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El domingo 19 de julio, se conmemoró un aniversario más de la revolución nicaragüense, llegando a sus 30 años. Aún está fresco en la memoria de la generación que le tocó vivir esa gran epopeya social, que dio al traste, al menos en cuanto a la forma, con una de las dictaduras militares más sangrienta de América Latina. Aunque han transcurrido tres décadas del derrocamiento del somocismo, sin embargo, el fantasma de los Somozas, aún pervive en nuestra sociedad con todas sus secuelas, vicios y resabios que legó la dictadura.

La dictadura fue todo un modelo degenerativo, en el cual el dictador impuso la corrupción como conducta atípica. Con la práctica de la corrupción, un segmento de la sociedad fue fuertemente influenciado. Lo que prevalecía en el somocismo, eran los antivalores, expresado en una mentalidad corrupta, represiva, donde lo que prevalecía era el enriquecimiento ilícito, el despojo de bienes, ausencia de todo principio de ética, fraudes electorales, fortalecimiento del caudillismo, desconocimiento de la probidad y transparencia en manejo de los recursos públicos. La revolución en sus primeros años, intentó transformar la vieja sociedad en una nueva, la que estaría fundada en valores, como la solidaridad, la honestidad, la ética, pero al final quien gana la partida no fueron los buenos, sino el que se impone lo malo, el antivalor, lo que se comprueba con sólo revisar el estado en que se encuentra el país, por esa circunstancia hay voces que aseveran que la revolución dejó de existir a partir de la década de los 90.

El fundador de la dinastía, Anastasio Somoza García, consolida su poder, con el asesinato planificado y ordenado por él, contra el General Augusto C. Sandino, el 21 de febrero de 1934. De manera que un criminal sin escrúpulos, es quien asume la conducción de este país. Después del asesinato de Sandino, el siguiente paso del dictador fue asestar un golpe de Estado, contra el Presidente de la República Juan Bautista Sacasa, despejando de esta manera el camino para alcanzar la presidencia de la República, cargo que asume en el año 1937. Haciendo uso de maniobras políticas, logra el dictador sostenerse en el poder por 10 años (1937-1947). En ese período, el dictador se enriquece, utiliza recursos estatales para beneficio personal. Extranjeros especialmente alemanes y japoneses, fueron despojados de sus bienes, el fetiche de declaratoria de guerra, contra Alemania y Japón, en la Segunda Guerra mundial.

Por presión interna e internacional, el dictador no puede postularse como candidato para las elecciones en 1947, por lo cual selecciona como candidato del Partido Liberal Nacionalista, a Leonardo Argüello. En esas elecciones se incurre en un enorme fraude electoral, pues quien gana los comicios es el candidato opositor Enoc Aguado Farfán, pero el dictador haciendo uso de la Guardia Nacional, altera los resultados a favor del candidato del PLN. Fueron pocos los días que duró en el gobierno el presidente Argüello, pues el dictador asesta un segundo golpe de Estado, poniendo en el cargo a su pariente Víctor Román y Reyes.

En 1950, se produce el famoso pacto de los Generales, firmado por Anastasio Somoza García y Emiliano Chamorro. El pacto creó las condiciones para que el dictador volviera al Poder, siendo electo para un tercer período 1950-1956. Los deseos de continuismo en el poder por el dictador, se vieron truncadas con el acto heroico de Rigoberto López Pérez, quien lo ejecuta el 21 de septiembre de ese año. Muerto el fundador de la dinastía, sus hijos Luis Somoza y Anastasio Somoza Debayle, continuaron su obra, pero en forma más cruel y represiva. Se repite la historia del pacto político (el famoso pacto del Kupia Kumi, entre Agüero y Somoza en 1972). Las elecciones de 1974, se reproduce el fraude electoral.

El somocismo, fue quien cavó su propia sepultura, el sistema creó las condiciones objetivas y subjetivas, para que el pueblo se rebelará. La lucha del pueblo contra el somocismo, fue dura, llena de sacrificios, de sangre, después de más de veinte años de lucha, se logra finalmente derrotar el bastión de la dictadura, la Guardia Nacional, en ese inolvidable 19 de julio de 1979. Con la victoria revolucionaria, las ratas del somocismo, abandonaron el barco, una parte sale huyendo del país, otra parte se quedó agazapada y escondida, esperando que las condiciones políticas cambiaran, para luego salir de sus escondrijos y madrigueras.

La revolución combatió los vicios del somocismo, en buena medida se erradicó la corrupción en el Estado, ubicando en puestos públicos, a personas honestas. No obstante, el proceso de cambio y transformación fue interrumpido por la guerra de los años 80, que desencadenó residuos de la guardia somocista, en el conflicto participa un estamento de la sociedad, que se había enriquecido a las sombras del somocismo, ambos grupos con el apoyo de los Estados Unidos, impusieron en el país el bloqueo económico y comercial, lo cual debilitó las fuerzas de la revolución, al punto que el gobierno revolucionario se vio obligado a tener que negociar con la cúpula de la contrarrevolución, lo que al final conllevó a tener que adelantar las elecciones generales, del 25 de febrero de 1990, en las cuales políticamente la revolución salió derrotada.

Después de 30 años de la revolución, lo único que queda, es el recuerdo lejano de esa memorable fecha. La revolución estuvo preñada de buenas intenciones, se soñó con tener una nación más unida, más solidaria; se aspiraba tener un sistema de justicia verdadero; una división armónica de poderes de Estado; que los procesos electorales se desarrollaran sin fraudes electorales; que no se repitieran los pactos políticos; que el fenómeno del caudillismo jamás regresara; que la corrupción fuera extirpada del Estado; en fin que nuestro país tuviera una senda de desarrollo económico y social para beneficio de todos. ¿Esos anhelos y aspiraciones se cumplieron con la revolución? Tristemente en todo este tiempo nuestro país ha tenido un retroceso, que se resume así:
En Nicaragua el 70% de la población se debate entre la pobreza y la extrema pobreza; corrupción en el Estado; Los pactos políticos, salieron como fantasma de la tumba; el caudillismo vuelve a tener presencia en los partidos políticos; los puestos públicos en el Estado se lo reparten los partidos mayoritarios (PLC y FSLN); todo el sistema de Justicia está plagado de corrupción; los fraudes electorales revivieron como en la época somocista, por ese panorama, es que muchos opinan que la revolución sandinista, no existe, que el proceso concluyó con las electorales de 1990. Lo más triste es que el sacrificio de los nicaragüenses, quedó en nada, los sueños por el que lucharon miles no se vio cristalizado. La revolución no fue lo que lo que pudo haber sido, por causa y culpa del modelo del somocismo, la corrupción contaminó poco a poco a los principales dirigentes de la revolución.


*Abogado y Notario Público

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