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Los medios nos están ofertando una dimensión de la vida que propicia que cada día que pasa, ese milagro cotidiano de informar represente el único referente que nos ubique en una “actualidad” más virtual que real.

Todo lo que pasa por el tamiz de los medios, obedece de alguna forma a esa contribución que hacen como instituciones para preservar un status quo que en el caso de Nicaragua se vuelve complicado por la variedad de actores y el conjunto de intereses que están en juego. Lograr un consenso abre el escenario a negociaciones que están más allá de lo comunicacional.


Un manejo de opinión pública adecuado, propicia que los grupos de poder actúen con cierta impunidad, y ¿qué pasa con la fiscalización de lo público?, me refiero a esto no sólo al hecho de que los medios pongan atención en los casos de corrupción evidentes, sino a otros aspectos como la dimensión cultural de la toma de decisiones desde el ámbito gubernamental y de asociaciones de la sociedad civil que nos afectan a todos.


Ya algunos estudiosos de la comunicación en Nicaragua han apuntado que la agenda se debe ampliar al ámbito de lo privado, me refiero al sector empresarial que de una u otra manera disfruta de ciertas prerrogativas para operar y establecer vínculos con la cosa pública y esa dimensión muy poco se ha abordado en los medios.


Pienso que es parte de los desafíos que debe enfrentar El Observatorio de Medios dirigido por Guillermo Rothschuh Villanueva. Es un parto que tendrá buenos derroteros en la medida que se pase del análisis cualitativo al cuantitativo de la información de interés que se ofrece a través de los medios de comunicación social.


Señalar pautas y comportamientos más en el campo periodístico es un asunto que se debe manejar con mucho tino, pero El Observatorio tendrá que hacer ese ejercicio. Los periodistas acostumbrados a mantener una fiscalización permanente a lo externo, se muestran reacios cuando se hacen señalamientos a su desempeño profesional, pero es saludable mostrar los errores con propósitos de enmienda.


Y lo otro que debe tomar en cuenta El Observatorio es ampliar su radio de acción en cuanto a ofrecer semanalmente punto de vista de programas de opinión que si bien están irradiados del tinte político-partidario tienen un referente comunicacional.


En otra de las líneas de acción, El Observatorio de Medios dio a conocer recientemente un informe sobre el estado de la libertad de expresión en Nicaragua 2007-2008 donde hace una disección sobre el asunto y plantea un panorama poco saludable para el quehacer comunicacional en el país.


Desde el 90 del siglo pasado para acá --antes de que asumiera la presidencia Daniel Ortega-- se vivieron altibajos en el campo comunicacional. La impronta que hemos arrastrado desde décadas donde la relación medios-gobierno ha sido conflictiva, no fue menoscabo para que la labor periodística creciera y se abrieran compuertas para un ejercicio más profesionalizante.


El informe del Observatorio de Medios enumera una serie de factores que han propiciado que el ejercicio de la libertad de expresión esté en peligro: el riesgo de la polarización, intolerancia oficial, discriminación publicitaria, intimidación y difamación entre otras que ha provocado desgaste y confrontación innecesarios.


¿Es posible a estas alturas de los acontecimientos declarar una detente? Pienso que se está a tiempo de reformular la estrategia de comunicación gubernamental, hacerle ajustes por el bien de la nación. La opinión pública lo reclama.


http://espanol.geocities.com/justoferva/