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Francamente me cuesta aceptar que habiendo reconocido la Corte Internacional de Justicia la plena soberanía y sumo imperio de Nicaragua sobre todo el Río San Juan, los vecinos puedan explotarlo económicamente y nuestro país no pueda cobrar ni un peso por ello. El Río es de los nicas, pero el negocio del turismo por el sur es de los ticos, se pronunció solemnemente la Corte.

Esta parte de la sentencia que reconoce a los costarricense el derecho a la libre navegación por el Río San Juan para efectos de comercio, transporte de personas y de turismo, no es antojadizo, pues la Corte se basó en una cláusula en ese sentido que establece el Tratado Cañas Jerez de 1858 bajo el concepto de “objetos de comercio”, lo cual fue definido ampliamente por la Corte, derivándose de ello pingües beneficios para Costa Rica.

Nadie podrá negar que, como en el reciente diferendo entre Honduras y Nicaragua, en el caso del Río San Juan la sentencia tiene algo de salomónica, pues le ratifica a Nicaragua lo más preciado: la soberanía absoluta y el sumo imperio. Pero le concede a Costa Rica la libre navegación inhibiendo a Managua de cobrar por permisos o trámites de ningún tipo, sin que los turistas y pasajeros requieran de visado ni tarjeta de turismo nicaragüense.

Somos los únicos dueños de los doscientos kilómetros del Río San Juan, pero las decenas de miles de turistas que lo visitan desde Costa Rica no tendrán que pagar ni un dólar a Nicaragua por navegar por sus aguas, pero San José se quedará con todo el producto del usufructo de uno de los caudales de agua más inmenso, impresionante y espectacular de Centroamérica. Es un contrasentido total. Pero ahí está la libre navegación con “objetos de comercio” impresa de manera imborrable en el Cañas Jerez, y que dio base a la actual interpretación de la Corte, que es de obligatorio cumplimiento e inapelable.

Es una ironía que el derecho a la libre navegación “con objetos de comercio” haya surgido después que Costa Rica le solicitó el favor a Nicaragua de que le permitiera sacar al Mar Caribe su café de exportación, a través del Río San Juan. Sin embargo, desde hace muchos años San José lleva su café al mercado mundial desde Puerto Limón. Pero en la era moderna surgió un negocio mucho más rentable: el turismo.

Aunque no lo acepten, la verdad es que el equipo negociador nicaragüense sufrió una derrota al ser rechazados sus alegatos acerca de que el término “objetos de comercio” sólo estaba referido a mercancías. Muy por el contrario, la Corte Internacional decidió que este concepto es algo genérico no sujeto necesariamente al significado que tenía hace siglo y medio cuando la firma del Tratado Cañas Jerez. Más bien el fallo adapta al presente el término comercio, y por eso incluye el transporte de pasajeros y el turismo, que es donde está gran parte del extraordinario flujo de divisas de los costarricenses. La inversión tica en el juicio, aparece ahora como una inversión muy rentable: millón y medio de dólares.

No obstante, la Corte le concede a Nicaragua la potestad de fijar calendarios de navegación y revisar pasaportes en los puntos de control establecidos. Los barcos ticos tendrán que llevar la bandera nicaragüense cuando naveguen por el río, para ser consistentes con el reconocimiento a Managua de su plena soberanía.

La pretensión costarricense más publicitada --pero no la más importante-- de navegación armada de sus fuerzas policiales, fue rechazada por la Corte. No podrá navegar por el Río San Juan para hacer intercambios policiales en sus puestos fronterizos con equipo oficial, incluyendo armas y municiones. Los barcos oficiales ticos podrán surcar el río, pero sólo en determinadas situaciones y para asistir a la población costera
Los habitantes de la zona obtuvieron de la Corte el derecho a navegar sin restricciones entre las comunidades ribereñas con el fin de satisfacer sus necesidades esenciales. Asimismo, fueron beneficiados con el derecho a la pesca de subsistencia en 141 de los 300 kilómetros de frontera con Costa Rica.

Ante los hechos consumados, no hay nada que lamentar, sino impulsar un verdadero proyecto nacional que priorice el desarrollo sostenible de la cuenca del Río San Juan para un sustancial aprovechamiento racional de tan importante recurso natural. Por otro lado, siendo realistas, y tomando en cuenta el poderío de la industria turística costarricense por el sur, hay que prepararse para impulsar proyectos binacionales en que ambos países utilicen sus respectivas fortalezas para beneficios recíprocos.

En cuanto al Río San Juan como motivo de disputa y división entre ambos pueblos, esto debe quedar sepultado para siempre. Además, hay que analizar profundamente los fallos de la Corte en los diferendos con Honduras y Costa Rica, para extraer las lecciones que pudieran ayudarnos a fortalecer nuestras demandas en el litigio con Colombia que tenemos pendiente en La Haya.


(*) El autor es Editor de la Revista Medios y Mensajes –gocd56@hotmail.com--.