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La violenta separación del cargo de Mel Zelaya como Presidente de la República de Honduras ha originado, en términos generales, dos maneras para denominar el acto perpetrado por todos los poderes e instituciones del Estado catrachos: unos –los menos, incluyendo a los golpistas y un sector de la población- hablan de “sustitución forzada”, y otros – los más, incluyendo al propio Zelaya, un sector importante de la población y la opinión internacional- hablan precisamente de “golpe de Estado”.

¿Cómo vemos la cosa los nicas? Mejor dicho, ¿qué palabras empleamos para denotar la situación referida? Como no soy “analista político”, me contento con abordar el asunto desde la perspectiva lingüística. Para empezar, los nicas no hablamos de “golpe”, porque aun cuando golpeemos fuerte nunca empleamos la palabra “golpe”. Por eso la historia de Nicaragua nos habla del famoso “lomazo” (25 de octubre de 1925), para recordarnos el golpe de Estado que Emiliano Chamorro le dio a Carlos J. Solórzano, presidente legítimamente constituido.

Y es que el nica es muy creativo en la formación de palabras con el sufijo –azo, con la idea de golpe: pencazo, mecatazo, rielazo, guasmazo, güevazo. Pero estos sustantivos se emplean también para indicar un trago de licor:
-“Apurate, echémonos otro rielazo que aquí hay guaro a lo descosido”.

- “Este guasmazo que te serví es de coger raza”.

Un cachimbazo puede ser un golpe: “Le dieron tremendo cachimbazo en el tronco de la oreja”; un trago de licor: “Con ese cachimbazo que te metiste tenés para hoy y mañana”; algo en abundancia: Me asomaba a todas las esquinas de la Calle Candelaria y no me aburría de ver aquel cachimbazo de agua. (Carlos Mejía Godoy).

Un mamonazo es un golpe dado con un mamón, generalmente lanzado con una honda o simplemente con la mano; pero puede ser también una pedrada: “Fue mamonazo y medio, por nada le raja la nambira”.

Porque el hablante nicaragüense olvida constantemente la etimología popular, particularmente con palabras que designan golpes. Por eso, el cachetazo no necesariamente es el golpe propinado en el cachete; ni el trompazo, el golpe en la trompa. Del mismo modo, un chorejazo (choreja= oreja) ha pasado a ser, de una jalada de oreja a un llamado de atención, una reprimenda. Una pelea a puño cerrado entre dos gordos, es un duelo a timbazos: “Se fajaron a timbazo limpio”.

Asimismo, la caída estrepitosa de una persona obesa es un timbazo, aunque haya caído de nalgas: “Fue timbazo el que se dio el pobre gordiflón viejo”.

Pero las caídas, sobre todo estrepitosas, tienen también otras palabras más expresivas: marimbazo, tamalazo y sobre todo platanazo: “¡Y cómo se iba a poder levantar el gordito ése con semejante platanazo!”.

Por analogía con el significado de golpe, se han formado palabras como chiripazo (golpe de suerte) y chiflonazo (golpe del viento):
-“Chiripazo el tuyo, porque no habías estudiado ni papa”.

-“¡Quitate de allí, niña, que estás calenturienta y el chiflonazo te va a hacer malo!”.

El golpe de un fuerte aguacero, el nicaragüense lo describe con adjetivos abundantes y expresivos. En Chontales prefieren: cuerazo, coyundazo, mecatazo, reatazo y riendazo: “Arriate rápido el ganado, que se viene un coyundazo de agua y el estero se va a ahondar”.

Pero en general son comunes: güevazo, pencazo, pijazo, ramalazo, rielazo, turcazo y vergazo, término este último que entre damas se dice “elver”, por considerarse “muy elegante”.

El continuo alejamiento del valor etimológico con algunos aumentativos, nos lleva a expresiones curiosas. Cuando escuchamos, por ejemplo: “Juan sí es un profesorazo”, “anda en un carrazo”, “te sacaste una notaza”, “este es mi amigazo”, “aquél es tu hermanazo”, los términos profesorazo, carrazo, notaza, amigazo, y hermanazo no aluden a tamaño. No. Simplemente agregan un matiz de cualidad. Algo similar ocurre con expresiones como: “Te desmochaste un mondongazo”, “me lancé un vigorosazo”, “me tomé una cervezaza”.

Culazo es la mujer extraordinariamente atractiva: “Te gastás tremendo culazo”.

El sentido despectivo mediante esta sufijación se advierte en expresiones del tipo:
-“No te volvás a meter con ese tipo que es un maleantazo”.

- “Eso te pasa por andar con leperazos”.

- “No, si es un ladronazo de marca mayor”.

- “No te quejés, que ya sabías que él es un bandidazo de primera”.

Pronto el sufijo, en su evolución semántica, pasó a significar fraude, robo con engaño. Y el cuento ha sido el mismo, porque lo único que ha variado es el objeto con el cual se urde la trampa: “le dieron el billetazo” (porque recibió un billete falso); “fue un cadenazo” (con la compra de una cadena de oropel); “se trata de un checazo” (cheque sin fondo); “le dieron el sirvientazo” (porque alguien se presentó como sirvienta y les robó en un descuido), y así hasta el infinito: “carterazo”, “relojazo”, “pulseraza”, “chapazo”, etc. El otro día me contaba Uriel Molina, el gran fotógrafo, que en “El Mondongazo” le sirvieron sopa bastante aguada, y Agustín Alonso -mi ex alumno- le contestó: “¡Hombré, a vos sí que te dieron el mondongazo!”. Hace algunos años llegó a un pueblo de Chontales un individuo que se hacía pasar por doctor, pedía dinero por las consultas, hacía contratos por curas a corto, mediano y largo plazo, y cuando ya había reunido buen dinero, simplemente desapareció. Aquel día, el pueblo entero amaneció con la expresión en los labios: “¡Nos dieron el doctorazo!”.

Volviendo al asuntito aquel, ¿en qué quedamos por fin? Dejemos en manos del grupo de analistas políticos de Acoyapa, que coordina mi buen amigo y coterráneo León Núñez, para que analice a fondo la situación y se pronuncie, incluso sobre eufemismos novedosos como “golpe de nuevo tipo” y “golpe light”. Mientras tanto, el diálogo entre las partes en conflicto sigue su lento curso, con más trabas que avances, quizás con tácticas dilatorias por una de esas partes con tal de llegar -sin haber alcanzado ningún acuerdo- hasta la fecha de las elecciones presidenciales en Honduras. Como dice el poeta Rothschuh Tablada: “Todo eso está por verse”.


rmatuslazo@cablenet.com.ni