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Los y las gobernantes del Norte invirtieron millones y millones de las reservas de sus pueblos en salvar “sus” bancos especuladores quebrados. Y pareciera que también invirtieron el dinero prometido a la ayuda al desarrollo. Salvan a bancos, pero no a la gente: la pobreza crece --en el Norte y peor en el Sur.

Actualmente han revivido en el Norte muy convenientemente la discusión, si la ayuda al desarrollo llega o no llega realmente a su destino por la fama de corruptos que tiene históricamente una gran parte de las y los gobernantes del Sur.

Corrupción siempre ha habido en todo el mundo, en Norte y Sur, y según las listas de Transparencia Internacional, donde están plasmados los países del mundo y su grado de corrupción, se puede deducir que entre más rico un país es, menos corruptos son sus gobernantes. Eso nos indica que entre más empobrecido un país es, menos poder tiene la gente para analizar la política en su país, para enjuiciar y cuestionar a sus gobernantes corruptos. Entonces, pobreza y corrupción caminan paralelamente, porque pobreza significa, entre otros, hambre y falta de educación. Quien tiene hambre está preocupado por sobrevivir y no puede pensar en política, y quien no conoce sus derechos ni tiene oportunidades para reclamarlos, permite que gobernantes corruptos y sin escrúpulos lleguen al poder y se mantengan en él.

¿Por qué ahora, cuando los gobernantes del Norte invirtieron en los bancos y cuando la gente más vulnerable del Sur está siendo revolcada por los efectos de la crisis, por qué se levanta de pronto la interrogante de la corrupción en el Sur?
Históricamente muchos gobernantes del Norte no les ha importado apoyar a gobernantes corruptos del Sur, pues reconocieron que fueron sus protegidos. ¡Pero ahora la plata se ha escaseado y el patrimonio no tiene el mismo valor! ¡También la moral tambalea! No puedo quitarme la impresión que se me vino a la cabeza inmediatamente después de haber leído en estos días un documento donde estaba la propuesta de quitar la ayuda al desarrollo por castigo a la corrupción o por castigo político. ¡Me da la impresión de que están queriendo ahorrar con nosotros! ¡Están buscando un pretexto para no dar la ayuda prometida al desarrollo de nuestros países, la ayuda a los pobres!
Viviendo en una zona rural en el trópico húmedo de Nicaragua, donde vivo a diario bajo agua y lodo trabajando para poder comer y para poder servir a mis semejantes, me doy cuenta a primera mano que mientras los políticos se pelean, unos quitando la ayuda como castigo y otros rechazándola, siendo orgullosos y caprichosos, la gente aquí abajo anda desesperada por la sobrevivencia.

Desesperada, porque no hay empleo y porque sus productos bajaron de precio:
Los taxistas dicen que no encuentran clientes, la gente camina a pie o no tiene necesidad de salir de su casa. Las madres sacan a sus hijos e hijas de las escuelas para emigrar a las ciudades o a otros países en búsqueda de la vida.

Las niñas y los niños andan de arriba para abajo y miles perderán el año escolar por el desempleo de sus madres y padres. Los ganaderos exportadores tienen parado el negocio porque el precio del ganado se cayó precipitadamente y no se levanta desde hace casi un año. Los campesinos que han mantenido una vaquita o un chanchito por ahí como alcancía para echar mano a la hora de una enfermedad o en cualquier otra emergencia, ya no pueden contar con ese valor cultural, porque nadie les compra el animal, y si lo quieren, lo quieren casi regalado. Los productos de la finca bajaron de precio, por ejemplo en la hora de la siembra se compraba el quintal de quequisque a 1,500 y hoy en día el quintal está a 200 Córdobas.

Y como me decía ayer un productor: “Estamos regresando a los tiempos de mis bisabuelos, donde tenemos que comenzar a apropiarnos de la costumbre del trueque: Yo te doy cacao para tu pinolillo y vos me das maíz para mis tortillas.”

El pueblo empobrecido está sufriendo las consecuencias de la crisis, una crisis que cayó como le cae el yugo al buey, sin haber hecho nada para ganárselo y sin poder quitárselo.

Por eso es inaceptable que los gobernantes del Norte estén buscando pretextos para no cumplir con sus promesas y con su responsabilidad moral e histórica con la ayuda al desarrollo.

Igual de inaceptable es escuchar que nuestros gobernantes caprichosamente --haciendo uso del orgullo nacional-- despidan a los países que ofrecen su ayuda. Aludiendo que no necesitan ayuda que les exige transparencia, participación ciudadana y más democracia. En Nicaragua le damos gracias a la ayuda del pueblo venezolano, pero también sabemos que Venezuela no podrá reponer toda la ayuda que dan los otros países. Nuestro gobierno no puede tomarse el derecho de rechazar la ayuda que el pueblo necesita. Pues las campesinas y los campesinos necesitan levantar la producción, las niñas, los niños y las y los jóvenes deben ir a la escuela, las maestras y maestros necesitan sueldos dignos, las niñas, niños y mujeres necesitan medicina gratuita y atención médica. La agricultura en este país eminentemente agrícola no debe caer. La educación que signi­fica desarrollo y futuro debe garantizarse en cantidad y calidad y nuestra juventud debe encontrar sentido a la vida en su propio país. Ningún gobierno ni parlamento en el mundo tiene el derecho de cortar los presupuestos de la educación.

Sin la ayuda al desarrollo de todos los países comprometidos con nuestros pueblos no podremos sobrevivir la crisis. Los países cooperantes deben encontrar la metodología necesaria para entregar la ayuda, ¡pero no dudar en la entrega! Nicaragua siempre ha tenido gobiernos criticables y deficientes. ¿Por esas deficiencias no garantizarle al pueblo los servicios básicos, educación, salud, medioambiente y agua? ¡No entregar la ayuda es indigno!
Mientras unos están evitando cumplir con sus compromisos, otros quieren tener el dinero en sus arcas sin condición. Y mientras pasan esas tácticas y pleitos, el pueblo muere de hambre, mientras tanto nuestras niñas, niños y jóvenes se están quedando sin educación, y mientras tanto nuestras esperanzas hacia un desarrollo digno y sostenible se espuman para no volver.

El pueblo necesitado está aquí abajo, por ejemplo aquí en el campo de la RAAN y de la RAAS, tirando machete todo el día sin esperanza, aquí en los barrios de las casas de cartón y plástico, aquí en las escuelas sin maestras y sin pupitres, aquí en los centros de salud, con sus enfermos amontonados sin camas y sin medicinas. ¡El pueblo necesitado siempre ha estado aquí!

*La autora es pedagoga y miembro del grupo W8:
www.oxfam.org/es/campaigns/health-education/w8-ocho-mujeres-una-voz