•  |
  •  |
  • END

Los sucesos de “El Chaparral” del 22 de junio de 1959, donde fue gravemente herido Carlos Fonseca Amador hasta hacía poco estudiante de la Facultad de Derecho de la UNAN, tenían agitados a los universitarios, que organizaron marchas de protesta en León y Chinandega. Pero la mañana del jueves 23 de julio nada presagiaba los trágicos acontecimientos que ocurrirían al caer la tarde de ese mismo día.

Siguiendo la tradición, el Centro Universitario de la Universidad Nacional (CUUN) había organizado el desfile de los “pelones” de primer ingreso. Pero esta vez, en homenaje a los caídos en “El Chaparral” y en señal de protesta, el desfile no sería bufo sino fúnebre. Todos los participantes irían de luto.

Seguro de que no iba a ocurrir ningún incidente, desde luego que los estudiantes tenían ya en su poder el permiso correspondiente extendido por el Comando Departamental de León. El Rector de la Universidad, Dr. Mariano Fiallos Gil, decidió viajar a Managua para gestionar un aumento presupuestario en una entrevista concertada, días atrás, con el Presidente Luis Somoza Debayle. Viajó en compañía de varios funcionarios de la Universidad.

En ese entonces me desempeñaba como Secretario General del Consejo Superior Universitario Centroamericano (CSUCA), con sede interina en la UNAN. También viajé a Managua, pero a una misión muy diferente: ese día estaba programada la visita de mis padres a la casa de los padres de mi novia, Rosa Carlota Pereira, para celebrar nuestro compromiso matrimonial.

Me encontraba en plena ceremonia de compromiso y ya había hecho entrega del correspondiente anillo a mi novia, cuando recibí una llamada urgente de mi tío político, don Juan Ramón Avilés, Director del diario “La Noticia”. Don Juan Ramón me comunicó que en la redacción del periódico se había recibido información sobre un acontecimiento muy grave ocurrido en las calles de León. Se decía que habían varios estudiantes muertos y muchos heridos, todo como consecuencia de los disparos de la Guardia Nacional contra una manifestación estudiantil. Inmediatamente traté de comunicarme con el Rector Fiallos llamando a la Casa Presidencial, pero me comunicaron que el Rector ya había salido para León. Las comunicaciones telefónicas con León estaban cortadas.

A la mañana siguiente tomé el tren de la madrugada para regresar a León. En ese momento, ya se conocían los apellidos de los estudiantes muertos: Saldaña, Martínez, Ramírez y Rubí. Yo tenía, en mi cátedra de Introducción al Derecho, dos estudiantes de apellido Ramírez: Erick y Sergio, ambos alumnos brillantes, y otro de apellido Martínez, no menos brillante. Eran de los alumnos que siempre se sentaban en la primera fila y participaban en los diálogos y debates.

Al llegar a León me dirigí a la Catedral, donde en ese momento salía la concurrencia con los ataúdes de los estudiantes muertos. Al primero que vi fue a Fernando Gordillo, quien me hizo una reseña de la tragedia y me confirmó que entre los muertos estaban dos alumnos míos: Erick Ramírez y Mauricio Martínez.

Al trasladarme a la Universidad encontré al Rector Fiallos profundamente abatido. Sentado en una silla mecedora, adolorido e indignado por lo sucedido, me dijo: “Carlos, he convocado a la Junta Universitaria para emitir una condena por este crimen incalificable. Sin embargo, el proyecto de acuerdo que elaboró un miembro de la Junta, me parece muy blandengue. Quiero que redactes otro proyecto en términos más enérgicos”. Hice lo que me pidió el Rector, quien luego me invitó a ingresar a la sesión de la Junta. Con algunas modificaciones introducidas por el propio Rector, el acuerdo fue aprobado por unanimidad, incluyendo el voto del Representante del gobierno en la Junta, que entonces lo era un hombre íntegro, el Dr. Modesto Armijo Lozano.

El histórico acuerdo decía así en sus puntos principales: “La Junta Universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, en presencia de los dolorosos sucesos ocurridos en la tarde de ayer, 23 de julio, que han conmovido la entraña misma de esta Alma Máter y de la Patria y durante los cuales resultaron cobardemente asesinados por miembros de la Guardia Nacional, cuatro estudiantes universitarios indefensos y heridos, cuarentitrés más, algunos de ellos gravemente”. ACUERDA: “-Condenar enérgicamente el crimen perpetrado ayer en las personas de numerosos estudiantes que sin haber hecho uso de violencia física alguna, fueron sacrificados en un acto sin precedentes en la historia de Nicaragua. –Pedir al gobierno de la República, el ejemplar castigo de los que resulten responsables de tan vil atropello, para que la conciencia universitaria y nacional que clama pronta y enérgica justicia, sea satisfecha. –Protestar ante la conciencia de América por la violación de los derechos fundamentales que sostienen nuestros ideales de Cultura y Libertad”.

La Universidad demostró que su Autonomía, recién conquistada, era una realidad y que sabía ejercerla.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus