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El pasado 11 de julio se celebró la Revolución Liberal de José Santos Zelaya y el próximo 19 de julio se conmemora en Nicaragua la gesta histórica de una revolución popular contra la dictadura del liberal Somoza. Ya han pasado 30 años desde aquel entonces y el mundo ha evolucionado, pero muchas otras cosas siguen siendo iguales.

Sin querer desestimar esta última gesta, genuina y desinteresada por cierto, que luego se desvirtuó en un régimen comunista, creo que hoy en día no se ha comprendido su significado o más bien se ha quedado estancado en el pasado y no logramos rescatar la lección para afrontar con éxito los retos del mundo moderno.

Me pregunto: ¿Qué significa ser revolucionario en pleno siglo XXI? Sin duda alguna el sentido y espíritu revolucionario del pasado no es, ni puede ser el mismo de hoy en día, máxime cuando descartar las armas y la violencia debe ser un criterio unánime. El revolucionario que empuñó un fusil hace 30 años, no necesariamente es revolucionario hoy en día. Los retos, las realidades y los problemas son sencillamente distintos.

Las Revoluciones del Futuro obligatoriamente serán a base de educación, ciencia y tecnología, así como de la voluntad personal y colectiva de evolucionar nuestro pensamiento político, hasta ahora muy primitivo basado en el guerrerismo, el desorden y en el radicalismo, hacia uno moderno de actitud cívica y pacífica, respetuosa de la ley y el orden y sobre todo teniendo presente que no somos dueños de la verdad absoluta, ni mucho menos perfectos en nuestro actuar. La nueva generación de jóvenes nicaragüenses estamos llamados a revolucionar las teorías y los métodos hasta ahora implementados, que por sus pobres resultados ya son obsoletos y desfasados.

Ser revolucionario en la actualidad, más que creer en héroes y guerrilleros elevados profanamente a “dioses” implica adaptarse con éxito a la modernidad, superando los retos de producir más para alimentar a nuestra población, haciendo que con menos semillas y en menos tierras se logre cosechar más alimentos para nuestros hijos e hijas. Ser revolucionario hoy en día es hacer que nuestra niñez y juventud logre viajar por todo el mundo de manera virtual accediendo con las mínimas condiciones tecnológicas a una educación del futuro. Hoy, ser revolucionario significa invertir recursos y desarrollar antídotos, vacunas y procesos hospitalarios oportunos para asegurar la salud de nuestros enfermos, niños, mujeres embarazadas y población en general. Ser revolucionario hoy, conlleva redescubrir el valor de nuestros recursos naturales, aprovechándolos responsable y sosteniblemente, volviendo a Nicaragua en un destino latinoamericano obligado para los turistas de todo el mundo. Ser revolucionario hoy en día es generar energía renovable aprovechando nuestros ríos y volcanes y no depender más del petróleo extranjero. El espíritu revolucionario debe notarse en nuestras ideas de emprendedurismo empresarial que busquen producir lo que hasta ahora no se ha producido, inventar lo que hasta ahora no existe y generar riqueza y empleo para aplacar la pobreza.

El revolucionario del futuro está llamando a superar los métodos de lucha arcaicos y los liderazgos endiosados de los caudillos, así como dejando atrás los fraudes electorales, admitiendo de una vez por todas, la decisión popular emitida democrática y transparente en las urnas.

Ser revolucionario en el siglo XXI, en mi consideración, es admitir la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, reconociendo su papel protagónico en la sociedad; es reconocer que tenemos que de dejar de ser simples habitantes de un territorio y pasar a ser ciudadanos activos y responsables de una nación; es reconocer responsablemente nuestra paternidad y maternidad sobre nuestros hijos e hijas; es repudiar levantar la mano para maltratar a una mujer; es cuidar nuestras mascotas, entre muchas otras cosas.

Superar el dilema simplista del aislamiento internacional o la sumisión a los intereses de las potencias económicas del norte o del sur, proponiendo opciones más sensibles socialmente a estos procesos inminentes de integración y globalización, es una actitud revolucionaria en el mundo de hoy.

En fin, ser revolucionario en un mundo moderno, es redescubrir nuestra esencia misma como seres humanos y como nicaragüenses, para triunfar ante los retos que nos impone un futuro incierto y peligroso. Revolución es enfrentar el futuro en lugar de vivir atrapados en el pasado y sus fantasmas.

En el futuro que comienza ahora, no existirá revolución sin educación, ciencia y tecnología y no tendrán lugar, sino por las únicas razones de la paz y el progreso de los habitantes presentes y futuros de nuestra nación.


*Dirigente de la Juventud del Partido Conservador