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Se sabe mucho de ecología, pero para nada. Hoy sabemos que es un problema de alcance mundial y que contamos con los medios técnicos para revertir los cambios climáticos, pero no existe voluntad política y medidas apropiadas que se traduzcan en acciones perceptibles. Nos alegramos cuando los medios de comunicación apartan su agenda de perseguir políticos, que no hacen ni dicen nada bueno, y dedican un poco de tiempo para darnos a conocer algunas iniciativas de reforestación, como las de INAA donde se están cavando pozos para beneficiar a la población. O cuando alzan la voz para denunciar deforestaciones institucionalizadas como la del Mombacho, corazón ecológico y turístico del Pacífico. Alegra conocer que el Mined en algunos municipios se ha propuesto realizar algunas jornadas ecológicas o que el Movimiento Ambientalista se preocupe por las lagunas. Pero también es preocupante notar que no existe una partida presupuestaria de parte del gobierno y de muchas alcaldías para atacar el problema de desertificación y cambios climáticos, tanto en la nación, como en los municipios.

Hacemos muy poco por evitar las posibles catástrofes y si las hay las achacamos a hechos apocalípticos y no a riesgos progresivos que podríamos evitar. Hay quienes dicen que a estas tragedias los gobiernos de turno le sacan ventaja, como en el caso del Mitch y el huracán Félix.

El Niño, como consecuencia del cambio climático, sabemos que trae disminución en la producción agrícola y lechera en los departamentos más desforestados. Sí, se sabe que otros departamentos habrá menos afectación, en ellos debiera de haber mayor financiamiento a la producción de granos básicos para evitar el encarecimiento de los mismo y con ello atacar la desnutrición de la población. Ya sabemos que somos un país agropecuario y con un estrés hídrico veremos afectado nuestros sistemas fluviales y nuestros ríos, lagunas y lagos verán disminuidos su caudal de agua y por ende los pozos artesianos que abastecen a las ciudades perderán su nivel. También es cierto que debido a la deforestación indiscriminada actualmente dependemos más de los ciclones y tormentas tropicales que de los inviernos normales.

Sé que no estoy diciendo nada nuevo, sino más bien recordando que urge una política ecológica para el país, y que bien harían si en lugar de gastar tanta energía y centenares de miles de dólares en movilizaciones políticas partidarias, que al final el dilema o subterfugio se arregla en una mesa de wiskhy y viandas, en los acostumbrados pactos nefastos; que se ocuparan esos recursos para ayudar a esos pequeños grupos ecológicos que trabajan con las uñas en las comunidades, preocupados por la biodiversidad de su localidad. Nos preguntamos hasta cuándo las políticas ecológicas con todos sus beneficios que traerían a nuestro país estarán como agenda prioritaria de algún gobierno. Por el momento lo único que sabemos es que dejaremos a nuestros hijos y nietos un país desértico y empobrecido, si no hacemos algo a lo inmediato.