Edwin Sánchez
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¡Que agradezca, que no está en un calabozo!”, exclamó jubiloso don Jaime Arellano. Y algunos de los que se han proclamado como demócratas en Nicaragua, como don Jaime, gozosos lanzaron vivas y loas a los gorilas que se tomaron Honduras, en traje de saco y fatiga.

Y hubo golpe de Estado. Que CNN lo pinte como “sucesión forzada”, otros como “golpe de nuevo tipo”, golpe light, golpe vegetariano, golpe híbrido, golpe suave, no le quita su infame origen: militares reeditando lo que con mucha eficacia ejecutaron en el siglo XX.

Lo que se perpetró fue un golpe de Estado con Tango, casi sacando del sarcófago lo que el dictador Anastasio Somoza García ejecutó en 1947: un derrocamiento amenizado por la Banda de los Supremos Poderes, muy aplaudido por los que dicen representar al pueblo y bien bailado por los civiles, lo cual le dio, además del toque de queda automático, un cierto toque de elegancia.

Somoza García derrocó a su tío Leonardo Argüello, pero no se quedó, formalmente, con el poder. En su lugar, puso en la presidencia a Benjamín Lacayo Sacasa. El viernes 21 de mayo de ese año, la resolución 109 del Congreso consignaba la elección de tres designados para la presidencia, encabezando la misma Lacayo Sacasa. Ese efecto jurídico no fue sancionado por Argüello, sino por el propio presidente impuesto, para completar “constitucionalmente” el capítulo de la sucesión presidencial. Como se ve, lo de Honduras, no es ningún golpe de nuevo tipo.

El ejército catracho que muchos están deseando verlo, pasearse por las calles de Managua, sacó por la fuerza, a punta de tiros, y en la madrugada, al presidente electo democráticamente en ese país. Lo expulsó en pijamas a Costa Rica. Si eso es “constitucional”, si está “ajustado” a Derecho, deberemos revisar el concepto de democracia. Y sobre todo saber si con esta reedición de 1947, se inaugura la “Democracia del Siglo XXI”, como la otra cara de la moneda del “Socialismo del Siglo XXI”.

Que al presidente Zelaya se le acuse de proponer a través de una consulta, una cuarta urna para ver si la población estaba de acuerdo con una constituyente, no justifica el golpe de Estado que ahora lo tratan de maquillar y vestir de frac para presentarlo en sociedad, tendiéndole la alfombra roja de los eufemismos.

Pero si en Honduras cayó Zelaya, también en Nicaragua, cayeron algunas caretas de los supuestos demócratas. Oponerse al presidente Daniel Ortega no convierte a nadie en demócrata. Es bueno demandar los pesos y contrapesos en una democracia, como también condenar la ruptura del orden constitucional de cualquier otro país. No puede haber golpes buenos y golpes malos. Mientras Edmundo Jarquín hacía lo que cualquier demócrata haría, la vieja y la nueva guardia del PLI lo abucheaba.

Eduardo Montealegre le da un respaldo “de baja intensidad” a los golpistas de Tegucigalpa. Los demócratas circunstanciales atentan contra una democracia firme y duradera, misma que se buscaba con los Acuerdos de Esquipulas de 1988. Por otra parte, en un descaro del tamaño de “La Garnacha” y la Catedral de Managua, Roberto Rivas se atrevía a censurar el atentado y dar lecciones de democracia a los hondureños. Este si la sacó del cuadro, o en su caso, de la urna.

¿Adónde irá Nicaragua, si los que condenan a Ortega de autoritario, ovacionan los tanques y al gobierno de facto de Tegucigalpa y los que bendicen los fraudes, se rasgan cínicamente las sotanas que les facilitaron sus negociadas magistraturas?
Pero hay lecciones. El Presidente Oscar Arias rechazó de plano el golpe del domingo. Así demostró su talante de demócrata bajo cualquier fuego. El presidente Obama dijo: “Sería un terrible precedente si empezamos a retroceder otra vez hacia una era en la que hemos visto golpes militares como transición política en vez de elecciones democráticas”.

Este episodio tan gris para el Continente, rechazado por la Comunidad Internacional, alegra a cierta gente en Nicaragua, lo cual demuestra que lamentablemente aún estamos en pañales --- y muy sucios--- en cuanto a democracia se refiere.

Si el FSLN ha expuesto lo que es, algunos de los que se autoproclaman demócratas también enseñaron en estos días, lo que son capaces de llegar a ser.