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A Beatriz Guevara, compañera de clase, amiga, guerrillera, mi reconocimiento.

Hace 30 años, el 19 de Julio de 1979, triunfó la revolución Sandinista, que fue el resultado de una amplia, multifacética y heroica lucha popular, que terminó con 45 años de dictadura somocista e inició transformaciones -en todos los órdenes- marcados por el ideal antiimperialista y de justicia social de Sandino.

Efectivamente, aun cuando participaron diversas fuerzas, el FSLN -movimiento político-militar revolucionario- fue el conductor indiscutible del movimiento -democrático popular anti-somocista, que en distintas direcciones- frente guerrillero, guerrilla urbana, movilización e insurrección popular, huelga, alianzas nacionales e internacionales, etc.- actuaron no sólo para derrocar a la dictadura sino iniciar un proceso de cambios contra el sistema excluyente, injusto y dependiente que dicha dictadura y sus aliados habían impuesto y representaban.

Con la revolución por primera vez el pueblo llegaba al poder. En el barco de la revolución se montaron distintos sectores -algunos de ellos sólo con propósitos anti-somocistas o reformistas, que luego abandonaron la revolución porque ésta precisamente no sólo planteaba cambiar a la dictadura, sino un cambio de sistema, como lo había proclamado Carlos Fonseca, y como se comenzó a hacer realidad con las transformaciones políticas, socio-económicas y culturales en beneficio del pueblo y la nación nicaragüense, las cuales se desarrollaron en medio de grandes problemas heredados y de muchas complejidades internacionales.

Efectivamente toda revolución genera contrarrevolución al afectar privilegios e intereses. Dicha Contrarrevolución fue encabezada por el imperialismo estadounidense que consideraba a Centroamérica y Nicaragua su patio trasero; con la revolución Nicaragua se liberó del yugo de dominación norteamericana e inició un camino de independencia, soberanía, dignidad nacional y autodeterminación.

Estados Unidos sumó a su estrategia a las fuerzas desplazadas del poder por la revolución junto a otras que aunque cooperaron con el derrocamiento de la dictadura, no estaban dispuestas a acompañarla en su sentido de justicia, autodeterminación y redención social.

El factor externo contrarrevolucionario -representado por Estados Unidos- fue el de mayor peso en la confrontación y desestabilización que vivió y sufrió Nicaragua en los años 80, si no hubiera sido por la guerra, el bloqueo, el asedio y la desestabilización encabezada por Estados Unidos, el proyecto revolucionario se hubiera desarrollado de manera más plena e integral.

Aun así son indiscutibles los avances logrados por la revolución en ese momento, que muchos de ellos siguen vigentes a 30 años de su inicio: la democratización política y social de Nicaragua combinando la democracia representativa y participativa, creando un nuevo marco constitucional y legal progresista y humanista, una transformación profunda de la propiedad urbana y rural en beneficio de los campesinos y trabajadores, logrando una mejor y más justa distribución de la riqueza a través de las políticas sociales en educación, salud, seguridad social, reforma agraria y empleo; democratizando la cultura en beneficio del pueblo y no de las élites; la creación de un ejército patriótico y una policía humanista; con la creación de un Estado centrado, preocupado y ocupado por los intereses del pueblo y con una posición digna y activa en el escenario internacional que hizo del pueblo nicaragüense y su revolución un ejemplo para el mundo tanto por las enseñanzas y creatividad de la revolución como por su heroicidad, era David enfrentando a Goliat en una guerra desigual, ya que estábamos enfrentando a la mayor potencia imperialista de la tierra.

No pudieron derrotar la revolución ni con la guerra ni con el bloqueo, pero sí la desgastaron y eso condujo -entre otros factores- a la derrota electoral de 1990. A partir de 1990 el pueblo defendió las conquistas básicas de la revolución, resistiendo a las políticas neoliberales que abandonaron la responsabilidad económico-social del Estado, privatizaron la mayoría de los recursos públicos e hicieron retroceder los altos índices de desarrollo humano logrado por la revolución.

En este nuevo marco histórico y político de los años 90 -con la derrota electoral de la revolución y la caída del campo socialista en Europa del Este, junto a la propagación de la idea interesada del “fín de la historia”- de nuevo algunos abandonaron el barco de la revolución, creyéndose el cuento de Fukuyama y abandonando la causa revolucionaria que en algún momento abrazaron, terminando muchos de ellos como aliados de la derecha en el país.

Aun así la mayoría de las fuerzas sandinistas aglutinadas en el FSLN continuaron la titánica batalla contra el neoliberalismo y el imperialismo, defendiendo el proyecto patriótico, de justicia social y dignidad humana de Sandino, que sigue vigente. La llegada al gobierno nacional del FSLN y su acumulado político en la sociedad, en los gobiernos municipales y en los otros poderes del Estado está permitiendo recuperar logros perdidos y dándole continuidad a la revolución en nuevas realidades nacionales e internacionales.

La revolución sigue vigente porque muchas de las causas que la originaron siguen vigentes. Las tareas de liberación nacional y de liberación social son el norte que marcan las tareas revolucionarias que deben verse y lograrse en un largo proceso de acumulados de continuidad y de cambio. Nos corresponde a todos los comprometidos por un real cambio del sistema, un papel en este largo proceso histórico y político de la revolución, como le correspondió a los que lucharon para derrocar a la dictadura somocista, a los que construyeron y defendieron la revolución en los años 80, los que resistieron al neoliberalismo desde los años 90, y los que siguen -viejas y nuevas generaciones- enfrentando al neoliberalismo y construyendo la revolución desde distintos espacios -incluido el gobierno nacional. La revolución es una obra colectiva y permanente, a la cual debemos aportar -con consecuencia y coherencia- en cada etapa histórica, como la que vivimos y buscamos alcanzar hoy: una revolución democráticamente integral, anti-neoliberal, antiimperialista y solidaria.


(*) Profesor universitario UNAN-Managua