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El diccionario de la RAE (2001) define secuestro, entre otras acepciones, como “retener indebidamente a una persona para exigir dinero por su rescate, o para otros fines”, el concepto general se aplica, con sus variantes particulares, en todas las legislaciones penales. También puede ser secuestrado legal e ilegalmente un bien mueble e inmueble. En el sentido lírico y/o político, al cual no nos referiremos, se dice pueden ser “secuestrados” los sueños, la felicidad, el porvenir, la paz, el desarrollo, las instituciones, los símbolos, el derecho…
El fenecido Código Penal (1974) establecía secuestro cuando “el particular que sin orden de autoridad competente o fuera de los casos previstos por la ley privare de su libertad a otro…” Agravantes, si se cometiese “por medio de violencia, coacción, amenaza o engaño, encerrare o detuviere a otro, privándolo de su libertad para impedirle el ejercicio de un derecho o el cumplimiento de una obligación para perjudicarlo en su persona o bienes, para obtener de él o de otro alguna ventaja…”. Se designa plagio cuando “por medio de violencia, coacción, amenaza o engaño, encerrare o detuviere a otro, privándole de su libertad con el objeto de obtener dinero por su rescate”. El actual Código (Ley 641) tipifica secuestro simple (quien sustraiga, retenga u oculte a una persona contra la voluntad) y secuestro extorsivo (quien secuestre a una persona con el propósito de exigir por su libertad un provecho, rescate o cualquier utilidad, o para que se haga u omita algo, o con fines publicitarios o de carácter político).

La víctima de este delito suele quedar con profundas lesiones psíquico/sociales. En la última década en Nicaragua (1998 – 2008) la media anual de secuestros/plagios fue de 69 casos, los años de menor incidencia fueron 2001-2005 (promedio anual 33), volviendo a observar tendencia creciente desde 2006. Las cifras (tasa 1.5 x 100 mil h) no llega a los extremos registrados en el Norte de Centroamérica y México.


Una beligerante organización no gubernamental mexicana: “México Unido Contra la Delincuencia”, fue formada a partir de las víctimas y familiares de secuestrados. El movimiento inició en noviembre de 1997, después de un mensaje televisivo promovido por un hombre quien después de ser liberado por sus captores, se dirigió a los televidentes: “pido a las autoridades que detengamos la violencia, el asesinato y los secuestros, y si no tienen manos para hacerlo, aquí están las mías…” entonces, en el impactante vídeo, presentaba sus manos con los dedos cercenados, al fondo, su rostro consternado. Otra organización con similar origen fue creada en Guatemala con el nombre de “Madres Angustiadas”.

Las noticias de los diarios nacionales ocasionalmente muestran casos de secuestros, en donde una persona o familia es encerrada y privada de su libertad por la violencia para beneficio económico de los delincuentes. El silencio suele ser común por miedo a los perpetradores, el trauma psicológico y la necesidad de olvidar. Los medios de comunicación al desplegar el suceso, con frecuencia pueden provocar mayores daños. Las atemorizadas víctimas se ven obligadas a cambiar estilos de vida, lugares de movilización, diversión y trabajo, agudizar sus medidas de seguridad.

Jaime Morales Carazo, vicepresidente de la República, de quien el maestro Guillermo Rothschuh T. se refiriera como: “erudito y lúcido entre el hervor de lenguas destellantes” en el prólogo a mi libro Entre autores y personajes (Bautista, abril 2005), en su reciente publicación “Negociación, Estrategia + Propaganda”, desde una didáctica y fluida exposición, incluye al final una entrevista del 30/9/08 donde relata la experiencia vivida en el secuestro del que fue víctima en México D.F. (30/10/1996). Aunque su propósito se centra en la negociación, quiero referirme al modus operandi en donde tres delincuentes en un taxi lo llevan a otro grupo en donde hombres bien vestidos (presuntos ex funcionarios de la procuraduría de justicia), lo despojan de sus tarjetas de crédito y claves para extraer dinero de cajeros automáticos y efectuar gastos; los “asaltantes comunes” se quedan con lo que la víctima lleva (prendas, reloj, efectivo). Morales no reconoce haberlo denunciado a las autoridades mexicanas, fue por lo tanto un “hecho desconocido”. Este tipo de casos, popularizado en la última década como “secuestro express” tiene distintas variantes afortunadamente aún no generalizadas en Nicaragua, entre ellas: esperar en la salida del cine, centro comercial, centro nocturno, entidad bancaria o áreas de estacionamiento; utilizar taxi en la vía pública o interceptar el vehículo del “objetivo”; interrumpir en la casa de habitación o negocio con poca vigilancia, oscuro y aislado. Actualmente los secuestros duran pocas horas, lo suficiente para interceptar, amedrentar y posesionarse de algunos recursos financieros o materiales. En algunos hechos la víctima amenazada acompaña a los delincuentes a sacar el efectivo de los cajeros hasta que la cuenta queda vaciada. Después lo sueltan amenazándolo con que no denuncie el hecho; insisten en conocer su residencia, trabajo y familia. Las víctimas actuales no son grandes empresarios, sino confiados profesionales, pequeños y medianos comerciantes y agricultores.

La investigación de estos delitos es compleja, no todos lo denuncian; los ejecutores se organizan, a veces identifican previamente a la víctima, en otras la seleccionan al azar “por su apariencia y descuido”; enfrentarlos requiere información policial y vigilancia pública inteligente. Hay que insistir en la prevención para que las personas (víctimas potenciales) se movilicen con prudencia, modificando sus rutas y horarios, no andar solos en áreas vulnerables; cuando el hecho sucede, ofrecer resistencia puede traer consecuencias fatales, hay que guardar la calma, no confrontar el rostro de los captores, escuchar con atención, no mostrar miedo excesivo porque ellos tendrán mas temor, tratar que las acciones se desarrollen con prontitud e informar a las autoridades con discreción. Ello puede contribuir a evitar que este fenómeno continúe desarrollándose.


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