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Mente sana en cuerpo sano reza una premisa muy común en nuestra sociedad, más cuando se habla de salud casi siempre se hace referencia al cuerpo físico y no a la parte abstracta que mueve ese cuerpo, a la mente. Igualmente cuando hablamos de discapacidad casi siempre se hace referencia a las físicas: amputaciones, cegueras, deformidades, etc., y no se incluyen las mentales. En la Encuesta Nacional sobre Discapacidad se evidenció la poca prioridad que recibieron tales alteraciones. Específicamente hablando de la que nos ocupa, Mal de Alzheimer, está ausente prácticamente de todo tipo de registros.

Estadísticas y estudios internacionales hablan de prevalencias que van desde un 2% hasta un 47-50%, según se ubiquen en grupos de edades (desde 65 años a más de 85). Es decir, estamos hablando que en Nicaragua podrían existir más de 15,000 personas afectadas con la enfermedad de Alzheimer.

¿Qué se ha hecho y qué se hace por ellas? Muy poco o nada. La noticia reciente en un medio de comunicación de maltratos a una paciente con alteraciones mentales en la Unidad de Salud que atiende dichas afecciones ha puesto al tapete una debilidad concebida hasta hoy como una necesidad no sentida, y es la falta de atención al aspecto de Salud Mental en nuestro país. No se puede culpar a los especialistas que trabajan en condiciones deplorables en ese centro por las anomalías existentes. Decir que nunca se usaría dicha atención especializada en caso de necesitarla, en ese centro especifico, es injusto, más aun de parte de quien en algún momento utilizó dicho espacio y oportunidades para adquirir los conocimientos que hoy le permiten desempeñar labores y generar ingresos. Es una falta de respeto y de solidaridad para quienes han entregado años hermosos de sus vidas para intentar al menos un poco de calidad de vida a enfermos y sus familiares.

No es fácil asumir tal responsabilidad. Doctores Paiz, Aguilar, Delgado, López, y muchos otros: disculpas en nombre del gremio por algunos exabruptos de algunos colegas. Sus aportes a la comunidad son una especie de apostolado. Más sabiendo que las enfermedades mentales van representando un porcentaje importante en las causas de morbilidad y mortalidad en las estadísticas sanitarias, siguiendo a las enfermedades cardiovasculares, respiratorias, nutricionales y sociales (las producidas por la falta de acceso a la salud básica, al saneamiento, a la falta de agua potable), es decir, las que padecen los sectores más desprotegidos y vulnerables. La evidencia nos alerta sobre futuras consecuencias de problemas de orden mental: población desnutrida con tendencia a pobre desarrollo intelectual; población portadora de enfermedades discapacitantes con posibles secuelas neurológicas o psicológicas: 500,000 diabéticos, más de 1 millón de hipertensos que probablemente presentarán accidentes vasculares (derrames), miles más con deterioros cognitivos ( del conocimiento), miles de alcohólicos y fumadores, y tantos y tantos potenciales candidatos a tener un desorden mental por una y otra causa. Qué hacer entonces ante esta evidencia? Fomento y prevención en salud desde ya, y en todos los segmentos de la población, desde los infantes hasta los ancianos, a cada uno según sus capacidades y necesidades. Todos podemos contribuir a hacer realidad esta ficción si queremos seguir existiendo como nación. Intentémoslo hoy, mañana puede ser muy tarde.


*Fundación Alzheimer de Nicaragua
FADEN