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La región centroamericana ha luchado desde hace mucho tiempo por encontrar su propia dinámica de desarrollo sin lograr atinar a una estrategia conjunta de desarrollo para todos los países que integran el Istmo.

Dentro de los esfuerzos que se han hecho históricamente está el SICA e iniciativas como el Plan Puebla Panamá, ahora conocido como Proyecto Mesoamérica. También a la región ha llegado una visión sudamericana del desarrollo a través de la iniciativa ALBA-Caribe que viene envuelta en la florida retórica bolivariana del presidente Venezolano Hugo Chávez.

¿Cuáles son los principios centrales de estos enfoques del desarrollo para la región? ¿Cuáles sus estrategias y su articulación en la práctica? ¿Qué tan sustentables son una y otra visión del desarrollo a la luz de las disímiles realidades que enfrentan los países centroamericanos y del Caribe?
Por el lado del Proyecto Mesoamérica su estrategia se estructura en torno a varios ejes de trabajo claves para todos los países de la región. Uno de los principales ejes de trabajo es el componente energético. Se pretende lograr establecer una interconexión eléctrica entre todos los países integrantes del proyecto que son: Belice, Guatemala, Honduras, El Salvador, Costa Rica, Colombia, México, Nicaragua y Panamá.

Este objetivo requeriría de un compromiso asumido con mucha seriedad por parte de los Estados miembros para armonizar las legislaciones sobre esta materia de manera que se pueda crear una política común a este bloque regional. Hasta el presente se han invertido en este componente energético un total de 451 millones de dólares que han servido no sólo para financiar proyectos que hagan avanzar la interconexión eléctrica sino que también han financiado dos plantas, una en El Salvador y otra en Honduras, para la investigación y desarrollo de biocombustibles a partir de insumos no comestibles.

Si comparamos esta estrategia con la que propone el ALBA-Caribe en el rubro energético notaremos que en el tema energético la propuesta bolivariana carece de una estrategia clara para el bloque regional. A juzgar por lo que hemos visto a lo largo de los últimos años, la estrategia energética del ALBA gira alrededor de los subsidios o precios concesionales que Venezuela pueda dar a los países centroamericanos y caribeños. Esta práctica no sólo está vacía de estrategia de largo plazo sino que alienta el endeudamiento a largo plazo de los países que reciben créditos petroleros. Y si es en el tema eléctrico, como podemos constatar en Nicaragua la solución que provee Venezuela es el financiamiento de plantas generadoras a base de petróleo, las que resultan muy caras en términos económicos y ambientales.

Otro componente sustancial que vale la pena comparar entre el Proyecto Mesoamérica y el ALBA es el referido a la facilitación comercial. En este aspecto la primera iniciativa propone la construcción y mejoramiento de la infraestructura para facilitar los intercambios comerciales intrarregión como rehabilitación y equipamiento tecnológico de puentes fronterizos entre los países del bloque, así como la modernización de las aduanas y los pasos fronterizos. Además incluye un subcomponente de transporte que busca la creación de un sistema de transporte multimodal que incremente la conectividad de la región y la armonización de las legislaciones en materia de transporte. Además, dentro de esta iniciativa se propone la conformación de la Red Internacional de Carreteras Mesoamericanas a través
del trabajo coordinado de los ministerios y secretarías de transporte de los Estados integrantes de este proyecto.

Por su parte, el ALBA en temas de facilitación comercial guarda un silencio total sobre las estrategias centrales de desarrollo comercial para la región centroamericana y caribeña y tan sólo se limita a hacer ver la injusticia e inequidad de los modelos comerciales neoliberales sin proponer claramente cómo esta iniciativa pretende desarrollar e integrar un sistema de comercio eficiente y que facilite el desarrollo de los países adheridos.

En la parte comercial el ALBA propone un enfoque táctico que apunta a reducir las asimetrías de las economías de la región para que puedan comercializar y competir con mayor oportunidad. Este componente táctico según esta iniciativa se pondrá en marcha con fondos compensatorios que Venezuela aportará a los países adheridos. En este sentido vale la pena preguntarse ¿puede Venezuela por sí sola solventar las asimetrías económicas de Centroamérica y del Caribe con sus fondos compensatorios?
El Proyecto Mesoamérica contempla el establecimiento de mecanismos de desarrollo social en materia de salud, medio ambiente y vivienda. Estos mecanismos se pretende que estén coordinados a nivel estatal entre los países miembros. Esto implica también la transferencia de experiencias exitosas como el programa de viviendas populares de México, el Infonavit. Esta iniciativa articula y diversifica sus fuentes de financiamiento a partir del BID, BCIE, CAF y fondos que provee México en el marco del acuerdo de San José. Por su parte la estrategia de desarrollo social del ALBA consiste en luchar contra el imperialismo yanki.

A largo plazo los países como Nicaragua deberían enfocarse a proyectos estructurados y viables como el Proyecto Mesoamérica y dejar de perder oportunidades y tiempo haciéndole coro al presidente Chávez con su ALBA.


*Especialista en Economía Gubernamental y Administración Financiera Pública.

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