Jorge Eduardo Arellano
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Justamente el último día del año, el político se rebeló. Publicó un descarnado y explosivo artículo en EL NUEVO DIARIO bajo el anodino e intrascendente título de “Dos mil siete”. Tronó como un cielo enfurecido. Después de tres largos párrafos secundarios, en veintisiete intensas y dramáticas líneas deja al descubierto el caos moral de la clase política a la que pertenece, pero de la que, al mismo tiempo, trata de mantener distancia. Y expone lo que considera una debacle de Nicaragua.

¿Lo animan el resentimiento y el ánimo de venganza porque le quitaron la diputación y una cuantiosa inversión en el paraíso de Tola de donde fue expulsado por ángeles endemoniados? Él exige un poco de vergüenza y de decencia, o amor propio, aprecio a la familia o pudor ante el electorado, de modo que éstas serían las verdaderas razones de su tremebundo y, se podría decir, valiente escrito. ¿Lo consultó con su esposa antes de publicarlo, o con su tío, el ex presidente Bolaños?
--¿Qué te parece, mi amor?, le habría preguntado, y ella a lo mejor ni lo leyó, porque está harta de la incertidumbre en que ha vivido su familia desde que en el programa Esta Semana, de Carlos Fernando Chamorro, fue denunciada la extorsión en Tola de parte de operadores políticos del FSLN con oficinas en la sede de la Casa Presidencial. Los nervios casi le estallaron después, cuando en revancha el FSLN inició el proceso que le quitó la diputación a su esposo, Alejandro Bolaños Davis.

--No publiqués eso, te vas a meter en más problemas, podría haberle respondido.

Ahora el ex diputado hace una certera radiografía del político nicaragüense: “Aprovechado, charlatán, traicionero, deshonesto, pícaro, mezquino, puñalero”, aclara que sólo es una pequeña muestra de los adjetivos “que típicamente lo caracterizan”, y agrega que “tiene cola” e increíblemente añade, “y más de un cadáver en su ropero”. ¿Son las palabras de un hombre tan angustiado y atormentado que llegó al clímax de la desesperación? La rotunda y gravísima afirmación de que el político criollo tiene “más de un cadáver en su ropero”, ¿es sólo un exabrupto, o una metáfora, una figura literaria nada más? ¿O nos está diciendo, por ejemplo, que además es criminal y hasta asesino?
“Es de lo más esperado que haya realizado acciones al margen de la ley a lo que hay que agregar sus faltas morales…”, agrega Bolaños en su cruda caracterización del político criollo. Él es un dirigente político conservador que ha vivido muchos años con sus colegas de varios colores partidarios y, por tanto, los conoce. Todos sus adjetivos y otros elementos de su caracterización y cosas peores se escuchan a diario, pero
quizá sea la primera vez que un miembro muy conocido de la clase política hace tan específica, metódica y sistemática definición. ¿Leyeron su artículo sus colegas? ¿Pensarán que los traicionó exponiéndolos así ante la sociedad? Lástima que sea una minoría la lectora de los diarios. Quizá los políticos retratados en su artículo fruncieron el ceño, golpearon la mesa y hasta dijeron: “¡Ve qué ‘hijoeputa’ con lo que salió!” ¿Lo llamaron por teléfono y lo ofendieron? O no lo lograron porque, prudentemente, él no ha estado accesible.

En su sensacional artículo, el ex diputado divide claramente a los políticos en los del FSLN, y en los demás, y asigna con precisión algunas culpas. Por ejemplo, escribe que las acciones al margen de la ley y las faltas morales, han sido documentadas por un equipo de espionaje al que califica de “GESTAPO criollo”, que está al servicio del presidente Daniel Ortega y de la copresidente de facto, Rosario Murillo. ¿Entonces existe un aparato clandestino tipo Seguridad del Estado? Hay muchos rumores desde la derrota electoral del FSLN en 1990. ¿Sobrevivió la DGSE compactada y en las tinieblas?
Hace algún tiempo, en una entrevista le pidieron a Manuel Ignacio Lacayo caracterizar en pocas palabras a varios personajes, y cuando le mencionaron a Lenín Cerna, dijo que era un hombre con muchas gavetas. Una respuesta aparentemente intrascendente. ¡Pero qué va a ser! Estaba dando en el clavo, porque en las gavetas se guardan los expedientes, los mismos documentos a los que se refiere Alejandro Bolaños, quien señala específicamente a Ortega-Murillo de utilizarlos “para chantajear y amenazar con sacar los trapos sucios al sol y forzar al adversario político a que haga algo contra los supuestos principios, ideologías e intereses.”

¿Qué cosas tan terribles sabe Alejandro Bolaños? ¿Cuántas votaciones en la Asamblea Nacional fueron decididas mediante este sucio mecanismo gangsteril? ¿Qué ha ocurrido en los últimos días?
--Está hablando hasta por los codos--, dirá una voz preocupada.

--¿Deme la orden, jefe, deme la orden--, ruega solícito el verdugo.

¿Es posible que se dé en las sombras este diálogo tremendo en Nicaragua? ¿Algo así ocurrió en la víspera del asesinato de Carlos Guadamuz? ¿Ha quedado en peligro la vida del político conservador socio de ALN? Este peligro es algo que no lo afirma explícitamente Alejandro Bolaños en su revelador artículo. Vale la pena subrayar que lo publica en vísperas de que se abra la nueva legislatura, cuando hay enorme expectación sobre si se mantiene el bloque opositor mayoritario, o como lo adelantara el año pasado a Jaime Arellano el magistrado Rafael Solís, si el bloque es destruido, mediante la deserción de dos o tres diputados y cooptación de parte del FSLN al inicio de este año. ¿Sucedió algo al respecto?
Pero Alejandro Bolaños va más allá todavía, porque afirma que “los factores de poder de nuestro paisito ya se sometieron y/o se arreglaron, se repartieron el pastel, y se comprometieron con Ortega y Murillo a respetar sus respectivos feudos”, lo cual fue logrado, según especifica, con el chantaje y la amenaza de utilizar la documentación que la cúpula del FSLN tiene en su poder sobre violaciones legales y morales de sus adversarios políticos.

Y explicita quiénes son los sometidos: “Cabecillas políticos (nótese el uso del término peyorativo “cabecilla”), poderes, embajadas y gran empresariado, ya se acomodaron. Iglesia, Ejército y Policía también ya están comprometidos”. Bolaños adelanta que estos sectores “van a seguir la cómoda posición de neutralidad”, y menciona al respecto las últimas declaraciones pálidas de la comisionada Aminta Granera sobre “los camisas azules”. ¿Reaccionarán “los factores de poder”? ¿Replicarán a Bolaños? ¿Lo negarán?
“¿Hasta cuándo?”, se pregunta Alejandro Bolaños, como un grito de lamento. Y en lo que pareciera un último hálito de ilusión, pero trasluciendo desesperanza, dice: “Quisiera creer que todo tiene un límite”. Y aunque espera que en 2008 “el verdadero poder ciudadano despierte y actúe en contra de las arbitrariedades e injusticias”, más pareciera haber perdido la confianza, porque no descarta que las cosas continúen como están, ¡o empeoren!, y en este escenario, se sume en la derrota y en la religión: “…que Dios agarre confesada a Nicaragua, porque una nueva década de estupidez está a la puerta”.