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Colaboración como Miembro del CNE para:
“A 30 años del Triunfo de la R.P.S.”


De “El Jardín de los senderos que siempre convergen”, he resumido y actualizado éste texto especialmente para la serie “Diez escritores opinan sobre la Revolución Popular Sandinista”, auspiciada por esta página y el Centro Nicaragüense de Escritores. Nicaragua es un jardín edénico, pero en este jardín los senderos no se bifurcan sino que una y otra vez convergen en el mismo punto de partida. Damos y damos vueltas hacia el paraíso y siempre acabamos en el infierno. La noria infernal dando vueltas hacia atrás y los libertadores, como Sandino o Pedro Joaquín Chamorro, vueltos minoría y la minoría transformada en el Aullido del poema de Allen Ginsberg. Porque esta nacionalidad nicaragüense que duele y pesa como una cruz, es carga irrenunciable y esperanza de salvación. Esperanza porque pasando El Calvario ya no daremos inútiles vueltas en círculo, y llegados al Gólgota ya no encontraremos el Jardín de los Senderos que siempre Convergen. Encontraremos, luchemos por ello, tan sólo un sendero en línea recta: en un extremo Belén y en el otro el Reino de la Justicia. Ahora, cuando ya hemos recorrido bastante del camino de Belén al Reino no podemos volver hacia atrás. ¿No les parece absurdo que, después del avance que significó en nuestra Historia el triunfo de una revolución como la nuestra, nos regresemos al pasado dando vueltas en círculos, porque la reencarnación de ese pasado pretenda robárnosla?
El próximo 19 de julio NUESTRA Revolución Sandinista cumplirá treinta años de haber triunfado sobre la dinastía de los Somoza, hoy metamorfoseada en quienes detentan el poder. Pero como lo nuestro es nuestro, debemos saludar su contenido primigenio con todos los santos que cayeron luchando por la democracia y soñando con una Patria Libre. Libre de mentiras, fraudes, falsificaciones y corrupción. Porque todos esos muertos, nuestros muertos; todos esos santos caídos, son los treinta años de esta revolución y viven junto a Leonel Rugama gritándole con singular coraje a los falsificadores que quieren hacernos rendir por cansancio: ¡Que se rinda tu madre! La quieren vaciar de contenido moral, pero jamás hay que olvidar que esta revolución nació teniendo un contenido ético, rojo y negro, pero sobre todo azul y blanco que sirve de mortaja a quienes ofrendaron sus vidas por ella, y de estandarte a quienes jamás claudicarán ante dictadura alguna.

Mortaja y estandarte. Pienso en el escritor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal asesinado, hace más de 31 años un diez de enero de 1978, y en su multitudinario funeral, con todas las gargantas vaticinando el fin de la dictadura. Fue Pedro precursor como Juan el Bautista preparando, con su sacrificio, la llegada de ese Mesías que fue la revolución. Aún recuerdo a un muchacho herido por la guardia nacional, apoyándose en la valla del cementerio y gritando: “¡La lucha sigue. Viva Pedro Joaquín Chamorro!”, y que la gente que asistió no fue a enterrar a nadie, sino que a quitarle la mortaja al asesinado para levantarla como estandarte con el siempre actual y enervante lema de Pedro: ¡Nicaragua volverá a ser República!
No podemos los escritores ser neutrales y ciegos, y mudos por insensibles a nuestros problemas sociales, económicos y políticos. No hay frontera entre lo cultural y lo ético. No hay diferencias ni contradicciones ni dicotomías: “Sin ética no hay estética” fue el contundente argumento de José María Valverde para optar por el exilio y renunciar a su cátedra de estética en la Universidad de Barcelona, cuando el franquismo había iniciado en Madrid la persecución de otros catedráticos colegas y amigos suyos. Nosotros somos tan solo orfebres de la palabra. Pero no olvidemos que, como dijo Rubén Darío, cada palabra tiene un alma y alma tienen cada una de las palabras de los versos de Leonel Rugama, Ernesto Castillo Salaberry, José Mendoza y de todos cuantos cayeron luchando por conquistar la libertad o por mantenerla. Ahí radica su trascendencia y es la razón por la que con todo respeto saludamos en los caídos, el treinta aniversario que cumplirá el triunfo de la revolución el próximo 19 de julio. Para que no haya olvido. Pero para que también por respeto reflexionemos si todos cuantos vivieron y murieron como los santos, lo hicieron por lo que hoy sucede en Nicaragua. Que esta reflexión sea como un examen de conciencia y que cualquiera que sea la respuesta que nos demos, sepamos que no puede ir en menoscabo de lo sucedido: Porque hay algo de épico y eterno en todos cuantos, a pesar de luchar en bandos distintos, ofrendaron sus vidas por la patria. Todos, porque hechos polvo ya no importa quiénes éramos Abel y quienes Caín, tan solo que fuimos hermanos. Nicaragüenses todos.


luisrochaurtecho@yahoo.com