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El exclusivo Club de los países ricos y desarrollados se reunió el 8 de julio de 2009, en la ciudad de L’Aquila (en Los Abruzos, una región situada en el centro de Italia). Los representantes de estos ocho países se reúnen anualmente en lugares pertenecientes a alguno de los miembros en la llamada Cumbre del G-8.

Se denomina G-8 a un grupo de países industrializados del mundo cuyo peso político, económico y militar es muy relevante a escala global. La pertenencia al grupo no se basa en un criterio único, ya que no son ni los ocho países más industrializados, ni los de mayor renta per cápita, ni aquellos con un mayor Producto Interior Bruto (PIB). En todo caso, la pertenencia no sigue criterios democráticos mundiales.

El año pasado (2008) en Japón, la cumbre del G-8 se despidió con poca deferencia ante la apremiante solicitud de gobiernos africanos y organismos internacionales de más ayuda pública para los países pobres, angustiados por la vertiginosa escalada de los precios de alimentos básicos. Desde entonces los precios han descendido, aunque algunos siguen muy altos.

Aunque el Grupo de los ocho ha reafirmado sus compromisos de 2005, de doblar la ayuda a África en el horizonte de 2010, existe un escepticismo acerca de la validez del mismo, sobre todo si se toma en cuenta los retrasos de Francia e Italia en el cumplimiento del compromiso anterior. En un intento de mejorar el cumplimiento, el Reino Unido ha propuesto la creación de una red consensuada de carácter contable que podría hacer público cada año lo que cada país del G-8 está haciendo en sus anteriores compromisos.

En la cumbre del G-8, el comunicado sobre cambio climático, economía mundial, comercio mundial, seguridad alimentaria y ayuda, contiene: “un buen número de buenas intenciones pero escasos compromisos concretos”.

Por primera vez los países más ricos del mundo reconocen que sería muy recomendable evitar que las temperaturas globales no suban más de dos grados, el nivel que los científicos señalan que no debería superarse si queremos evitar un peligroso cambio climático. En este sentido, se ha acordado que los países ricos deberán reducir sus propias emisiones un 80 por ciento antes de 2050 a fin de no superar ese nivel de temperatura.

Según el jefe de la diplomacia italiana, los líderes de las principales economías del mundo también tomaron en cuenta la carta que el Pontífice dirigió al primer ministro de Italia días antes de la cita y en la que pedía a los grandes de la tierra buscar soluciones justas para todos, especialmente para los más pobres y desfavorecidos.

El Vaticano, por su lado, publicó la tercera encíclica del Papa, Cáritas in veritate (‘Caridad en la verdad’) el pasado martes 7 de julio (2009). En ella, hace una denodada crítica del capitalismo salvaje que ha conducido a la actual crisis económica internacional y propone la instauración de nuevas reglas, basadas en la ética y en la solidaridad. Los cerca de 40 jefes de Estado y de Gobierno y máximos responsables de organismos internacionales que acudieron a la cumbre recibieron una copia de la encíclica, que dicho sea de paso ha sido ya traducida a numerosos idiomas.

El club de los países más ricos se volvió sobre sus talones y decidió cerrar la cita de este año en L’Aquila, de forma bien distinta, al promover un nuevo plan contra la crisis alimentaria. “Tengo la satisfacción de anunciar que se ha acordado dotar el fondo contra el hambre con 20.000 (veinte mil) millones de dólares”, anunció el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, en la conferencia de prensa que puso el colofón a tres días de cumbre en la ciudad italiana, asolada por un terremoto hace tres meses.

El compromiso, que se bautizó como: “Iniciativa de L’Aquila para la Seguridad Alimentaria”, llegó tras la última de las reuniones ampliadas que han caracterizado esta cita del G-8. En esta ocasión, a las discusiones sobre cómo reducir el número de personas que sufren malnutrición, se sumaron las grandes economías emergentes, varios países europeos y asiáticos que no están en el G-8 y representantes de ocho gobiernos africanos.

El grueso del nuevo fondo correrá a cargo del G-8 y de los países europeos que se añadieron a la cita del club de los más ricos, aunque muy pocos concretaron su aportación. La satisfacción de Berlusconi estaba justificada. No sólo porque la cumbre italiana tuvo éxito allí donde se fracasó en 2008. También porque, como resaltó el subdirector general del Programa Mundial de Alimentos (ONU), Staffan de Mistura, el fondo se amplió de 15.000 (quince mil) a 20.000 (veinte mil) millones de dólares “con un acuerdo de último minuto”.

La ONU cree que la intensa crisis económica empujará el hambre extrema a 100 millones de personas más este año, hasta superar los 1.000 millones de afectados. O lo que es lo mismo, una de cada seis personas en el mundo.

El empeño de Obama se debe en buena parte que tuviera éxito en actitud opuesta a la que mantuvo hace un año George W. Bush. Se aprecia en la filosofía del nuevo plan, que dará prioridad a subvencionar inversiones a pequeña escala que permitan a los agricultores de los países más pobres mantener y ampliar sus cultivos.

La cumbre del Grupo de los Ocho países más poderosos no logró asumir compromisos significativos en materia climática, lo cual acerca cada vez más al mundo a una catástrofe ambiental.

Para mantener el recalentamiento planetario general debajo de dos grados centígrados en los plazos establecidos parece insuficiente. Las temperaturas mundiales aumentaron 0,8 grados en los últimos 100 años, y llegarán a incrementarse a entre 1,2 y 1,5 grados en base a las emisiones de gases de efecto invernadero que ya están en la atmósfera.

Precisamente, Canadá, junto con China, Estados Unidos, India y los otros 13 principales países emisores de gases invernadero, más representantes de la Unión Europea, se reunieron justo antes del G-8 para debatir sobre el cambio climático en el Foro de las Principales Economías sobre Energía y Clima. Todo esto parece un mal augurio para las negociaciones de la 15 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que se realizará en diciembre en Copenhague.

A pesar de la relevancia de estas cumbres, las discusiones del G-8 no son nada abiertas, ni existe transcripción de las mismas y de los documentos preparatorios y, aun cuando han sido elaborados por funcionarios públicos de los países miembros, son generalmente también secretos y muy raramente salen a la luz pública. Los únicos documentos totalmente públicos son las declaraciones finales.

El G-8 ha ido buscando soluciones y estrategias comunes para hacer frente a los problemas detectados, en función siempre de sus intereses propios. Cumbre tras cumbre, se encuentra una invariable reafirmación por parte del G-8 de las bondades de la globalización neoliberal y un impulso continuo de las reformas que lo deben permitir: liberalización comercial y financiera, privatizaciones, flexibilidad del mercado laboral y políticas macroeconómicas deflacionarias como el déficit dos en el presupuesto y los elevados tipos de interés.

En muchas ocasiones, inclusive, este mensaje se ve diluido en los medios de comunicación detrás de anuncios espectaculares en temas como la lucha contra la pobreza, las iniciativas de reducción de la deuda o las ayudas en la lucha contra las enfermedades infecciosas como el sida o la malaria.

Aunque el G-8 no tiene formalmente capacidad para implementar las políticas que diseña, en la práctica y a manera de conseguir ejecutar sus iniciativas, cuenta con el poder de sus países miembros en las instituciones internacionales como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el FMI o la OMC.

De los cinco miembros permanentes (con derecho a veto) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, cuatro son miembros del G-8 y, en el marco del Banco Mundial y el FMI, estos países acumulan más del 44% de los votos. En las negociaciones en el marco de la OMC, los países del G-8 también acostumbran a funcionar como un bloque formado por Canadá, Estados Unidos, Japón y la Unión Europea.

Se ha dicho hasta la saciedad que lo que en realidad ensaya el Grupo de los Ocho es salvar el capitalismo en detrimento de todos los países, agravado esto último al mostrar poco esfuerzo en considerar que, una vez superada la presente crisis, no habrán cambiado mayormente la fisonomía económica y social que ha sustentado al planeta a lo largo del último siglo.

La crisis, de acuerdo con el Grupo de los 8, es económica y financiera. Me apunto a que una vez más, estarán equivocados. El modelo también deja mucho que desear y por ello hay que adecuarlo, de la misma manera que tendrá que ser adecuado el paradigma, en su todo.


* Jurista, Politólogo y Diplomático.