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Así como Simón Bolívar murió sin consumar el sueño de ver unida a Latinoamérica en su Gran Colombia visionaria, así también parece que los representantes del Alba se llevarán a la tumba esa misma pesadilla, gracias a que no lograron comprender la esencia y fundamento de ese formidable proyecto integracionista. Dicho proceso de unidad quedaría inconcluso porque termina con la vida transitoria de cada uno de sus benefactores y por su incompatibilidad con todo sistema democrático.

Muchos académicos que han especulado sobre la crisis del capitalismo y del socialismo del siglo XXI, no han logrado resolver el problema o enigma del “Demos Kratos”, un concepto que se traduce primordialmente en justicia y equidad social para que el pueblo pueda realmente ejercer el poder. Salvo que desaparezca el Estado y se instaure una anarquía en que las ideas de Bakunin se consumen, ningún país cumpliría nunca con la máxima etimológica de Democracia, cuyo viejo paradigma atribuido especialmente a EU, no pudo concretarse en su más válida expresión porque es ahí donde más se acentúan las diferencias entre ricos y pobres, la única mega potencia con grandes índices de pobreza y desempleo. Es decir, que la verdadera democracia es sinónima de justicia y equidad social, que otorga el poder al pueblo, sin necesidad de elecciones libres y periódicas ni el voto secreto o popular.

En toda Latinoamérica, salvo Cuba, el término Democracia en sí ofende al pueblo por la constante trasgresión a sus principios elementales, puesto que donde hay orden institucional estructurado, no puede haber “poder ciudadano” ya que la justicia, igualdad y equidad social se vuelven una simple quimera y utopía vulgar; a menos que en esa Nación exista un Estado anárquico, de gente superviviente reducida a la inestabilidad y desorganización donde cada quien actúe libremente a su propia conveniencia y posibilidad, sin esperar que el gobierno o la sociedad tenga que proveer sus necesidades básicas.

Paradójicamente Cuba sí es un país democrático, porque lo que acaba con la esencia democrática de todas las naciones es la propiedad privada que establece la diferencia entre los fuertes y débiles, de los que tienen con los que no tienen nada, de la aristocracia y la masa popular, entre unos pocos y las grandes mayorías... En Cuba los factores de producción (tierra, trabajo, capital) pertenecen al Estado, a todos o a nadie, de manera que no hay diferencia entre uno y otro; todos son arrendatarios de la tierra que nunca permanece ociosa, ni existen latifundistas oligarcas ni empresarios potentados… y sin embargo se levanta una producción diversificada de alto nivel competitivo que se invierte en indicadores positivos de salud, deporte, educación, acceso a la tecnología y al conocimiento técnico-profesional... o el mejoramiento en los niveles de vida de la gente; algo que tocaba seguir a los países del Alba, que debieron hacer una profunda transformación político-ideológica, de cultura y sociedad en todos los campos posibles del conocimiento humano, y desaparecer el orden institucional, el Estado de Derecho, los poderes y entidades publicas o todo lo que encierra la democracia actual propiamente dicha y consolidar los atisbos de anarquía o dictadura que alguna vez se transparentaron.

Así lo señaló Hugo Chávez, al afirmar que el caso de Honduras era una “prueba de fuego” para materializar y defender los postulados integracionistas latinoamericanos de Bolívar y Sandino. Mel Zelaya sería un ejemplo claro, un salto cualitativo a otra etapa revolucionaria bajo los auspicios del Alba, dando muestra de lo que se tenía que hacer para ejecutar el proyecto continental bolivariano-sandinista, imposible de realizarse por las vías democráticas legales.

Era necesario dar un paso fuerte y decidido, sin actitud pusilánime ni conclusiones irresolutas y advertir a Mel Zelaya que su regreso a la presidencia de Honduras debe ir acompañado de todas las falanges y áscares aliados, a menos que se entregue a la artillería golpista que lo espera con ansias y energía liberadora para despertar los espectros irreconocibles de la guerra civil. El estigma de la guerra en Centroamérica es por antonomasia, una necesidad cíclica o un mal de nacimiento, inherente histórico plenamente identificado con el ser vivo y la raza humana en general.

Hay que decirlo con mayor claridad: el proyecto Alba no puede estar asentado sobre las instituciones y deberes del caduco sistema democrático; su inmensa y titánica misión debe requerir al menos de un mecanismo eficaz para realizar sus magnánimos propósitos. En términos temporoespaciales, el Alba demanda continuismo y reelección, dictadura y anarquía, caos y desolación... es la asignatura que nos ha enseñado a buena hora la experiencia de soluciones prácticas de Honduras, cuando Zelaya se vio impedido de otorgar los derechos al pueblo mediante los mecanismos legales preestablecidos, y fue sacado violentamente del país por la clase política burguesa que detenta el poder democrático, viejo y anacrónico ideal de respeto a la ley, Estado de Derecho e instituciones públicas.

Es por eso perentorio tomar ya la urgente determinación de salvar el proyecto Alba avanzando con paso firme hacia Tegucigalpa, romper ese mediocre orden institucional y acabar de una vez con todo el aparato estatal, deshacer los poderes del Estado, el Supremo Tribunal, la Asamblea legislativa, el Ejecutivo golpista y hacer una expurgación de la estructura castrense... sólo así se podría restaurar al presidente legítimamente electo, ranchero y cultivador… Don Mel Zelaya, para crear un nuevo orden jurídico institucional, quizás con la conformación del aún postergado y único gran ejército latinoamericano del Alba, que se había concebido precisamente para la defensa de este proyecto continental integracionista.

Si los miembros del Alba esperan sobrevivir dentro del actual contexto internacional deben descifrar al intocable e incólume modelo cubano y resolver el problema emulando sus más característicos procedimientos; devolver a Zelaya a como salió, entrando por la fuerza con una nueva organización antidemocrática y aplastar la resistencia del anticuado régimen pseudo democrático impuesto por el ejército golpista.

Ya era hora que sonara una Diana de potentes cañones de salva que anunciara el retorno triunfal y permanente de Honduras al Alba, laureada con alfombra escarlata y suelo de obsidiana... si no esperemos ver el desgrane de quienes no lograron descifrar el código de la Habana... cayendo uno a uno como los rayos luminosos del sol en la alborada.


mowhe1ni@yahoo.es