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Extraño golpe de Estado el de Honduras, sin una junta militar de gorilas en el poder, sin calles ensangrentadas, sin desaparecidos, ni cárceles o estadios repletos de prisioneros. Tampoco cerró el Congreso, ni la Corte Suprema de Justicia, ni el Tribunal Supremo Electoral. Ni siquiera hay un Estado de Emergencia que suspenda las garantías y los derechos constitucionales de los ciudadanos. Al contrario hay un civil al frente del nuevo gobierno de transición, con un compromiso claro de realizar elecciones libres para el próximo noviembre tal y como establece la Constitución del país.

Los poderes del Estado con independencia y en pleno ejercicio democrático de sus facultades actuaron con rapidez para proteger la Constitución de las amenazas, violaciones y arbitrariedades del presidente destituido. Sorprendiendo al mundo en un golpe maestro democrático, Honduras en menos de 24 horas se vacunó contra el terrible mal que lleva más de medio siglo oprimiendo a los cubanos, una década a los venezolanos y por segunda vez a los nicaragüenses con el retorno del orteguismo gracias a una legalidad perversa.

La lección hondureña es un ejemplo democrático sin precedentes, las Fuerzas Armadas, el Congreso y la Corte Suprema de Justicia sacudieron su docilidad y su condición decorativa para con valentía y apegados al mandato constitucional preservar la democracia. La Constitución hondureña tiene grabado en piedra una prohibición en materia electoral que no permite ni siquiera una consulta específica para la reelección indefinida, que era el objetivo final del presidente depuesto.

Los caudillos socialistas del siglo XXI, acostumbrados a violar las constituciones de sus países y a reprimir salvajemente la libertad de los que no comparten su ortodoxia, se reunieron en Managua a desgarrarse las vestiduras y proferir todo tipo de amenazas para derrocar al nuevo gobierno hondureño con el estilo altanero del presidente venezolano y sus fantoches del ALBA. Esas amenazas imperiales de Chávez que ya las ha proferido contra otros países, nunca son oídas por ningún gobierno, organización regional o internacional.

Los usurpadores de Bolívar, Morazán y Sandino que hoy hablan sin derecho en nombre del pueblo hondureño y que hasta hace poco se limpiaban el trasero con la OEA y su Carta Democrática, hoy la claman junto con el presidente destituido, que también la omitió en la reciente reunión de San Pedro Sula. El sagrado principio de autodeterminación de los pueblos, que es invocado como letanía cuando Chávez y sus acólitos cometen fraude y otras fechorías domésticas, hoy desapareció como por arte de magia de su pomposo discurso seudorevolucionario e hipócrita.

De acuerdo con el Comisionado de los Derechos Humanos de Honduras el señor Ramón Custodio, los hondureños tienen también el derecho a la autodeterminación y señaló, además, que hasta el momento no se han violentado los derechos humanos de los ciudadanos, ni la legalidad del país. Esta declaración fue avalada por la Corte Suprema de Justicia y por miles de comentarios de ciudadanos hondureños en el portal de CNN cuando trasmitía en vivo los acontecimientos del pasado domingo en Tegucigalpa.

La comunidad internacional con su palabrerío inútil y su hipocresía democrática, no puede moralmente condenar al nuevo gobierno hondureño formado bajo la legalidad del país, y al mismo tiempo aceptar sin restricciones la dictadura en Cuba, que lleva más de medio siglo oprimiendo a su pueblo, mientras las reflexiones anacrónicas del tirano son repetidas de memoria por sus alumnos socialistas. Aunque desaten todas las formas de aislamiento con el nuevo gobierno hondureño, los pueblos latinoamericanos debemos estar advertidos de esta demagogia y oponernos abiertamente a ella.

El señor Custodio también declaró que los ex presidentes y ex cancilleres de Honduras emitirán un pronunciamiento de respaldo al nuevo gobierno y a las acciones tomadas para preservar la democracia y la institucionalidad del país. La mayoría del pueblo hondureño que no está representado por los demagogos del ALBA, no creo que estén dispuestos a hundir su país por un presidente que traicionó el mandato para el cual fue elegido como muchos de sus compinches que hoy lo respaldan. Por el contrario creo que el minoritario apoyo del ex presidente se diluirá rápidamente cuando la corrupción empiece asolearse.

No hay que ser un erudito en política para deducir que la sorpresa y la rapidez con que actuaron los poderes democráticos hondureños impidieron a Zelaya borrar las evidencias de sus malos manejos, razones suficientes para que Chávez y compañía ahora estén tan preocupados por reinstalar a Rosales lo más pronto posible de nuevo en el poder, veremos si el pueblo hondureño lo permite.