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Todo sistema de gobierno debe articular una política global que integre los aspectos económicos que resultan la base principal del sistema, los aspectos políticos y el tema del desarrollo social así como la conservación del medioambiente para que pueda ser considerado como un sistema viable.

Esta multiplicidad de factores debe hilvanarse con especial cuidado con el fin de estructurar un sistema coherente y sustentable que armonice todos estos elementos centrales y permita, en las condiciones óptimas, el establecimiento de un verdadero sistema socio-económico, sólido en sus bases y coherente en su implementación. Para ello es necesario un diseño de políticas públicas que permita dar solidez institucional al Estado.

En los países del ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas), para desgracia de sus líderes y de sus principales teóricos y defensores, su sistema bautizado como Socialismo del Siglo XXI, no ha podido sustentarse y ganar estabilidad ni credibilidad como sistema social-político-económico. La principal falencia que presenta el proyecto de construcción de este pretendido sistema socialista en dicho bloque de países latinoamericanos gira alrededor del manejo del aspecto económico.

En el mundo globalizado de hoy, aceptémoslo o no, es imposible desarrollar sistemas económicos aislados del resto del mundo. El ALBA no puede ser una isla, no tiene sentido concebirlo de esa manera. Los países integrados en esta iniciativa no se pueden seguir engañando al negar la importancia primordial que tienen los lazos económicos, financieros y comerciales que están obligados a mantener con los “países imperialistas y capitalistas” contra los cuales viven en eterno conflicto. Ninguno de los Estados integrados en esta iniciativa es potencia mundial, y a decir verdad, distan mucho de llegar a serlo. Por esta simple razón necesitarán siempre, como cualquier otro país, participar de la estructura económica global en la que predominan los enormes flujos de capital que circulan a nivel planetario bajo forma de inversiones o créditos; operados mediante los organismos financieros internacionales los últimos y mediante los inversionistas internacionales los primeros.

Esta realidad se hace evidente en países como Nicaragua, en donde el gobierno por muy bolivariano que se anuncie, esto porque al parecer el gobierno nicaragüense ya no es tan sandinista y ahora más que todo encumbra el estandarte de Bolívar, mantiene desesperadas negociaciones con el FMI, el Banco Mundial y hasta con los países “imperialistas” que tradicionalmente han subsidiado el presupuesto nacional. Esta actitud, desde el punto de vista técnico-económico, resulta simplemente lógica ya que ningún país del ALBA puede cubrir ese vacío. Sin embargo, desde un ángulo estrictamente político es una falta de visión, ya que al estar adherido a este grupito de países irrelevantes en materia económica a nivel mundial conocido como ALBA y al haber adoptado las irracionales influencias políticas bajadas desde Caracas los países miembros no han hecho más que aumentar año tras año su riesgo país.

El aumento en este indicador simplemente los va aislando y les va dificultando el obtener mayores recursos crediticios y un flujo más importante de inversiones extranjeras y todo ello los lleva a pasar muchos apuros para poder mantener a flote sus economías. En un artículo anterior hice ver cómo la mayoría de los países ALBA ha reducido a la mitad su capacidad de captación de inversión extranjera en los últimos años. Pues bien, agreguémosle a ese dato el aumento constante del indicador de riesgo país y tendremos un perfecto cóctel de políticas económicas para crear un desastre a mediano plazo.

En 2005, los miembros del ALBA ocupaban los últimos lugares como países con mayor riesgo. Bolivia tenía un indicador de riesgo país de 34.82 puntos en la escala que lleva Euromoney, lo que lo ubicaba en el lugar 119 en el nivel mundial. Nicaragua con 29.02 ocupaba el lugar 154 y era el país más riesgoso de la región. Venezuela con 35.05 puntos ocupaba el lugar 110, Ecuador con 35.14 en el lugar 116. De acuerdo con otras escalas que llevan otras instituciones similares que miden el riesgo país también presentan resultados parecidos y desde entonces la situación no ha hecho más que empeorar.

Es evidente que la economía no es el fuerte de los líderes del ALBA y uno puede llegar a preguntarse ¿cuál es entonces su lado fuerte?. La respuesta sinceramente llena de vergüenza y es una afrenta para los Estados y los pueblos que estos señores desgobiernan.

La izquierda está en boga, y es una ola pasajera en nuestra región. Tras la devastación que provocó el fundamentalismo neoliberal de la derecha dura en casi dos décadas los pueblos latinoamericanos están sumidos en la mayor de las desesperanzas. Esta moda la han aprovechado muy bien los rancios dirigentes de la vieja izquierda comunista que prestos a todo discurso oportunista están ahí resistiendo al embate de la historia hablando con la demagogia que enciende la esperanza de los más pobres, misma que al final deja de ser esperanza para tornarse en ilusión. La historia latinoamericana va a terminar por colocar a estos dirigentes irresponsables, megalómanos y mesiánicos en su sitio: en el desván de la historia de nuestra región en donde se guardan las experiencias más negativas y los líderes más inservibles que han arruinado a nuestra región y son en gran parte responsables de la pobreza que ahora vivimos.


*El autor es especialista en Economía Gubernamental y Administración Financiera Pública.