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Para empezar hay que dejar claro que el golpe de Estado acaecido en Honduras el día 28 de junio es desde todo punto de vista repudiable, condenable y deleznable. No beneficia al pueblo hondureño ni consolida sus bases democráticas y crea una enorme inestabilidad político-social en la región centroamericana. Si bien es cierto que el presidente depuesto Manuel Zelaya contribuyó a crear este caos, al no armonizar con los otros poderes del Estado (Judicial y Legislativo), sin embargo esto no autoriza a los militares a violar la Constitución y el derecho internacional. En apenas pocos días se han violado los derechos humanos de ciudadanos hondureños y extranjeros, razón por la cual en su debido momento tendrán que responder las actuales autoridades hondureñas. Parece que no se ha aprendido de la historia reciente. Todos los golpes de Estado de las últimas dos décadas en Latinoamérica han fracasado, llámense patrióticos o reaccionarios.


Latinoamérica debe, por designio histórico, renunciar de una vez por todas a estos métodos arcaicos y enrumbarse decididamente por los cauces de la democracia, que implican un absoluto y transparente respeto a la voluntad popular. Fue precisamente la ejecución de elecciones libres y transparentes, lo que ha permitido que gobiernos progresistas de izquierda suban al poder. La alteración y manoseo del sufragio universal es sumamente peligroso y a la larga se va a revertir contra aquellos que tratan de burlarse de la buena intención del pueblo. Todos vamos a ser testigos de que los militares y políticos golpistas en Honduras van a ser arrollados por la rueda de la historia.

Roberto Micheletti Bain no sólo le mintió al Congreso hondureño, inventando una carta de renuncia del presidente Zelaya, que nunca existió, sino que a la vez utilizó a las Fuerzas Armadas para secuestrar, reprimir, asesinar y perseguir a inocentes y opositores políticos. En su momento este señor arrogante, corrupto, violento y transgresor de las leyes tendrá que pagar sus delitos. Expuso a miles de personas al peligro, incluyendo al legítimo presidente de Honduras.


El trasfondo de esta crisis no es la supuesta intención de Zelaya de reelegirse. Ése es un cuento que utilizaron las elites y los sectores reaccionarios para darle un golpe a los movimientos sociales en auge, en renacimiento, para frenar todas aquellas reformas sociales que benefician a los sectores populares y le quitan privilegios a las castas que históricamente han gobernado Honduras. Con lo que no contaron fue con la masiva reacción internacional en contra del golpe y con la actitud valiente de un amplio sector de la población hondureña que organizada y con la moral en alto se opone al impostor de Micheletti.

Lo que imaginaron iba a ser un paseo dominical se les ha convertido en una pesadilla. Los empresarios que apoyaron este golpe hoy tienen que registrar pérdidas millonarias y el gobierno la insolación política y diplomática internacional. Señores golpistas, tienen los días contados.