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IDEUCA

La educación, en la interacción pedagógica de los sujetos que activan el proceso educativo tiene espacios y acumula aspectos que no han sido desarrollados y apreciados en su rica dimensión. Uno de estos espacios es precisamente la relación entre la satisfacción que genera en una persona o grupo, su proceso educativo y la calidad de la propia educación como espacio amplio de los aprendizajes para la vida, es decir aquellos aprendizajes que superando su estrecha relación con las distintas disciplinas se ubican en el desarrollo progresivo de cada persona dándole un sentido más pleno a su realidad de persona inserta en un contexto y circunstancias determinados.

Asumimos que la calidad de la educación constituye la verdadera razón de ser de la educación. Su complejidad se hace cada vez mayor tanto en relación con su conceptualización como en su aplicación y forma de apreciarla.

Dentro de un enfoque amplio y diverso de la calidad, en la actualidad se considera la satisfacción que produce el proceso educativo en alumnos, profesores, padres y sociedad, un elemento consubstancial de la calidad educativa.

¿Están todos ellos satisfechos de la educación, su proceso y su producto? ¿Está la sociedad satisfecha de la educación que fundamenta su reproducción cultural y su desarrollo?.

Quienes ven en la satisfacción un elemento de la calidad educativa sostienen que no puede haber calidad si la gente que participa en el proyecto y quehacer educativos no está satisfecha. Hay quien avanza algo más en esta perspectiva afirmando que la satisfacción es lo más importante en la calidad de la educación. Los conocimientos son importantes, dicen, pero lo que debe preocuparnos es que el ser humano sea feliz, que la educación genere bienestar no sólo psicológico y humano sino también social.

Esta percepción contiene elementos muy importantes y poco esclarecidos.

En este contexto se han hecho estudios orientados a medir la satisfacción que genera la educación en una persona y en un grupo social. Se trata de estudios empíricos bien intencionados con el fin de entender y en su caso construir mejor la calidad de la educación. Como tal trabajan en base a indicadores de ciertas tendencias que no llegan más allá de aproximaciones indicativas.

Sin embargo, sin pretender armar una plataforma empírica organizada para tal fin, la experiencia vivida y expresada por maestros, maestras y confirmada por nuestro propio trabajo en cursos con maestros se evidencia una relación sutil y profunda entre la satisfacción sentida y expresada en procesos de aprendizaje formativos y la calidad del proceso y resultados en su construcción.

Parece, pues, que la satisfacción es también un elemento de la calidad educativa.

Es natural que la adquisición de conocimientos, destrezas y competencias, la activación de valores éticos y sociales, la introspección en la evolución de la personalidad, la potenciación y motivación del interés en los educandos, a la par que son componentes educativos, entrañan una verdadera satisfacción en la persona que los construye y con los que se construye.

En todo caso lo que sí está comprobado en el accionar pedagógico, es que los maestros que tienen una opinión y valoración de los alumnos y los maestros que hacen crecer las expectativas positivas de los educandos, obtienen mejores resultados y mucha satisfacción compartida.

Todo esto apunta a afirmar que cuando los procesos educativos son compartidos y satisfactorios, producen calidad educativa y satisfacción en los distintos actores educativos.

De ahí que la satisfacción tiene cierta conexión con la calidad de la educación.