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La vida moderna ha impuesto como una necesidad el acercamiento internacional tras un fin igual de necesario, como es la unidad o al menos la identidad política, sin la cual no habrá colaboración duradera y firme entre los países pobres. En torno a este acercamiento, también ha surgido un turismo oficial, gratis para los gobernantes y muy caro para los pueblos. Al menos nuestro presidente viaja con toda o parte de su familia a reuniones y cumbres que son más frecuentes que la materialización de sus propósitos.

¿Cuánto cuesta cada viaje? ¿Los souvenir se adquieren también a cuenta del Estado? Difícil saberlo con exactitud, por no decir imposible. Lo real, a simple vista, es que nuestro presidente dedica más tiempo y dedicación a ese tipo de relaciones internaciones que a los problemas nacionales, y aún menos a los asuntos locales, como los del Caribe nicaragüense. ¿Cuándo abordó en serio el presidente Ortega la cuestión indígena y su absurda declaración de independencia? Los problemas se multiplican en el país, y más escasa --o ninguna-- es la intervención serias del gobernante, y cuando se ocupa de ellos es para repetir el casete acusatorio y nunca para poner el casete explicatorio.

¿Cuántos viajes ha efectuado el presidente Ortega durante este medio año de 2009? He perdido la cuenta. Lo que no se me confunde es que detrás de cada cumbre se justifica la crítica a las posiciones que adopta en ella el gobernante con su falta de originalidad y su carácter complaciente hacia las posiciones del presidente Hugo Chávez. Estas posiciones son justas, pero no siempre, menos en boca de Ortega.

Junto a la integración de Ecuador y tres islas caribeñas al Alba --ya no Alternativa, sino Alianza Bolivariana-- se aumentó su burocracia, lo cual aumentará el turismo oficial. Allí se crearon comisiones ministeriales con una agenda de reuniones a efectuarse con la misma regularidad que las de los presidentes --cada tres meses, cuatro al año--, lo que significará más gastos en viajes, en preparación de condiciones, de acondicionamientos técnicos y materiales de locales y de mayor cantidad de viajeros en calidad de asesores y la parentela.

Son incalculables los costos de estos nuevos eventos burocráticos, pero serán una realidad tangible como los beneficios para los negocios del gobernante, su familia y sus allegados. En el país sólo se conoce de las pompas con que se anuncian las cumbres, y sólo se imagina que los gastos burocráticos superan las inversiones sociales. No se conoce que el país haga aportes económicos al ALBA, y eso hace más notorios los discursos de Ortega, como la cuota de la colaboración de Nicaragua a la Alianza.

La colaboración venezolana sigue sin ser incorporada al Presupuesto General de la República. Lo notorio aquí de la participación de Nicaragua en el ALBA, pero improductiva, es la proliferación de discursos, colores, lemas, consignas y anuncios de proyectos.

Los discursos del presidente Ortega no liberan de costos al país por su participación en el ALBA. Es necesario conocer la información al respecto para ilustrar a la población sobre lo que cuesta un viaje al exterior, incluidos los llamados viáticos en dólares que reciben las comitivas oficiales, y compararlos con lo que cuesta la construcción y el equipamiento de un centro de salud. Aunque, sin tener que esperar esa información, no sería un juicio aventurado creer que saldría costando más un viaje a larga distancia.

No sólo racionalizando los viajes al exterior el país ahorraría; también examinando dentro en los aparatos burocráticos “en tierra”, porque ahí prolifera la corrupción, destruyendo reservas económicas y normas institucionales. Eliminarla sería ahorrar para las obras sociales que el pueblo necesita. Hasta el presidente debería ahorrar discursos en eventos o cumbres internacionales con su clamor contra el injusto orden económico internacional, y el tiempo que gasta en ellos lo utilizaría atendiendo mejor los problemas internos.

El descuido de nuestros problemas mientras el gobernante se ocupa de política exterior más de lo necesario, y los costos que esto conlleva, está recomendando la “nacionalización” de su visión política y sus funciones presidenciales. Y si le sobra tiempo y capacidad --si quiere-- invertirlos en lo que él crea son las correcciones que la política internacional reclama. De lo contrario, las cumbres seguirán pareciendo refugios festivos de nuestro gobernante para “lucirse” y escapar de nuestras realidades económicas y políticas.

No está demás decir que no es Daniel Ortega el gobernante capaz de reorientar sus actividades presidenciales, porque su proyecto pro reelección lo ha proyectado hacia afuera para justificar su reclamo de solidaridad frente a lo que llama una “conspiración” contra su gobierno. Y porque luego, al regresar de sus periplos, viene intentando convencer al pueblo sobre lo bueno de su proyección internacional como líder del antiimperialismo y la unidad latinoamericana, buscando justificación política y moral para continuar en el poder. Y detrás vienen sus invectivas indiscriminadas contra la oposición, con mayor entonación represiva --aunque tenga poca variación en el discurso--, porque se ha convencido de que, aun cuando el pueblo le rechace a través de los votos, él es la conciencia del pueblo.

Desde esa torcida óptica del presidente Ortega es que pretende legitimar y limpiar el delito de birlar los votos en la última elección municipal. Piensa así, por la concepción mesiánica que él tiene de su misión en la historia de Nicaragua. Y para reforzar en él mismo ese mesianismo, es que a los viajes al exterior y su pertenencia al círculo de amigos en el ALBA les concede una primera importancia.

En ese su afán, el presidente Ortega cae fácilmente en contradicciones. Una de éstas se ha manifestado en que mientras en Venezuela reciclaba su discurso antiimperialista, en nuestro país presionaba a sus diputados para que redujeran aún más el Presupuesto General de la República para cumplirle al FMI. Y veamos qué clase de contradicción: allá, en la cumbre del ALBA, recalcaba su posición antiimperialista y defensora de la soberanía del pueblo nicaragüense, y aquí, ordena recortar del presupuesto los rubros sociales: salud y educación; transporte y empleos, y pide aumento para su propia burocracia, la de otras instituciones y en especial del CSE, su garantía de continuar en el poder vía fraude.

*Hecho este artículo, sucedió el golpe al orden institucional de parte del gorilato hondureño, en contra del presidente Manuel Zelaya, lo que motivó una reacción continental condenatoria del abrupto retorno a una práctica torpe de la reaccionaria burguesía local. Este hecho coincidió con la reunión del SICA, luego ampliada con los presidentes de otros organismos continentales. En este suceso, se hizo evidente, una vez más, el ostentoso, caro e inútil hábito del presidente Ortega de meterse dentro un bosque ornamental, ni siquiera justificable con el tonto argumento de que “también los pobres tienen buen gusto”.