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La revolución sandinista fue uno de los acontecimientos más importantes de fines de la década del siglo XX en Latinoamérica y una gran parte de Europa, pues no sólo se trataba de poner fin a la dictadura somocista. Los centros políticos contra el somocismo se radicalizaban por llegar a construir un nuevo sistema social democrático como la mejor forma de sustituir al viejo régimen dictatorial.

La victoria de las fuerzas antisomocistas y en primer lugar la conducción del Frente Sandinista consiguió la liquidación total de la tiranía el 19 de julio de 1979. Fue una fecha histórica porque se logró forjar sobre bases amplias una alianza democrática que en cierta manera algunos gobiernos de América Latina apoyaron. En ese momento el gobierno de los EU bajo la administración de Jimny Carter manifestó cierto apoyo apareciendo en primer lugar el respeto a los Derechos Humanos y otros principios democráticos relacionados con el cumplimiento del Estado de Derecho y las medidas que son resultantes del programa.

En cuanto a la región de Centroamérica, se sitúa la revolución nicaragüense de 1979 a la par de la Independencia. Sin embargo, tal cambio revolucionario destruyó el pasado colonial e independentista clásico sin reactivar las revoluciones modernas.

Estamos a unos días de “celebrar” los 30 años de tan colosal obra y que por circunstancias históricas no se llegó al final. La década del 80 fue un decenio agitado por la guerra, la economía se desquebrajó, el Estado de Derecho no funcionó, el Estado sandinista centralizó todo el poder impidiendo el desarrollo de los sectores productivos capitalistas y en alguna medida el estatal y al final la revolución del 19 de julio salió derrotada en las elecciones de febrero de 1990.

Pero bien que celebramos estos 30 años, por un lado, la democracia es inexistente, el pluralismo político y la economía mixta no se ha conquistado, queda como recuerdo; el poder electoral constituye a juicio de la oposición una fábrica de fraudes, de acuerdo con las últimas elecciones municipales realizadas el nueve de noviembre de 2008; el socialismo del siglo XX1 como sustituto del capitalismo no prende sobre la clase más importante, que dicho sea de paso, hasta hoy, no se ha descubierto esa clase. Entonces, qué pasa, los obreros se hicieron buhoneros y los campesinos fueron la base social de la Contra conformada por Guardia Nacional (G.N.) y los mercenarios. Este socialismo es un engaño y una farsa, y no puede relacionarse con los 30 años de la revolución sandinista pues ésta ya no existe, como experiencia es muy limitada y el socialismo del siglo XXI no tiene experiencia; murió antes de nacer.

El proyecto que planteó la Alianza antisomocista por medio de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional para derrocar al tirano y una vez alcanzada la victoria contra el dictador, las clases económicas que participaron en este movimiento antes del año fueron separadas del poder político en los primeros meses del año 1980; pero no de la propiedad capitalista, la conservaron. Alfonso Robelo al igual que Violeta Barrios de Chamarro miembros de la JGRN renuncian. Desde luego no se dio una crisis gubernamental; se resolvió rápido por el vacío dejado.

Ahora bien, ¿en qué consiste un aniversario de una revolución, a 30 años?. La década del 80 se puede interpretar de varias maneras. Primera pregunta, ¿existe continuidad de la revolución de 1979, a 30 años?, es difícil afirmarlo; se ¿consolida el pluralismo político, la economía mixta y el No Alineamiento?, lo único que se fortalece es la familia Ortega- Murillo; en definitiva todo el programa del Frente Sandinista y el de la JGRN, se vino abajo, solo quedó el de la familia Ortega -Murillo, es decir del Estado botín, el nepotismo, la demagogia, la manipulación dizque politizado y alfabetizado, la doble moral, la amenaza, el miedo, la herencia del pasado, por no decir el somocismo. De esto se desprende que la juventud, tanto estudiantil como en general, asimismo los trabajadores tendrán que rescatar el programa del FSLN con nuevos aportes, pero no de una manera dogmática. He ahí el dilema.