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La reciente carta encíclica de Benedicto XVI “Cáritas in Veritate” (La caridad en la verdad), ha despertado una gran polémica en los círculos intelectuales, políticos y eclesiástico. Algunos ven en la carta papal escrita ex cátedra, por ende infalible, una excesiva concesión a la filosofía marxista, otros ven en ella el más fino humanismo por los más necesitados y sobre todo una rubrica oportuna a la doctrina social de la Iglesia Romana. Una doctrina social tardía en una Rerum Novarum contestataria a un marxismo en sus inicios.

Para contestar el por qué de las múltiples interpretaciones de la carta papal se hace necesario hacer un análisis estructural del texto de Benedicto XVI, el cual cuenta con tan sólo 58 páginas. Una herramienta útil que nos permite este tipo de análisis es el que los psicólogos lingüistas llaman “frecuencia léxica”. Esta frecuencia se da en todo texto de dos formas, una desde el punto de vista posicional, donde se analiza la frecuencia de la posición de la sílaba estudiada y la otra de frecuencia silábica total que analiza la frecuencia del léxico independiente de su posición.

En el caso de “Cáritas in Veritate”, la palabra “verdad” y sus derivados verdadero o verdades, aparecen 190 veces y la palabra “caridad” 96 veces, aunque ésta se complementa con la palabra “amor”, que aparece 63 veces. Una interpretación aligerada vería el documento con “anemia” de fe por la escasa aparición de la palabra, pues solo aparece 23 veces. Lo correcto es verla relacionada y nutrida a la palabra “verdad” por la intercambiabilidad y complementariedad conceptual que maneja el pontífice. La palabra “social” después de “verdad” es la que con más frecuencia se expone en el texto, (146 veces) y la palabra relacionada con la preocupación papal de lo social, “pobreza” o “pobre” es mencionada 55 veces. La palabra “globalización” se menciona 31 veces y sobre todo en forma variada entre lo crítico y lo correccional con adjetivación florida. Sorprende en vista de los comentarios a la encíclica, observar que las palabras “socialismo” y “capitalismo”, las cuales tienen una cierta carga ideológica, no aparecen ninguna vez en texto del vaticano. De hecho, los “ismos” expuestos en la encíclica son escasos y variados. El que más destaca es la palabra “humanismo” definida con la acostumbrada liga teológica exclusivista del Vaticano.

Muchas de estas palabras repetitivas en la encíclica, están ayunas de una profunda explicación. Parece ser que el Papa supone de entrada, que dichas palabras como “verdad”, que es constante su reiteración “singularizada”, es algo que ya se entiende en la tradición de su Iglesia. Un dogma de soberbia eclesiástica excluyente a otros puntos de vista y otras verdades que hay en el mundo. Nos recuerda la frase que ya es tradición en la Iglesia romana, “fuera de la Iglesia no hay salvación”. Estos términos abstractos preclaros en la mente del Papa se prestan a interpretaciones múltiples en los creyentes y los incrédulos; excelente logro propagandístico. Cuando uno se mete en el “laberinto de lo abstracto” de la mente de un líder religioso, se corre el riesgo que el mensaje del emisor y su intencionalidad no esté en sintonía con la interpretación que hacen los receptores del mensaje.

Pero no es completo este análisis si no destacamos el contexto del escrito Papal y sus probables intensiones. Está elaborado en un mundo en franco descalabro financiero y en un mundo donde la Iglesia Romana está en crisis. Se percibe en la encíclica los sueños del devenir histórico que añora la Iglesia Romana; pues al abogar por un gobierno mundial que controle la “despiadada globalización” nos recuerda a la Iglesia Católica del siglo IV, cuando con la alianza del poder del emperador Teodosio manifestaba: un solo Dios, un solo Imperio. Este sueño Papal fue pesadilla para miles de judíos, paganos y otras denominaciones cristianas que pagaron con sangre la alianza entre el altar y el poder.

Las palabras “caridad” y “verdad” suenan huecas en los labios de un representante de una religión que ha dejado rastro de falsificaciones, fraude e inequidades. Sin embargo, no queremos dar crédito al dicho que manifiesta “dime de qué hablas y te diré de qué careces”, quisiéramos creer más bien en “dime de que hablas y te diré que te preocupa”. Tenemos la esperanza que Benedicto XVI practique la caridad en casa. Con esto no necesariamente le pedimos que distribuya a “troche y moche” de forma demagógica sus bastas riquezas, sino que se abra a la modernidad y acepte que para luchar por reinvidicaciones sociales y ser preferente con los pobres, es necesario un cambio estructural en la Iglesia Romana. Este cambio deberá ser concreto y no disfrazado con abstracciones de colorida y melódica fonética. Puede comenzar imitando a las sociedades a las cuales hace sus críticas; empezar a ser democrática, a como exige que debe ser la globalización y ejercer su apostolado en consecuencia. Por ejemplo, esta reforma que le exige la modernidad a una institución que duerme con privilegios de monarquía aristocrática, debe ser enfocada a dar mayores fuerzas de decisión a su propio clero. Una idea que se nos ocurre es un poder Vaticano nutrido de Jonh Locke o del Barón de Montesquie. Ambos teorizaron la división de poderes en tres ámbitos definidos con su respectivo balance de pesos y contrapesos. Una “trinidad laica” de ejemplo en las narices históricas del Vaticano, la cual ha disimulado por mantener su estatus imperial. Esperamos un poder igualitario de los Concilios de los Obispos y Religiosas recogedor de la voluntad de los creyentes, algo que se practicó en su momento. Tenemos la esperanza de ver una corte vaticana que de trámite a los casos de forma independiente del papado, y así juzgar las acusaciones tan sonadas de pedofilia y otros abusos sexuales de su clero. Y principalmente esperamos ver a un Papa rindiendo cuentas de su gestión a un concilio de obispo cardenalicios, y si nuestra ambición no ofende a los creyentes, también a un Papa no vitalicio sino con períodos de diez años para dar oportunidad a otros dotados de Fe. Cuando este sueño sea realidad, la autoridad moral del Vaticano será un hecho y sobre todo un propósito de enmienda. Así podrá dar “ex cátedra” de democracia y de doctrina social, eso sí sería “Caridad de Verdad”.


rcardisa@ibw.com.ni