Jorge Eduardo Arellano
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Hoy más que nunca, ante la amenaza del surgimiento de una nueva dictadura, debemos rescatar la memoria de Pedro Joaquín Chamorro, defensor inclaudicable de los valores democráticos y de las libertades públicas abatido, hace treinta años, por la dictadura de entonces. En esta oportunidad, voy a referirme a algunos de mis recuerdos, que ponen de manifiesto la personalidad de Pedro Joaquín.

El primero se refiere al apego que siempre tuvo, en el ejercicio del periodismo, a las normas de la vieja hidalguía. Sucede que a raíz de mi elección como rector de la UNAN, en 1964, algunos sectores universitarios descontentos, intentaron, de entrada, dañar la imagen del nuevo rector haciendo que un redactor del diario “LA PRENSA” tergiversara unos comentarios míos, hechos en una conversación privada durante un convivio que se me ofreció en “Las Peñitas”, la misma noche de mi elección, y al cual asistió el doctor Chamorro Cardenal, quien con su voto había contribuido decisivamente a mi primera elección como rector. Al día siguiente, “LA PRENSA” me saludó con un titular de ocho columnas, en primera página que decía así: “Nuevo Rector exige los C$700.000 ofrecidos a la UNAN y amenaza con cierre”.

Era realmente una manera insólita de iniciar un período rectoral. La información era una burda deformación de mis palabras, dichas en una conversación entre amigos universitarios, sin que el redactor de “LA PRENSA” se hubiese identificado como tal. Cuando tuve el ejemplar de “LA PRENSA” en mis manos llamé por teléfono a Pedro Joaquín a su casa de habitación. Recuerdo que era un domingo por la noche y Pedro acababa de regresar de un paseo por las isletas de Granada. Ese día él no había estado en la redacción de “LA PRENSA” y también se sorprendió con la publicación y su exagerado despliegue. Una vez que le aclaré la verdad de los hechos, Pedro reconoció el error del redactor y me dijo: “Mañana, en primera página, “La Prensa” va a reconocer que cometió un error”.

Efectivamente, en la edición del martes 17 de noviembre de 1967 apareció, en la parte superior izquierda de la primera página, por cierto en un recuadro como para destacarla aún más, la nota siguiente: “Un error de La Prensa. El Rector no hizo ninguna amenaza. Por un lamentable error de interpretación, dijo LA PRENSA en su última edición que el nuevo rector de la UNAN, doctor Carlos Tünnermann había “amenazado con cerrar aquel centro de estudios”. Lo que realmente ocurrió es que el doctor Tünnermann y otros catedráticos que festejaron su triunfo en Poneloya la noche del sábado, comentaron los aumentos presupuestarios que la Universidad necesita. En lo que a eso respecta, el doctor Tünnermann dijo que si el Gobierno negaba esos aumentos, la Universidad sufriría sensiblemente en su desarrollo, y muchas carreras se verían truncadas, porque el aumento iba a emplearse sustancialmente en la creación de nuevos años para agregarse a varias carreras. Se citó, por ejemplo, el caso de Arquitectura, Facultad nueva, que sólo tiene un año, y para la cual se requiere la creación del segundo curso. También se habló del 6º año de Derecho, y del 6º de Ciencias de la Educación. Si no hay dinero para crear estos años esas Facultades no podrán funcionar completas, de acuerdo con los planes que ya han sido aprobados.” Hasta aquí la rectificación. La nota, evidentemente, había sido redactada por el propio Pedro Joaquín, siguiendo las reglas de la vieja hidalguía.

Quienes tuvimos la oportunidad de estar muy cerca de Pedro Joaquín en el segundo Consejo de Guerra que le juzgó, en 1957, junto con el doctor Enoc Aguado, el doctor Enrique Lacayo F., Edwin Castro, Cornelio Silva, Ausberto Narváez, el doctor Emilio Borge y muchos más, a raíz del ajusticiamiento del primer Somoza, recordamos la firmeza, dignidad y valentía que caracterizó la conducta de Pedro durante todo el proceso, en el cual, quien escribe actuó como abogado defensor del estudiante Tomás Borge. Pedro Joaquín siempre sostuvo en su defensa: “Soy inocente, aquí y ante Dios”. Debo decir que ahí aprendí a admirar a Pedro Joaquín, pero también a doña Violeta, que pese a los insultos de las “turbas nicolasianas” permanecía impasible y bajo el inclemente sol, de pie, asomada a las ventanas del recinto del Campo de Marte donde se llevó a cabo el Consejo de Guerra.

Pedro Joaquín siempre respaldó la lucha en favor de la autonomía universitaria y la defendió en las páginas de “La Prensa” contra los embates de la dictadura. Cuando en 1955, los estudiantes de aquella época nos movilizamos desde León a las galerías del Congreso para presentar nuestro anteproyecto de ley para conferir autonomía a la Universidad, anteproyecto que el Presidente del Congreso de entonces, Ing. Luis Somoza Debayle, hizo fracasar, Pedro dedicó un editorial a aquel hermoso gesto de los estudiantes.

Cabe también mencionar que “LA PRENSA” de Pedro Joaquín Chamorro siempre apoyó las campañas de la UNAN en favor del 2%, primero, y luego en pro del 6%. Me correspondió encabezar, como rector de esta institución, la campaña del 2% y en favor de la autonomía constitucional. Puedo dar fe del amplio respaldo que recibimos de “LA PRENSA”, dirigida por Pedro Joaquín.