Jorge Eduardo Arellano
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Los vaivenes de los políticos nicaragüenses dejan un enorme vacío en la esperanza de la ciudadanía por una República digna y respetuosa de los derechos inalienables del pueblo.

Entre las innumerables maniobras de los dirigentes políticos, todas para beneficio de sus intereses y lejos del bienestar común, sobresalen las amnistías, que según argumentan sus patrocinadores, han sido para liberar a sus colegas del control de sus adversarios, que usan sus errores --piadosa palabra por delincuencia--
para controlarlos y obtener concesiones. Otro argumento es que los adversarios han usado la impúdica amnistía para borrar sus errores.

La ya aceptada forma de borrón y cuenta nueva, o sea, impunidad, elimina toda preocupación a los corruptos que están en la lista de espera para ejercer su delincuencia, ya que la historia les asegura que vendrá otro perdón y así seguiremos destruyendo la República, hasta que logremos llegar al convencimiento de que no se puede construir un Estado de Derecho borrando los crímenes y, lo subrayo con todas sus letras, crímenes, porque no hay otra palabra más apropiada para describir la delincuencia que significa trasladar a su peculio personal el dinero del erario nacional que debería invertirse en medicamentos, educación y oportunidades de superación del ciudadano.

Por otro lado están las amnistías de hecho, que le permiten a reos hacer y deshacer, siempre y cuando éstos cooperen con los intereses de sus patrones, que son los que quitan y otorgan dichas concesiones, o sea, amnistías controladas.

La ley de la vida no discrimina, no tiene preferencias y es por eso que los legisladores tienen la inmensa responsabilidad de presentar proyectos de leyes que beneficien a toda la sociedad, no legislar en beneficio de unos pocos delincuentes, discriminando así a la inmensa mayoría de nicaragüenses dignos, ya que de lo contrario, estarían rubricando ese dicho popular de que en Nicaragua el crimen es remunerado y la honestidad es para los idiotas.

Se necesitan estadistas, ya que los que conocemos como líderes no han dado la talla. Tendremos que admitir que un estadista no nace ni se hace de la noche a la mañana, pero lo que sí es posible, es que ciudadanos aspirantes a estadistas se despojen y aparten del control egocéntrico de los llamados caudillos, y se responsabilicen, como insta un nicaragüense que escribe en Selecciones, Marvin J. Salgado, a “resolver la difícil situación económica, social y cultural... invirtiendo más en educación”, en otras palabras, tomando la bandera de la reivindicación de un pueblo, que siendo mayoritariamente honesto, está en manos de corruptos.

No podemos continuar con los viejos métodos de engaños y trucos de circo. Hay que luchar con dignidad y ética para que todos, con valentía y responsabilidad cívica, reconquistemos con ideales la República.