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En Nicaragua necesitamos algo más fuerte que un enema político que nos purgue del fraude, regule nuestro sistema digestivo electoral y expulse los parásitos del CSE. Necesitamos una renovación cívica que nos permita reconstruir las bases morales de la nación carcomidas por la gangrena moral de las cúpulas políticas. Este sapo es demasiado grande para tirarle una piedrita. Por supuesto que corregir el fraude es necesario y debe ser una condición justa para la ayuda, pero para poder seguir considerándonos un país civilizado debemos amputar la gangrena.

El voto nos hace libres. Este gobierno es hijo de la corrupción, no de la voluntad popular, su crimen lastima la viga maestra de la república. El fraude no sólo debe ser corregido sino además castigado. No se debe hacer borrón después de corromper el bien más preciado de la democracia. Mientras no erradiquemos la necrosis política, seguiremos junto con Haití en los primeros lugares de pobreza y corrupción del continente. Extirpar las verrugas del CSE y la CSJ sin eliminar la matriz política que las engendra, solamente haría que volvieran a nacer más grandes y fuertes. Se debe convocar de inmediato al pueblo para que con su voto (súper vigilado) pueda refrendar la legitimidad o lo espurio de este gobierno.

El orteguismo no solamente ha cometido fraude, también ha violado sistemáticamente unos doce artículos de la constitución relacionados con los derechos fundamentales a la vida, al trabajo, a la justicia, a la soberanía y a la libertad del pueblo. Permitimos la impunidad de asesinos y ladrones, toleramos que al pueblo y a nuestros jóvenes se les reprima en las calles con morteros y palos. Consentimos que se inhiban partidos, que se quiten diputaciones y leyes, así como todo tipo de atropellos judiciales contra los que no se someten a la ortodoxia oficial. Mientras la corrupción y la pobreza campean en nuestras propias narices con programas asistencialistas que mercantilizan el trabajo y atrofian el desarrollo.

Es vergonzoso que solamente desde afuera se tomen medidas para proteger nuestra propia democracia, y que la justicia extranjera haga por nosotros lo que deberíamos hacer aquí. ¿Acaso somos un país de eunucos? Los Estados Unidos y Panamá han retornado a Nicaragua parte del patrimonio robado por Alemán y Jerez, mientras aquí se los libera y resarce. En ese caso el gobierno de Obama no es injerencista, al contrario, se le aplaude por devolver lo robado. El falso nacionalismo del gobierno aflora sólo cuando los donantes no apañan la corrupción, ni certifican el fraude. El principal desestabilizador del país es el presidente. Responsable del desastre económico y de que el mundo se niegue a ayudarnos a combatir la pobreza, que él y sus socios han generado con su propia corrupción e incompetencia.

Desde Somoza hasta este segundo período orteguista, en Nicaragua la riqueza y los medios para producirla solamente han cambiado de manos mientras se triplican los pobres, sacrificados además en el espantoso matadero de la guerra de los 80. El somocismo robó todo lo que pudo y luego las cúpulas de Ortega y Alemán han continuado el pillaje. El dinero es el móvil del crimen, no sabemos a cuántos miles de millones asciende este saqueo que lleva demasiado tiempo ejecutándose. Lo que sí vemos es la opulencia de los facinerosos que contrasta oprobiosamente con la pobreza de la mayoría. Ahí están las mansiones, los autos lujosos, las joyas, las empresas, las haciendas, etc. todo adquirido por el simple arte de robar.

“Creo que deberíamos preguntarnos por qué somos pobres”, dijo acertadamente el obispo de Granada monseñor Bernardo Hombach. El país entero debe unirse para frenar esta infamia porque los corruptos no van a soltar sus privilegios por “amor a la Patria”. Todos los sectores, incluyendo a la empresa privada (no en sociedad con la corrupción), que ingenuamente cree que el desastre no afectará su patrimonio y ahora mira para el otro lado.

“Toda civilización que alcanza cierto grado de desarrollo está inclinada a practicar la educación. Así las sociedades toman conciencia de los valores de la existencia humana… La estabilidad de las normas depende de que la educación pueda conservarlas y transmitirlas”. Esta poderosa calibración del erudito alemán Werner Jaeger me hace peguntarme cuáles son la normas y los valores que estamos reproduciendo en nuestra cultura, me refiero solamente a los principios morales y cívicos, no al abismo educativo que nos separa del desarrollo económico y que debe ser la primera prioridad del futuro gobierno de unidad nacional.

Bajo ese lente todo el país pareciera un mal chiste, como el procurador Cabezas y la mayoría de funcionarios, diputados y ministros. Son ridículos y lo peor es que sus lujos los pagamos con nuestro propio dinero. Pero tenemos también el poder de recuperarnos como nación, la corrupción no es un mal incurable. Podemos encontrar líderes verdaderos, honestos y capaces fuera de los carteles políticos. Sandino como muchos otros de nuestros héroes no era político, ni militar, y sin embargo luchó por tener un Patria, ahora es nuestro turno.