Jorge Eduardo Arellano
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Después de décadas, con muchos y desastrosos desaciertos socioeconómicos y políticos que nos han sumido en un mar de incertidumbres, por no decir de frustraciones, me permito hacer las siguientes reflexiones y recomendaciones generales a nuestra ya desgastada y desprestigiada clase política, sin excluir a los “dirigentes” de la sociedad civil, ni mucho menos a nuestros “guías” espirituales:
Primero: Debemos aprender a respetar las leyes, tanto naturales como jurídicas. Es decir, que por una parte debemos buscar el desarrollo económico y social en armonía con los diferentes agentes económicos, el Estado y la naturaleza; y por otra, regular estas relaciones para que sean verdaderamente armónicas, mediante normas con poder legítimo, vigentes y que sean compatibles con todo el sistema jurídico, pues, como bien señala Hans Kelsen, “el problema de la justicia es un problema puramente ético, mientras que el problema jurídico se reduce a la validez de las normas”.

Segundo: Es imprescindible rescatar o implementar valores éticos y morales, mismos que se deben expresar mediante el reconocimiento del valor de los demás y la preocupación por ellos, independientemente de su nacionalidad, credo político, raza, sexo, idioma, religión, opinión, origen, posición económica o condición social. Se trata, pues, de aplicar la regla de plata: “No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”.

Tercero: El pasado debe servirnos para el análisis retrospectivo, y no para recriminarnos errores, peor si los utilizamos como estrategia política, ya que, “en una batalla política
--como dice el doctor Fidel Castro--
no se puede perder la moral acudiendo a disfraces y mentiras”. Además, debemos estar concientes, como metafóricamente señala Heráclito, de que “no podemos bañarnos dos veces en el mismo río porque sus aguas fluyen constantemente y el río deja de ser el mismo que era antes”.

Cuarto: Debemos ser críticos, por ser ésta una de las herramientas esenciales para dinamizar a nuestra sociedad, pero ésta debe tener el espíritu constructivo y bajo ningún punto de vista absolutista, o sea, que debemos respetar el criterio u opinión de los demás, ya que “la verdad de la cosa conocida es relativa al sujeto que la conoce”. Este relativismo subjetivista lo expresó perfectamente Protágoras. Además, debemos estar claro que la sana crítica no es sinónimo de enemistad, es todo lo contrario, sobre todo cuando se trata de buscar la verdad, tal y como lo planteara Aristóteles cuando en su momento no estuvo de acuerdo con su maestro y amigo, “siendo Platón y la verdad igual de amigos míos, siento el imperioso deber de colocar a la verdad por delante”.

Quinto: Otra recomendación o aspecto imprescindible, para 2008, debe ser la educación de nuestro pueblo, ajustada a nuestra realidad y necesidad. La primaria debe estar en consonancia con la segundaria, y ésta con la educación técnica y superior, haciendo énfasis en la técnica. Es necesario liberar a nuestro pueblo de la ignorancia, hay que crecer como pueblo y como nación. Se trata de la “salida del hombre de una minoría de edad debida a él mismo”, decía Kant, al referirse al oscurantismo de la época medieval, de la cual nosotros, parece que no hemos podido salir.

Sexto: Una de las causas, de todo lo arriba señalado, es la falta de educación teórico-práctica de nuestra clase política, que le dé sustento a sus respectivas ideologías. Por tanto, cada partido, incluyendo a la sociedad civil, debe formar sus escuelas de cuadro a fin de que sepan distinguir en qué etapa del desarrollo social y económico nos encontramos, y no se apliquen así concepciones político-ideológicas que nada tienen que ver con nuestra realidad. Esto les permitirá conocer y aplicar los factores subjetivos y objetivos que inciden en los acontecimientos, en el curso probable de nuestra historia o evolución a formas más complejas, como sería nuestra industrialización: Una burguesía económicamente fuerte y una clase obrera calificada y/o una sociedad civil “surgida --como nos dice Antonio Gramsci-- de las tramas de relaciones gremiales: sindicatos, partidos, iglesias, prensa, educación, etc., tomando por divisa la difusión constante de sus propios valores, sus propias creencias, sus propios ideales y hasta sus propios consensos sobre las actividades que debiera desarrollar el gobierno”. Estaríamos, pues --en un futuro que espero no sea tan lejano-- ante un sindicalismo gremial, no partidario, y a ante representantes de la sociedad civil salidos de los barrios y no de reuniones celebradas en hoteles cinco estrellas.

Séptimo: Debemos practicar un cristianismo --en el caso de los creyentes-- no sumiso, no domesticador, no de los débiles y fracasados, como criticara el filosofo alemán Friedrich Nietzsche, sino un cristianismo vigoroso, deseoso de justicia y de equidad, y de ser preciso, rebelde contra un orden impuesto que no satisfaga las necesidades de la mayoría. Un cristianismo que nos ayude a dar respuestas terrenales a los problemas terrenales, como bien nos indicara 238 años antes de Cristo el filósofo chino Siun Tse, “el cielo no posee conciencia y es parte de la naturaleza, en la que se incluye el sol, la luna, los astros, las estaciones del año, la luz, las tinieblas, el viento y la lluvia, y que la sucesión de fenómenos celestes discurren según determinadas leyes naturales, de modo que el destino de los hombres no puede ser regido por una insistente voluntad del cielo”.

Octavo: Se debe fortalecer a la familia como institución social y como fuente de afecto y apoyo emocional, bajo la premisa de que es la célula fundamental de la sociedad, y como tal, responsable de la socialización de los hijos, sin menoscabo del papel que en este sentido juegan o deben jugar los medios de comunicación masivos y el Estado. Conscientes que esta última institución lo que nos trasmite no es más que los “intereses de los gobernante, a través de los aparatos ideológicos del Estado” (Luis Althusser).

Noveno: Se debe concertar un diálogo nacional, pero previamente los sectores de la izquierda y de la derecha deben reunirse cada quien por su lado, a fin de buscar consenso político-ideológico, como una muestra de madurez política. Situación que le dará mayor seriedad al diálogo nacional y probablemente la eficacia y eficiencia que desea todo el pueblo nicaragüense.

Décimo: Finalmente, queremos decirle a nuestra clase política y a la sociedad civil en su conjunto, que la política cuando se practica como ciencia y como arte, es plena, produce satisfacción y seguridad a sus seguidores. Es en este contexto que Aristóteles al referirse al hombre en sentido genérico, dijo que éste “sólo puede realizarse plenamente en el interior de una comunidad política”. Definiéndolo como zoon politíkón --un animal político--.

* Sociólogo/Docente universitario.