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El cronista de la radio insiste en mentir. En vez de asumir con humildad su error, Joaquín Absalón Pastora, se empecina en afirmar que recibió un telegrama de mi parte, ordenándole el cierre de El Momento. Para tratar de pasar como verdad su mentira, apela a un telegrama enviado por la Dirección de Medios de Comunicación a La Prensa el 26 de julio de 1986 cerrando al periódico. En esa época me encontraba en México preparándome para presentar mi tesis de graduación en Sociología de la Comunicación.

Joaquín Absalón pone como testigo de descargo a Danilo Aguirre Solís, a quien dice mostró el telegrama con mi firma. Lo curioso es que jamás enseña el telegrama, la prueba de las pruebas, como lo hace La Prensa cada vez que desea enfatizar las órdenes de cierre que ha sido víctima a través de los años. Las razones para hacerlo son diversas; van desde dar a conocer las causas aducidas por los gobiernos para cerrarles, en qué momento y el nombre de la autoridad que tomó la decisión.

Jamás pude enviar ese telegrama, primero porque nunca existió y luego, puesto que decidí trasladarme al Ministerio del Interior, aceptando la invitación del Ministro Tomás Borge de montar la Dirección de Relaciones Públicas, para no seguir ejerciendo un cargo incómodo y difícil de jinetear. No dudo que Pastora haya ido donde Aguirre Solís a solicitarle intercediera ante el Comandante Borge dados los profundos lazos de amistad que tenían, pero miente al decir que ordené la clausura de El Momento. Más bien tercié a favor de su reapertura ante el Ministro del Interior. ¿No es así Comandante Borge?
Para no andar con circunloquios, como diría el mismo Joaquín Absalón, por honor a la verdad, pido a Danilo pronunciarse. No aducir que por haber ocurrido hace mucho tiempo no recuerda si iba o no con mi firma. Un telegrama de ese calibre nadie puede olvidar ni la firma ni su contenido. Era una dura estocada para su noticiero. Danilo sabe que no se trata de quedar bien conmigo o con Pastora, sino más bien de aclarar los hechos. Se trata de un asunto de peso histórico vinculado con el ejercicio del periodismo.

En relación a otras mentiritas contenidas en el texto, Joaquín Absalón dispone del tiempo necesario para corregirlas. Su afirmación que el ex presidente Luis Somoza murió antes que René Schick es errónea. ¿Qué nubló su mente o perturbó su ánimo para cometer semejante equivocación? Pastora escribe que Manuel Arana lo llamó en la madrugada para cubrir las exequias de Schick en Casa Presidencial. Esa noche divisó al tirano embestido de un poder absoluto, puesto que muerto René y Luis, el camino hacia la presidencia estaba despejado. (Medio siglo en la radio.- p.122)
El Presidente Schick falleció la noche del 3 de agosto de 1966 y el ex presidente Luis Somoza hasta siete meses y siete días después, el 13 de abril de 1967. Luis Somoza murió, se atragantó de mariscos que lo llevaron a la tumba. Pastora ni siquiera se percató que Luis Somoza fue quien organizó las honras fúnebres del presidente Schick. Esa noche en la Loma de Tiscapa el cronista dice que vio a Tacho embestido de un poder absoluto, puesto que su hermano mayor también había fallecido. ¡Joaquín Absalón por Dios!
¿Cómo interpretar su decisión de formar parte de la nueva junta directiva del PLI cuestionada por el Dr. Virgilio Godoy cuando en sus memorias afirma que no volvería a meterse en política? Pastora se queja con razón que el viejo líder del liberalismo fue objeto de una “sumaria traición” (p. 146) de parte de sus adláteres para formar parte del séquito de Arnoldo Alemán; una conjura en que por honestidad él no participó. Quedó tan impactado por la actitud de sus compañeros tanto que lo indujo a separarse “-totalmente- de todo lo que tuviera el mal olor de la politiquería”. ¿En qué quedamos? Pastora reincide en sus viejas mañas. Sus razones tendrá.