabajo y el capital que ya están dentro de la empresa. 3) Reasignar estos recursos hacia bienes que tengan “ventaja comparativa”. 4) Cierre de unidades no rentables o de empresas en decadencia. 5) Creación de redes de minoristas y mercadeo de nuevos productos.

Estas medidas son la parte “destructiva” de la reforma empresarial, que situaría al país sobre la frontera de producción. La parte “creativa”, que lleva al desplazamiento de la frontera de producción, necesita el soporte del marco institucional, de incentivos agresivos a favor del empresario innovador, de una reforma educativa que responda a las demandas derivadas de las empresas nacionales y del mercado externo. También, dependiendo de las características del Estado, es beneficiosa una coordinación profunda con el sector privado para la estrategia de absorción de tecnología, aunque esto supondría un equipo de burócratas con conocimientos de mercados en el Gobierno.

El indicador que se utiliza para el logro de la eficiencia en el corto plazo es la productividad del trabajo como resultado de una mejor combinación con el capital; en el mediano plazo, la productividad de todos los factores redundaría en un fortalecimiento sostenido del ingreso per cápita. Desafortunadamente, en el país, hoy por hoy, la productividad laboral aumenta solo porque el empleo baja más rápido que la producción, la inflación se mantiene por el colapso de la demanda y de la recesión económica y la brecha externa se mejora por la caída de las importaciones, en particular, los bienes de capital. Por si fuera poco, aumentan los impuestos al estilo de la colonia y escala el precio de los insumos sensibles a la producción. Pareciera que estamos en el mundo insólito de Alicia en Trough The Looking-Glass, incluyendo el lenguaje sin sentido, o más increíble, el mundo kafkiano.

Si la modernización de las empresas es un asunto de los empresarios, el soporte institucional es tarea del Gobierno. El enfoque de los contratos incompletos ha mostrado ampliamente la diferencia de derechos de propiedad entre la empresa pública y la empresa privada. Las regulaciones abusivas lesionan los derechos de propiedad privados. El peor de los mundos para las empresas es tener un propietario, que son los accionistas, y un amo, que son los gobiernos depredadores.