Jorge Eduardo Arellano
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Este país ha experimentado procesos políticos, sociales y naturales que se repiten con avances, retrocesos o diferencias mínimas; al frente de cada uno de ellos un guía, y oponiéndose los rebeldes. Dialéctica.

Tradicionalmente el líder exige lealtad y servicio a cambio de privilegios. Cuando una persona es llamada traidora, peligra de muerte corporal o civil, y cuando fiel, goza del sistema impune.

Por tanto, ningún asombro causa el discurso del presidente Daniel Ortega invocando deidad. Ninguno. Tampoco sus ofensas luciendo en el pecho la bandera de la “querida patria”, conduciendo un Mercedes Benz lujoso de industria europea. Daniel Ortega no debe sorprender, sustancialmente es como los demás presidentes.

Daniel se dio cuenta de que no podía continuar ligado al ateísmo y se convirtió al cristianismo, o regresó al cristianismo, o lo manipula. Él también podría recibir de Roma el título “Príncipe de la Iglesia”. El papa Ratzinger declaró oficialmente su santa satisfacción por la penalización del aborto en Nicaragua y envió bendiciones al matrimonio presidencial.

¿Por qué nos vamos a extrañar si viene de nuevo un Papa al país? Whotyla vino dos veces en una década, y ahora Ortega pretende que el representante de Dios en la tierra le confirme los lazos matrimoniales con su esposa y los bendiga. A la Iglesia le conviene que Ortega se arrodille ante un Papa e implore perdón.

“Todos los caminos conducen a Roma”, es el dicho principal de los políticos nicaragüenses. Después del presidente José Santos Zelaya, sólo Ortega se le había rebelado a la Iglesia, y ésta se alió con Washington en los años ochenta, igual que en 1905.

La sociedad del cardenal Miguel Obando con Ortega molestó a sus socios de la Contrarrevolución. Se sintieron traicionados. No comprenden que la Iglesia, y en particular Obando, tenga pendiente investigaciones sobre sus inversiones económicas. Obando recibe el apoyo de Ortega para anular el proceso y a cambio el prelado gestiona la misa del Papa en Managua, o la ceremonia matrimonial en la Capilla Sixtina.

Todos los políticos están involucrados en la jugada. Ellos ponen y quitan las reglas según les conviene, y todas las reglas invocan a Dios, y las bendicen curas y pastores. Cada político va solo o en manada donde el religioso, a negociar, como siempre.

La misma corrupción
¿Cómo extrañarme que haya corrupción estatal? El siglo pasado fue corrupto en todos los períodos presidenciales. Igual la robadera del erario y el tráfico de influencia. Igual las denuncias de la población y las guerras nacionales.

Criticar a los políticos ha sido el proceso para las guerras. Los pobres mueren o se vuelven más pobres, y los ricos más ricos o pobres, y algunos pobres se hacen ricos con el poder. No hay cambios sustanciales en las empresas, el capital nacional no crece, ni crecerá en dos siglos como para que dejen de llamarnos con ironía: “país en vía de desarrollo”.

La mayoría de nicaragüenses peligra extinguirse, para trabajar y ganar más debe salir a otros países. Pobreza vive el 70% de los habitantes, de los cuales el 20% son diagnosticados miserables. Ningún proyecto nacional ha generado crecimiento económico, los pobres siguen multiplicándose.

Aumenta la miseria, se extiende el descontento, pero no son permisibles los gobernantes: descalifican a personas que argumentan al describirles sus actos. El poder económico-político-militar-religioso se comporta similar, no varía su estructura en el Estado. Ésta es una sociedad de bascosidades bucales y criminales.

Asesinatos por política
En el continente fue en Nicaragua donde asesinaron al primer obispo católico: Monseñor Antonio Valdivieso, luego al general Benjamín Zeledón, al nacionalista y antiimperialista general Augusto C. Sandino, al general Anastasio Somoza García y a su hijo el general Anastasio Somoza Debayle (en Paraguay, en solidaridad con Nicaragua), y al jefe de la Contrarrevolución derechista, Enrique Bermúdez, que sin tener rango de general lo hubiese lucido si los paramilitares hubiesen derrotado con las armas al FSLN.

Los nicaragüenses conocen la violencia. Cerca de cien mil personas murieron durante quince años de guerra civil, otras miles huérfanas, otras quedaron, o lisiadas o paranoicas. No me extraña que Daniel Ortega tema que le ajusticien junto a su esposa. La estatua de Rigoberto López Pérez se encuentra en la antigua avenida universitaria nacional, y éste fue quien disparó contra el primer Somoza a quien le llamaban dictador.

Setenta mil casos de violencia en la familia fueron denunciados este año. La pobreza, la demagogia, la ansiedad de ser, la deficiente educación, el circo mal presentado, el vicio perverso, mantienen irritada a la sociedad. En el país repiten: “La gente se arrecha y le pega un vergazo a cualquiera”.

Enjuiciar a los guerreros
El nivel de violencia en el país se escapa de control, es cíclico. En cien años hubo tres guerras civiles, llamadas todas con simbología liberal. La dirigencia política no logra superar el liberalismo del siglo XIX en Nicaragua, y es que ni liberales son, sino como dice un dirigente obrero del campo: semifeudales.

He visto la furia arrasar ciudades y campos. El nicaragüense no aguanta fácilmente un bozal. A las personas les gusta decir lo que piensan, sentirse libres para trabajar o haraganear, o acumular capital honesto “con el sudor de la frente”. También le encanta guerrear.

El presidente Ortega debe nombrar los medios de comunicación que incitan a un atentado terrorista contra él y su esposa, y acusarlos en los tribunales. Hablar de guerra, atentado, ajusticiamiento, golpe de Estado, debe ser penado en Nicaragua, igual que la calumnia y la corrupción. El presidente Ortega puede ser conminado judicialmente por sus amenazas contra gremios o particulares que critican o adversan su gobierno.

Sin embargo, el problema económico de Nicaragua es el enriquecimiento por medio de la política. En el país no han creado mecanismos corruptos menos dañinos a los habitantes. El sistema ilícito que nos quiere dominar es inviable. Resultado: pobreza adquisitiva. Pobre calidad de vida. Pobre sabiduría. Pobre argumento. Pobre plan. Pobre escenario. Pobre utopía.

Todos los funcionarios públicos y sociedades privadas que se han enriquecido por medio de sus relaciones con el Estado deben ser denunciados. Sin distingos. Entonces podremos hablar de valores y actitudes rentables en una sociedad saludable, capaz, competente.

Metamorfosearse cuesta mucho. Todavía no estoy seguro si es génesis del nica, radiación astral, emanación telúrica, estoy convencido del todo. Cambiar todo lo lacerante del sistema no es fácil, pero tampoco imposible. Estemos lejos del Pitecantropus.

*Centro de comunicaciones y estudios sociales (Cesos)
http://sergiosimpson.ysublog.com