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Con un comportamiento tan sentimental, sensible y sensitivo como el de Caresol, Watson mandó una nota despidiéndose de esta columna, y al final de la misma se quejaba de que Nicaragua se hubiese convertido en una zona de sombra o área ciega, igual a la en que se precipitó desintegrándose el avión de Air France el mes pasado. “Nos estamos desintegrando –escribió–. Lo sé y por eso de ahora en adelante me dedicaré a explotar un don natural: La magia que –según Santiago Montero– descansa sobre principios básicos de la ciencia, tal como la aruspicina o la astrología. La mía es una magia que, igual que la ciencia, se basa en la observación. Es una magia apotropaica, respetuosa de lo divino y la ley moral, y por lo mismo contraria a la homeopatía, que es la tercera pandemia del país a la que también puede calificarse de goecia o hechicería. La mía es teúrgia, una magia buena como diría el mago Calasiris, mi mentor. Mi lucha será contra la reencarnación de Aglaonice, hechicera tesalia, experta en predecir eclipses de luna llena y así engañar a las mujeres a las que convencía de embrujar la luna y poder hacerla bajar, y a través de ellas, víctimas del fraude, también engañar a sus maridos y amantes. No podré tener de aliadas a las Gallicenas, sacerdotisas de la isla de Sena de una divinidad gala a la que consagraban su virginidad a perpetuidad. Se sabe que podían calmar los mares y los vientos con fórmulas mágicas, metamorfosearse a voluntad en cualquier ser animado, vencer enfermedades incurables y, sobre todo, conocer y predecir el porvenir. Eran nueve y muy buenas, pero como dije no podré contar con ellas porque aquí escasean las vírgenes y las pocas que quedan no están dispuestas a serlo a perpetuidad.”

“Como dice el médico y astrólogo Wilfredo Álvarez –continuaba la misiva de Watson–, en este reino lo que abundan son las gallináceas, probables reencarnaciones de Zingua, reina de Angola, la más cruel de las mujeres, que inmolaba a sus amantes después de gozar con ellos; Zoé, esposa de un emperador chino, sentía especial placer en cohabitar con su marido durante las ejecuciones de criminales; Teodora, la mujer de Justiniano, se divertía viendo convertir a los hombres en eunucos, y así sucesivamente, aunque nada que no ocurra aquí. Pero me llama especialmente la atención Catalina la Grande nacida en 1729, y Emperatriz de Rusia desde 1762 cuando derrocó y mandó asesinar a su marido Pedro III. Para conseguir un poder efectivo concedió privilegios a sus aliados, no importándole para ello reducir a servidumbre a 800.000 campesinos. Murió en 1796. Fue considerada la versión rusa del ‘despotismo ilustrado’, sentido centralista y dirigista conque actuaron ciertos monarcas que se creyeron defensores de los mandatos de la ‘razón’. Antes y después de asesinar a su marido tuvo numerosos amantes y el nepotismo fue otra característica de su reinado. En fin, nada nuevo nos trajo el barco de la historia, y por eso es que al comienzo yo les decía que Nicaragua está en el tramo fatídico del planeta; en un frente intertropical monárquico que aspira a la eternidad; área ciega de tempestades y granizo; barrera de cumulonimbos. Zona de sombra.”

Dijo el de Managua: “Como perro del tiempo y mago, la visión de Watson es apocalíptica pero innegablemente apegada a la realidad que padecemos y a las épocas más siniestras de la humanidad que, junto con la fusión actualizada de Hitler y Mussolini, se reencarnan hoy en nuestra historia. Porque debo confesar que creo en las reencarnaciones. Prueba de ello es la reencarnación paulatina que como advertencia nos ofrece el mural en la Parroquia de San Rafael del Norte. Éste es un asunto que hay que puntualizar, pues así como decíamos la semana pasada que Roberto Rivas parece y actúa como un calamar gigante, hay diablos con apariencia de santos. Esto quiere decir que se puede reencarnar en espíritu y no necesariamente en apariencia, y puede haber reencarnaciones de animales o personas. Así, mujeres casquivanas que reencarnan en gallinas y viceversa; cocodrilos en diputados fáciles de detectar en la Asamblea cuando bostezan o hablan abriendo sus enormes tapas; mariposas que reencarnan en mariposas para no perder la costumbre, y hasta gallos ennavajados en reyes.”

“Este Tito Castillo –asaltó el de Masatepe la palabra– anda más perdido que Watson cuando asiste a procesiones y más desconcertado que Onofre Guevara si lo mandaran a rezar a una rotonda. ¡No entendió que la semana pasada pusimos a propósito lo de CUENTA RETRO (Y NO RETO) DEL MILENIO! Pero peor nuestro rey, que quiere ver en Obama la reencarnación de Reagan, cuando todo el mundo ve la de Tutankhamón, joven y galán faraón de Egipto, que en sus tiempos terminó con el período cismático.”


luisrochaurtecho@yahoo.com